Crítica Teatral
“VECINOS”: EL ARTE DE DERRIBAR TABIQUES
Otro éxito teatral en el Teatro Imperial de Don Benito.
Por: José Manuel Villafaina
La veterana compañía extremeña Samarkanda Teatro, en reciente función en el Teatro Imperial de Don Benito, vuelve a demostrar con “Vecinos” (obra que lleva casi 15 años en gira) que el teatro más humilde en apariencia puede contener, como los viejos patios de corrala, un universo entero de emociones, miserias domésticas y ternuras inesperadas. Bajo la dirección de la madrileña/extremeña Memé Tabares, esta pieza de creación colectiva alcanza una rara virtud: hacer del artificio teatral una forma de verdad.
Tabares ha sabido en “Vecinos” convertir la desnudez escénica en un territorio fértil. El escenario semivacío no es aquí carencia, sino invitación. Todo parece dispuesto para que el espectador complete con su imaginación aquello que no ofrecen ni la escenografía ni los objetos. Y ahí reside uno de los grandes aciertos del montaje: en reivindicar el teatro en estado puro, ese que no necesita esconderse tras el ruido técnico ni la aparatosa maquinaria de ciertas producciones actuales empeñadas en confundir presupuesto con emoción. La función se alza como la cima más creativa de una larga trayectoria teatral tan fértil como irregular.
“Vecinos” narra una historia mínima: Margarita y Felipe viven pared con pared y se soportan apenas con la resignación con que se tolera el gotear persistente de un grifo mal cerrado. Apenas se conocen, pero lo poco que saben el uno del otro basta para alimentar el catálogo universal de las antipatías cotidianas. Un azar les obliga a compartir cine, cena y baile. Y entonces comienza el verdadero espectáculo: el lento derrumbe de los prejuicios.
La obra posee la inteligencia de no disfrazarse de trascendencia. Su ambición es otra, más difícil y más noble: observar con ironía y compasión a la gente corriente. Y lo consigue.
Hay en la propuesta un humor blanco, a veces disparatado, que recuerda que la comicidad nace muchas veces del gesto antes que de la palabra. En “Vecinos”, efectivamente, el gesto se hace texto. La corporalidad habla, tropieza, se encoge, se expande y se contradice. La risa entra por los ojos antes que por los oídos. El público reconoce en esos movimientos, en esos pequeños “tics” y manías, algo dolorosamente familiar: todos hemos sido alguna vez ese vecino insoportable que escucha demasiado, juzga demasiado o teme demasiado a la soledad.
Y ahí aparecen, magníficos, Maite Vallecillo y Fermín Núñez. Ambos actores sostienen la función con una precisión admirable, como dos músicos veteranos que conocen exactamente cuándo acelerar el tempo y cuándo dejar respirar el silencio. Su trabajo interpretativo constituye el verdadero corazón del espectáculo. Despliegan un repertorio expresivo minucioso, lleno de detalles aparentemente insignificantes que terminan construyendo personajes profundamente humanos: seres solitarios, frustrados, ridículos por momentos y conmovedores casi siempre.
Mayte Vallecillo y Fermín Nuñez en una escena de la obra VECINOS
La dirección de Memé Tabares alcanza aquí una depuración notable. Quien haya seguido la trayectoria de la obra desde sus primeras representaciones —la vi en el Festival de Teatro Contemporáneo de Badajoz de 2011 y en la Muestra Ibérica de Cáceres de 2022— advertirá una evolución hacia la síntesis y la precisión. Nada sobra. Cada pausa, cada movimiento y cada transición musical parecen responder a un mecanismo de relojería perfectamente ajustado. La música, sabiamente elegida entre diversos estilos, acompaña la acción sin invadirla, subrayando esa delicada mezcla de melodrama y comicidad que atraviesa toda la función.
Pero quizá lo más valioso de “Vecinos” sea su capacidad para hablar de la soledad sin solemnidad. En tiempos donde la incomunicación suele analizarse con discursos grandilocuentes y conceptos sociológicos de diseño, la obra prefiere algo mucho más eficaz: mostrar a dos personas incapaces de mirarse de verdad hasta que la vida les obliga a detenerse. Y en esa sencillez encuentra su belleza.
Porque al final, detrás de la comicidad disparatada y de la ironía amable, “Vecinos” termina revelándose como una pequeña fábula sobre la necesidad humana de compañía. Una comedia dulce, pero no ingenua. Sabe que las personas son torpes, contradictorias y absurdas; precisamente por eso merecen comprensión.
El público que llenaba el Teatro Imperial —y aplaudió ferviente al final— asistió así a una de esas funciones que reconcilian con el teatro: un espectáculo donde la emoción no se impone, sino que aparece lentamente, casi de puntillas, hasta quedarse sentada a nuestro lado como una vecina más.
Los autores de VECINOS, Fermín Nuñez, Meme Tabares y Mayte Vallecillo, con el concejal de Cultura Fran Sánchez y la actriz dombenitense Maryjoe, en el Teatro Imperial.






Sin comentario