Crítica teatral
Representación por el grupo ‘FARÁNDULA’ en el Teatro Imperial de Don Benito
«LA VENGANZA DE LA PETRA», UNA COMEDIA A FAVOR DE LAS MUJERES ESCRITA EN 1917 POR CARLOS ARNICHES
Por: José Manuel Villafaina
El grupo teatral vocacional dombenitense Farándula volvió a demostrar este fin de semana su sólida trayectoria sobre las tablas con la representación de “La venganza de la Petra o Donde las dan las toman”, en el Teatro Imperial. Bajo la dirección del profesor Manuel de J. Gallego Cidoncha, el grupo afrontó con acierto esta popular comedia del alicantino Carlos Arniches, una de las figuras fundamentales del teatro español de comienzos del siglo XX y maestro indiscutible del sainete y la comedia costumbrista.
Estrenada en 1917, la obra combina humor, crítica social y observación de las costumbres populares para cuestionar los prejuicios y comportamientos machistas de su tiempo. Arniches convierte una historia aparentemente sencilla en una inteligente reflexión sobre la dignidad femenina, utilizando para ello personajes cercanos, diálogos ágiles y un lenguaje castizo que conserva su frescura más de un siglo después de su estreno.
La acción gira en torno a Petra, una joven casada con Manolo, hombre presumido, mujeriego y aferrado a los privilegios de la soltería. Aunque siente afecto por su esposa, no la valora ni la respeta como merece. Cansada de esta situación, Petra decide recuperar su autoestima y hacerse respetar recurriendo a la estrategia de despertar los celos de su marido. Para llevar a cabo su plan contará con la ayuda de su padre, Nicomedes, verdadero motor de la trama y uno de los personajes más memorables del repertorio arnichesco.
Tras la comicidad de los enredos, Arniches plantea una visión sorprendentemente moderna para su época. Lejos de presentar a la mujer como un ser pasivo y dependiente, reivindica su derecho a decidir sobre su propia vida y a exigir respeto dentro de la relación matrimonial. Petra encarna esa evolución, pasando de la resignación inicial a una firme defensa de su dignidad y de su libertad personal.
La puesta en escena de Gallego, alma mater de Farándula, se inscribe dentro de una concepción clásica, aunque el resultado final posee indudable atractivo gracias a la sensibilidad y al buen gusto que presiden toda la propuesta. La cuidada escenografía, que recrea el dormitorio familiar en el primer acto y un acogedor salón en el segundo, sitúa al espectador en la atmósfera del Madrid popular de principios del siglo pasado. A ello contribuyen también el esmero en la ambientación, la acertada recreación del vestuario y un ritmo escénico fluido que mantiene vivo el interés durante toda la representación. La dirección demuestra además una notable capacidad para perfilar los personajes y extraer de ellos toda su carga humana y cómica, permitiendo que el humor de Arniches llegue al público con naturalidad y eficacia.
En el apartado interpretativo, el conjunto ofrece un nivel satisfactorio, sobresaliendo especialmente Francisco Trujillo Gómez en el papel de Nicomedes. Su composición del entrañable padre de Petra constituye, sin duda, una de las mayores bazas de la función. Dormilón, socarrón y aparentemente indolente, el personaje de Nicomedes esconde bajo esa fachada una extraordinaria inteligencia práctica y una inquebrantable devoción por su hija. Trujillo lo dota de autenticidad, dominio del tempo cómico y una espontaneidad que le permite sostener gran parte del peso de la obra con una solvencia digna de escenarios profesionales.
María José Díaz Alonso ofrece una convincente creación de Petra, reflejando con sensibilidad la evolución de una mujer que pasa de la paciencia resignada a la firme reivindicación de su dignidad. La actriz transmite con credibilidad tanto la ternura como la determinación del personaje, convirtiéndolo en el auténtico eje moral de la historia.
Por su parte, Juan Diego Fernández González construye un Manolo ajustado al espíritu de la obra. Su interpretación refleja con acierto al galán castizo, vanidoso y mujeriego que Arniches convierte en objeto de crítica y burla. El actor sabe mostrar las contradicciones de un personaje que ama a su esposa, pero que se resiste a renunciar a los privilegios que le concede una mentalidad profundamente arraigada en la sociedad de su tiempo.
Mención especial merecen también Carlota Flores Morcillo, como Eudosia, y José Manuel Serrano Paniagua, en el papel de Jesús. Ambos participan con eficacia en los enredos que desencadenan la acción y aportan algunas de las situaciones más divertidas de la representación. La vivacidad de la criada y la presencia del supuesto galán encargado de provocar los celos de Manolo imprimen frescura y dinamismo a una trama que avanza siempre entre la picardía y el humor.
El resto del reparto cumple con entrega sus respectivos cometidos, demostrando las cualidades y el entusiasmo propios de un grupo de buenos aficionados al teatro. Flora Vivas Castaño interpreta a Nicanora, madre de Petra; Tomás Duchel Retamal y África Rodríguez Sayago encarnan a Bibiano y Raimunda, padres de Manolo; José Ramos Godoy asume el papel de Conesa, el barbero del barrio; y Sergio Blesa Martín-Pero compone un divertido Tufitos, uno de los personajes pintorescos del universo arnichesco, cuya sola aparición provoca la sonrisa del espectador gracias a su carácter caricaturesco y popular.
En definitiva, Farándula vuelve a demostrar su capacidad de teatro amateur para acercarse con respeto y entusiasmo a los grandes clásicos de nuestro teatro. Su versión de “La venganza de la Petra” recupera toda la gracia, humanidad y vigencia de una comedia que, bajo la apariencia de un divertido sainete, encierra una reivindicación de la igualdad y la dignidad de la mujer que sigue conservando actualidad. El cálido y prolongado aplauso del numeroso público que llenó el Teatro Imperial fue la mejor prueba del éxito alcanzado.








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