Web quintana agosto 2025 1

Por: Carlos Lamas

Estamos descubriendo cada día más cargos públicos ‘indocumentados’. Tipos y tipas que sin ser inmigrantes van por la vida fingiendo acreditar con papeles, cosas que no han hecho en la vida. Los ejemplos saltan desde las letras del periódico a la taza del café con que nos desayunamos.

Sin ir más lejos -que así ahorramos combustible y no polucionamos- nuestro querido y añorado ex alcalde dombenitense, José Luis Quintana. Probablemente el humano menos carismático y empático de todo el sur ibérico. Tengo aquí en el escritorio decenas de presentaciones ante los medios de Quintana, como tal o cual cargo público que ha ostentado, con su foto sonriente -es un decir- por debajo o por encima, y encabezando el currículum del tal dirigente, la frase que EN TODOS LOS CASOS -y lo digo en mayúscula porque quede claro- empieza a citar las bondades de este querido cargo público y político vecino, es la siguiente: “Diplomado en Derecho Tributario…” y luego viene todo lo demás que “avala” su trayectoria, ejem. El currículum, por aclarar los tantos, es, entre otras cosas, un autoelogio hecho sin ningún pudor por nosotros mismos, hablando de nosotros mismos, para que los demás nos vean como quisiéramos que nos ídem, no como somos, ni como nos ven en verdad. A ver si os enteráis de lo que vale un político, hombre ya.

Pues bien, en esta catarata de falsos títulos descubiertos por investigaciones periodísticas de algunos medios -pseudo medios, según Quintana- como ‘Vozpópuli’ o ‘The Objetive’, el del amado líder psoístico dombenitense, es uno más. Saliendo en su propia defensa, José Luis señaló que él nunca había dicho que fuera Diplomado. Con lo que cabe pensar que los demás mentían sin que él lo advirtiera. Una pequeña distracción, bah. Todos los que escribieron lo más destacado de su ‘currículum’ en esas notas periodísticas que ilustraban al titular de esos cargos públicos (delegado del Gobierno en Extremadura, alcalde dombenitense, consejero de la Junta de Extremadura, director general, concejal, etc., etcétera), se equivocaron; que un fallo lo tiene cualquiera, ea. Ya le digo, jefe, tengo aquí las notas ‘mentirosas’ ante mi vista.

Por otro lado, si Quintana nunca dijo que fuera ‘diplomado’, yo, al menos, tampoco oí que dijera que no lo es, ni que no lo fue nunca…

Esto de falsear el currículum es como el pecado original. Se empieza trampeando en esto y se miente luego a discreción y sin vergüenza ninguna, ni reparo. Pero estas cosas cuando se descubren son como un agujero en la popa, que no puede más que agrandarse. Es como el capitán del Titanic que tranquilizaba a la gente, diciéndole que aquí no ha pasado nada, y luego que glúglúglú…

Está comprobado que en política se miente mucho y que en las fiestas, con el alcohol, se miente mucho más. Por eso los que más cosas tienen que ocultar van a pocas fiestas o beben poco; y de estos yo no me fío, oiga, qué quiere que le diga.

No sabemos si Quintana renunciará; si tuviera decencia quizás lo debería hacer, pero…, no lo creo; quiero decir, ninguna de las dos cosas. Y es una opinión personal.

En estos casos no hay condenas, ni renuncias, ni ceses, ya pasó con lo de su amigo y socio ‘fusionario’ Gallardo y el caso del hermanísimo, por el que el Psoe ahora ya no cesa a ‘imputados’. Y tampoco lo hay en casi ningún caso parecido, porque los gobiernos nacionales, a través de sus diputados y senadores que en teoría son quienes aprueban las leyes, nunca han aprobado ninguna para exigir la renuncia de quienes cometen fraude con sus currículums. ¿Por qué será?

Tal vez en lugar de criticar y discriminar negativamente a las universidades privadas -como hace también nuestro querido gobierno nacional ‘frankostín’-, habría que ir pensando en fundar facultades de pega exclusivas para políticos en prácticas, y así conseguir el país con más licenciados y diplomados de Europa, con cargo público. Quizás Europa mismamente dé subvenciones por esto.

Lo que muchos les exigen a los inmigrantes, esto es, ‘papeles en regla’ (con lo difícil y surrealista que antes era eso; lo digo por experiencia), se les debería exigir con más razón a los cargos públicos, el que pongan su documentación en orden, coño, antes de asumir cargos públicos. Porque lo más normal es que ostenten cargos para los que no están ni capacitados ni habilitados -está demostrado-. ¡Qué tropa!

Graciosamente el que dijo que dejaba la política para dedicarse a su familia, cuando perdió la alcaldía (renunciando a hacer oposición), y luego cogió de mil amores el cargo relajado y muy bien remunerado de delegado del Gobierno, con la posibilidad de colocar a unos cuantos a su lado (no los más hábiles o los mejores gestores, sino los más allegados de carnet), se perdió la oportunidad de retirarse después de un montón de años viviendo de la política, ‘sin mácula’ (bueno, eso, según a quién le preguntes, chato).

Sinceramente, cuando aparece el delegado en pantalla yo no escucho bien lo que dice (no por propia voluntad, jefe, que ya quisiera, cuidao), y, de lo que escucho, no entiendo de la misa la media. Quizás sea adrede, una estrategia del ex diplomado, dice poco y poco se le entiende, pero es que en el fondo no dice nada. Será el ‘protocolo’ de su cargo… Quizás sea yo, que hago oídos sordos…

Bueno, yo no hice ningún ‘master’, jefe, ni en este ni en ningún otro universo. No presumo ni presumiré de horas en las aulas, pero si de noches al rocío, esperando amaneceres y contemplando la fosforescencia frente al mar. Sí sé hacer la ‘O’ con un canuto, más o menos. Mi ‘carrera de la vida’ (que eso significa el ‘currículum vitae’) la perdí, normalmente apostando por las patas de algún potro sangre pura, flaco como un cacho de hilo, o de algún pérfido galgo inglés, patizambo y bizco. Y la viví entre gallos y medianoche, orejeando cartas o siguiendo el rastro de hermosas muchachas (y no tanto, eh), entre copas y versos. Jamás se me ocurrió nunca inflar mi currículum; para qué, si luego todo se sabe; he dicho aquí muchas veces de todos los sitios laborales que me han echado, y con razón, por vago o por faltón con los jefes. Mis escasos títulos no me salvaron de hacerme autónomo sin más remedio. Nadie me daría trabajo que no fuera yo mismo. Pero con mucho cariño y fina voluntad, eso sí.

Ahora bien, si me preguntan si los políticos falsarios de sus currículos deben dimitir, digo que sí. Falsear la ‘carta de presentación’ personal, que es nuestro currículum, a la hora de optar y candidatearme a un puesto público, pagado con el dinero de todos, es, como decía antes, el ‘pecado original’; después de eso se puede mentir en cualquier otra cosa. Y se miente mucho, jefe, créame, mucho.

Buenas tardes.

 

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