Web villafaina foto 1 mar 2026

Inauguración del IV Festival Nacional de Teatro Musical extremeño

DULCINEA/PALOMA SAN BASILIO: LA VOZ QUE DESPIERTA DEL SUEÑO CERVANTINO

Por: José Manuel Villafaina

El espectáculo “Dulcinea”, escrito y dirigido por Juan Carlos Rubio, interpretado por Paloma San Basilio y producido por Txalo ProduccionesOlimpia Metropolitana y Pentación Espectáculos, ha inaugurado el IV Festival de Teatro Musical Don Benito-Villanueva de la Serena, único certamen de este género en el país. Una iniciativa impulsada y dirigida por el dombenitense Juan Carlos Parejo, que ha gozado en ediciones anteriores de una excelente acogida por parte del público y de una notable valoración crítica de los espectáculos programados.

Representado en el Palacio de Congresos de Villanueva de la Serena, el espectáculo se presentó como una propuesta escénica de notable madurez estética y conceptual que reinterpreta el universo cervantino desde una sensibilidad contemporánea. Lejos de limitarse a una recreación literaria, el montaje se erige en una reflexión teatral sobre la identidad, la memoria cultural y la construcción simbólica de la mujer: un espejo donde el mito se contempla y, al reconocerse, comienza a desvanecerse para renacer con nueva voz.

La dramaturgia, construida a partir de textos de Miguel de Cervantes -especialmente “Don Quijote de la Mancha”- e intertextos como “Vida de Don Quijote y Sancho” de Miguel de Unamuno, se articula mediante un juego de perspectivas que dialoga con la autoficción cervantina. Rubio, pese a que algunos pasajes parecen incluidos con calzador, logra un equilibrio entre fidelidad textual y reinterpretación, dotando a Dulcinea de una voz propia que subvierte su condición de ideal literario. Así, la palabra deja de ser reliquia para convertirse en materia viva, dúctil, respirable.

Paloma San Basilio en escena (cedida por el festival)

Destaca el carácter innovador del enfoque: la obra no se limita a ilustrar el mito, sino que lo cuestiona. Este desplazamiento del punto de vista -del caballero a la mujer idealizada- permite explorar temas de plena vigencia: la construcción del ideal femenino, la ética frente a la apariencia y la necesidad de reescribir los relatos heredados. Uno de los mayores aciertos del montaje es su equilibrio entre humor, ironía, dolor y sinceridad; un tono híbrido que transita con naturalidad entre la comedia y el drama, generando una experiencia emocional completa.
Asimismo, la lectura feminista implícita emerge con fuerza al rescatar figuras como la pastora Marcela y cuestionar el arquetipo de la “mujer perfecta”. La obra se inscribe así en el debate contemporáneo sobre los estereotipos de género y la autonomía femenina, una dimensión que explica en gran medida su conexión con el público actual: Dulcinea deja de ser sueño ajeno para convertirse en conciencia propia.

La puesta en escena, cuya trama se articula como el ensayo de la obra que se va a representar, apuesta por la sobriedad y la sugerencia, elección coherente con el carácter introspectivo del texto. La escenografía minimalista de Leticia Gañán Curt Allen funciona como un espacio simbólico más que realista, permitiendo que la palabra, la música y la interpretación ocupen el centro del acontecimiento teatral. Este minimalismo, lejos de empobrecer la escena, la depura: elimina lo superfluo para que emerja la poesía.

El recurso de “teatro dentro del teatro” introduce cambios de perspectiva que refuerzan la idea de que Dulcinea es una construcción narrativa. Los juegos de iluminación de Nicolás Fischtel y los cambios de registro escénico acompañan las transiciones entre la idealización literaria y la mujer real, creando un diálogo visual entre mito y humanidad: luces que no solo iluminan, sino que revelan.

La música en directo al piano de Julio Awad -quien participa también como actor con solvencia- constituye un elemento estructural del espectáculo. La partitura, que transita del jazz a sonoridades contemporáneas, no actúa como mero acompañamiento, sino como un discurso paralelo que amplifica la carga emocional del texto. Introduce pausas reflexivas, matices irónicos y respiraciones líricas que enriquecen la experiencia del espectador, como si cada nota fuese una página que el corazón aprende a leer.

Paloma y su profesora de inglés en Madrid. Encuentro después de muchos años

El momento final, con una canción de tono épico y emotivo, funciona como cierre catártico y sintetiza el viaje emocional del personaje, consolidando la fusión entre concierto y teatro que caracteriza la propuesta. El montaje reivindica así la vigencia del pensamiento cervantino: las reflexiones sobre ética, verdad y apariencia resuenan con fuerza en el presente, confirmando que los clásicos permanecen vivos cuando se reinterpretan desde nuevas sensibilidades.

La interpretación de Paloma San Basilio -a quien recordamos en los emocionantes y bellos musicales “Evita” y “El hombre de La Mancha”, junto a Pepe Sacristán, que la elevaron como “reina del musical” en el país y Latinoamérica- constituye uno de los aspectos más elogiados. La artista, que acaba de cumplir tres cuartos de siglo, demuestra disciplina en gestos, movimientos y dicción, construyendo una Dulcinea compleja que oscila entre la fragilidad y la ironía, entre la idealización y la rebeldía.

Su desempeño transita con naturalidad por registros cómicos, dramáticos y autobiográficos, configurando un personaje profundamente humano. Tiene la virtud de transformar un arquetipo literario en una figura contemporánea, dotándola de pensamiento propio y de una voz que interpela al espectador. Cuando Dulcinea toma la palabra, el relato cambia: deja de ser objeto del deseo quijotesco para convertirse en sujeto de su propia historia. En la función destaca también la intervención en voz en off de Pepe Sacristán, que aporta un eco de autoridad y memoria.

En síntesis, “Dulcinea” es un espectáculo interesante, más teatral que musical, que se consolida por su coherencia estética y su profundidad conceptual. Su combinación de literatura, música y teatro genera una experiencia escénica que provoca reflexión y emoción. La sobriedad escenográfica, la riqueza sonora y la interpretación madura de Paloma San Basilio convergen en una propuesta que dialoga con la tradición para cuestionarla y renovarla.

Más que un homenaje, la obra se presenta como un acto de relectura crítica que devuelve la voz a un personaje silenciado por la idealización. En este sentido, Dulcinea no solo revisita a Cervantes: lo actualiza, lo interroga y lo proyecta hacia el presente, como una estrella antigua que, al mirarla hoy, nos revela una luz nueva.

La representación contó con un teatro lleno de público, admirador de la excelente cantante y actriz, que aplaudió durante la función y, al finalizar, puesto en pie, le tributó una ovación entusiasta.

Inauguración Festival con patrocinadores

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