Jesús Adame : COSAS MÍAS, Cuatro razones para odiar al Papa

el 23/8/2011 11:26:27 (74 Lecturas)

De entre las muchísimas otras, naturalmente, que puedan ustedes esgrimir, que las hay, ¡ya lo creo que las hay¡; porque lo de Su Santidad, ¡bueno!, ¡es de libro! (nunca mejor dicho)

 

Empecemos por la razón que, al parecer, indigna hoy con mayor pasión, fruición y ánimo persuasivo, a los taitantos ciudadanos que se indignan con una novedosa y extraña facilidad. El famoso presupuesto de la visita papal. Dicho indignadamente: el abominable despilfarro en una situación de tan horrenda crisis que, de no sufrirla, Su Santidad debe entender que no nos indignaríamos de esta forma en la que nos encontramos. CINCUENTA MILLONES DE EUROS.

Y menos mal que se están auditando al milímetro las cuentas, para que no haya malos entendidos y evitar que se pueda deducir maledicencia en esta razón obvia. Y/o pudiera llegar a suceder lo que, por ejemplo, pasa en Andalucía, que se piden explicaciones, no se dan, se cabrean algunos (superficialmente, para que se vea que hay oposición), y al final la cosa queda en nada. Igualito que lo de la Expo de Sevilla, que ya ha llovido; lo único claro en esas latitudes es que los dineros no aparecieron por ninguna parte. Pues no, no se nos podrá tachar de calumniadores; auditoria al canto, Santidad. Pues resulta que las cuentas son las siguientes: 36 millones ingresarán los peregrinos (que vienen DE TODO EL MUNDO CONOCIDO); 16, van a poner las empresas patrocinadoras (la lista de ellas se puede solicitar en puntos de información de gente muy indignada que las han confeccionado para que el personal no compre sus artículos; algo parecido a la recomendación formulada y no seguida hace años para con los productos catalanes); y el resto, o casi (si no llega lo pone la Iglesia; la Católica), se obtendrán con la venta de, digamos para no ofender, «suvenirs».

Pero bueno, ¿qué clase de auditoria es ésta?; resulta que no nos va a costar nada la visita, sino que, por el contrario, 16 millones entre divisas y gastos en bares, etc. van a entrar en las arcas. Amén (perdón) del marketing que este país (vuelvo a pedir perdón a algunos), va a obtener gratuitamente (en todo el mundo conocido).

Esto no es serio Santidad, resulta que parte del «agujero eurístico» que han dejado los políticos lo va usted a rellenar con su visita. No, no es serio, ¿tendremos que rebajar la intensidad de nuestra moderna indignación?. ¡Qué faena¡. Es para odiarle, no me diga.

Segunda razón, en orden aleatorio, no intencionado. ¿Cómo se le ocurre dar de comer al hambriento?. No sea Usted insolidario con la política, y con los políticos que son los culpables directos de la política. Si ella/os no tienen para darlos de comer, ¿cómo se le ocurre gastarse sus dineros en comida para el que tiene que pagar una hipoteca (que no solo para los indigentes), en lugar de hacerlo en las ostentaciones por las que acostumbrarnos a denunciarle?. ¿No se da cuenta de que a los denunciantes de tales ostentaciones, y a la política, y a los políticos nos deja con el culo al aire?. De verdad que resulta Usted odioso.

¿Cómo se puede, hablando de la libertad perdida, gobernar un país, y a los cientos de millones de ciudadanos ajenos (¡que tiene más seguidores que el Real Madrid!), con la simple norma del «libre albedrío»?. Pero, ¿en qué cabeza cabe un gobierno que no dote a su legislación de leyes represoras y sancionadoras (sobre todo), para que el pueblo pueda disfrutar y desahogarse recriminándolas, conculcándolas y… quemando contenedores?. Así es muy fácil; el hombre libre no puede, no tiene por qué protestar. De verdad que es odioso, caramba.

Y en el colmo de los colmos, perdona, en caso de incumplimiento, setenta veces siete (así se decía cuando no había calculadoras; hoy con los ordenadores se pueden añadir miles de ceros). Pero, ¿no se da Usted cuenta de que estamos tratando de «aliarnos con civilizaciones» que cortan una mano a quien roba, o lapidan a la mujer adúltera? ¡Coño (perdón de nuevo), es que ya es gana de fastidiar!.

Hoy, dieciocho, acaba de llegar, baja del avión, atraviesa Madrid, y, no lo entiendo, pero la ingente masa rebosa felicidad. ¡Ni que fueran The Beatles!. Anoche tratamos de expulsar a esos ilusos de «nuestra Puerta del Sol» y ni se inmutaban; la poli nos echó a nosotros. Y encima, salimos en la tele con cara no de indignación, sino de cabreo.

De verdad, Santidad, resulta usted indignante; ¡para los indignables, claro!

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