Cultura
HOMENAJE A DIEGO BARDÓN SALAMANCA:
DONDE LA MEMORIA SE VUELVE POESÍA
(Torero, actor, deportista, periodista)
Por: José Manuel Villafaina Muñoz
En la plaza de Casares de Las Hurdes -tan querida y tantas veces recorrida por Diego Bardón Salamanca en esta mítica comarca extremeña- se celebró un homenaje armonizado de memoria y afecto. Allí se desplegaron imágenes, trabajos periodísticos y recuerdos que, como semillas antiguas, brotaron del corazón y florecieron en las palabras de quienes tomaron la voz.
La emoción era visible, casi tangible: hombres y mujeres del mundo taurino, representantes públicos, periodistas, deportistas, gente de teatro y dieguistas confesos, llegados desde Sevilla, Badajoz, Cáceres, distintos rincones de Las Hurdes y su Fuente del Maestre natal. Todos reunidos bajo un mismo sentimiento, como si el aire mismo guardara su nombre.
Fue, en definitiva, un homenaje hermoso y hondo, de esos que no terminan cuando se apagan los aplausos, porque continúan latiendo en la memoria de quienes lo vivieron.
La organización del homenaje estuvo guiada con esmero y eficacia por el abogado Estanislao Martín y su familia, naturales de Casares, que supieron vestir el acto de cercanía y dignidad. En mi intervención, tras evocar mi amistad con Diego -nacida en los años ochenta y afianzada en tantas tertulias compartidas con amigos que también estuvieron presentes- quise rendirle tributo con una elegía que recité en su memoria. La compuse al hilo de aquella inolvidable elegía de Federico García Lorca dedicada al torero Ignacio Sánchez Mejías, tan admirada por Diego, como si su eco siguiera resonando en aquel instante.
José Joaquín Rodríguez Lara (periodista y escritor) y José Manuel Villafaina, participantes en el homenaje a Diego Bardón, en el Campanario de Casares de Las Hurdes
Este poema, incluido en el libro “El vuelo de la palabra”, publicación anual del Ayuntamiento de Badajoz que reúne diversas voces poéticas, será presentado en la Feria del Libro de Badajoz el sábado 16, a las 13:30, en un acto en el que los asistentes recibirán el volumen como obsequio, prolongando así, en páginas vivas, la memoria y la palabra.
ELEGÍA LUMINOSA PARA DIEGO BARDÓN
José Manuel Villafaina Muñoz
En la tarde lenta donde el silencio aprende
a pronunciar los nombres que no vuelven,
se alza tu memoria, Diego,
como un telón que nunca termina de caer.
Fuiste exceso de vida,
una risa desbordando los márgenes del mundo,
un hombre que caminó al revés
para enseñar a los cuerdos
la dirección secreta del asombro.
Te vi -o te imagino- en París,
hermano del vértigo y del relámpago,
ofreciendo tu sangre al lienzo
como quien firma un pacto con el caos,
mientras el dios Pan respiraba en tus costillas
y el arte dejaba de ser frontera
para convertirse en incendio.
Actor de lo efímero,
torero sin muerte,
periodista del filo y la ironía,
maratonista del imposible:
corrías de espaldas hacia el futuro
como si el tiempo fuera un toro noble
al que se le brindan flores
en lugar de estocadas.
¡Qué manera tuya de desafiar la gravedad
de lo solemne!
Dos muletas contra el dogma,
lechugas contra la sangre,
la melena suelta contra el miedo.
Tú sabías que el mundo se salva
cuando alguien se atreve
a romper el guión de lo previsto.
Recuerdo tu voz -clara, irreverente-
en las tertulias donde la mañana
se volvía más inteligente por escucharte.
Ochenta y tantos años
y aún sabías lanzar la frase exacta,
breve como un relámpago,
contundente como la verdad sin corbata.
Tu funeral, en Fuente del Maestre,
a las cinco de la tarde, no fue sombra:
fue una puerta entreabierta
por donde te marchaste sonriendo,
tal vez rumbo a un Parnaso indisciplinado
donde las musas te temen y te celebran,
donde toreas nubes
y arrancas carcajadas a la eternidad.
Amigo, loco muy cuerdo,
artista de la vida vivida al límite:
no te has ido del todo.
Te has quedado en la risa que resiste,
en el gesto que desobedece,
en el coraje de quienes aún sueñan.
Porque un hombre como tú
no cabe en una tumba,
ni en un adiós,
ni en la gramática del pasado.
Permanece -irrepetible-
en ese lugar donde el arte y la amistad
se dan la mano
y el mundo, por un instante,
vuelve a ser maravillosamente singular.
Diego Bardón Salamanca.






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