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TENEMOS QUE HABLAR

Por: Carlos Lamas.

Hola jefe, qué tal. Bienvenido al invierno más caluroso desde que hay registros, según anunciaban los meteorólogos, climatólogos, medioambientalistas, ambientalistas, naturalistas, ecologistas, animalistas, conservacionistas y el resto de defensores de todo lo verde y cientificistas que pueblan este país que es España y cobran del Estado. Pero ¿a que no parece que esté haciendo mucho calor, my friend? ¿ah? Pero qué sabremos nosotros, humildes polucionistas, contamineros y vertederos en general, como para poner en duda los vaticinios y conocimientos de estos sabios profesionales y eruditos del clima cambiático.

Dejémoslo ahí que se me congelan los garfios y las falangetas. Mejor no sigo en esta línea, porque me dijo un amiguete que si soy demasiado sincero y sigo diciendo lo que pienso, es probable que me quede sin amigos. Y que, si continúo por este camino, que vaya descartando una carrera política (y menos tres o cuatro como nuestro adorado Joselu Quintanilla, el amigo extremeño del gran jefe Sánchez Perro Sentado y socio del ‘renunciado’ -por los otros- a todo, little Mike, Gallardín). En cambio, me siguió diciendo este ‘conocido’ (llamémosle así mejor), si se me diera por ser un tío falso, un cínico y un codicioso, tendría en mi brillante horizonte una más que factible, aunque muy tardía, carrera política; y, además, a lo largo de esta carrera conseguiría muchos amigos, muchísimos. Hasta amigos invisibles -con las cataratas y eso-.

El tema de la catástrofe ferroviaria es demasiado trágico, desgarrador e importante, tanto para establecer responsabilidades, como para no hacerlo. Así que, ya que estoy, hágolo. Como mínimo se debería exigir al gobierno, a todo el gobierno, transparencia en la investigación y asunción de ‘irresponsabilidades’ ante los ciudadanos; ante los que ya no están y sus familias, primero, luego, ante los heridos y accidentados, por haberles hecho pasar por la peor experiencia de sus vidas, seguramente; y en último lugar, ante todos los ciudadanos en general. Pero es que no hay nadie allí -en el govern- ni sincero, ni decente, ni capaz, ni responsable; ¿hay alguien más? -que diría Eugenio-; así que estamos perdidos y sin ver la luz al final del eurotúnel. No, jefe, no, no me pida que hable del tuitero inútil y barriobajero Puente, del horrible y ladino Marlaska ni del Sánchez, al que ya ni los más graves vituperios alcanzan para definirlo y motearlo. “Si necesitan ayuda que la pidan”, si cabrón, sí. El gobierno sigue en la línea de tapar, ocultar, mentir, enredar, culpar a los otros e incluso ‘ofenderse’ ante las críticas, preguntas e informaciones -que no bulos-, como en el apagón, en la dana…, y así en todos los escándalos que los circunloquian.

Pero es que ya sabemos quiénes estaban mandando en Adif (Administrador de Infraestructuras Ferroviarias) y en RENFE (Red Nacional de Ferrocarriles Españoles); los ministros y hombres y mujeres de confianza de Sánchez que están o estarán respondiendo ante la Justicia, o están, y estarán o estuvieron en las cárceles; que colocaron en esas empresas públicas españolas a todo cristo y hasta a varias marías magdalenas y que han desacreditado y desacreditan a la marca España en estos transportes que hasta hace poco eran de los primeros del mundo. La prensa extranjera no hace más que hablar del desastre ferroviario, y de la desconfianza de los posibles viajeros o inversores de trenes españoles en otras playas. Cuántos años tendrían que pagar estos impresentables entre rejas por tanta desgracia, ruina y tristeza. ¿Cuántos?, ¿eh? Y ¿cuántos van a pagar, jefe? Ya se lo digo yo: pocos o ninguno. Y estos siguen yendo en coche oficial o en avión charter.

Llámeme cándido, jefe. Pero lo cierto es que hace muchos años yo soñaba…, bueno, aún sueño. Antes era sólo un pobre soñador (como dice el tango); soñaba que la gente se quería y que los malos siempre perdían, básicamente, como en las películas (salvo en las francesas). Pero hoy ¿quiénes son los malos? ¿Y si somos nosotros? (empiezo a sospecharlo). La gente muere sin sentido, pero qué sentido tiene todo lo demás cuando la gente muere. Sin sentido. Y todo lo demás es que los inútiles mandan. Y si son inútiles y con mucha mala leche, mandan y mandan más y más. Y mejor para ellos. Lo que es mucho peor para todos los demás. Tranquiliza pensar, eso sí, que nada peor nos podría pasar, ya que nos está pasando ahora mismo. Lo peor. Siendo optimista y mientras coloco la alarma…

Los que mandan suelen liberarse de toda conciencia para actuar impune e inhumanamente. Así que, habrá que hablar y opinar sobre lo que está mal, o al menos, lo que uno cree que está mal, de lo que no hacen o de lo que hacen, los que mandan. Tenemos que hablar, jefe, aunque sólo sea para defendernos de esta mugre y por escupir nuestra impotencia ante lo que no podemos arreglar. Y soltar el lastre. Si no hablamos, jefe, estamos muertos.

Buenas tardes.

P.D.: Febrero 2026. Un frío que pela, parece invierno, jefe. Y llueve, y el clima cambia, pero no como dicen los que anhelan un cambio para llevar razón cueste lo que cueste. No pero sí. Cambia. Y me voy a ca… en los solsticios y en los equinoccios. Será el viento, será.

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