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SE ABREN PUERTAS

Por: Antonio María Flórez.

“Se abren puertas” es un poema dedicado a Don Benito que aparece en Otras geografías la segunda parte del libro Lisboa caminada de Antonio María Flórez, publicado por el ayuntamiento de Don Benito en 2024. Sobre el libro han escrito los críticos colombianos José Miguel Alzate, Juan Carlos Acevedo, Gloria Luz Ángel y Alonso Ramírez, así como el extremeño Enrique García Fuentes. Recientemente la académica colombiana de la lengua, Cristina Maya, lo glosó como el más destacado del libro.

 

SE ABREN PUERTAS

 

Se abren puertas.

Afuera la luz amarilla

en el azul de la mañana.

Aquí, la tibieza de las sombras.

Sentado, a la espera de nada,

bebiendo lentamente los últimos sorbos

de un sueño que se acaba.

Negro café del despertar.

Puertas que se abren ante tus ojos

cansados de tanto insomnio,

que te muestran caminos conocidos,

que te llevan a lugares ya habitados;

sí, a aquellos que recorrieras

con el paso inseguro de la niñez

y el asombro de las cosas nuevas.

Ves,

a pesar de tanta luz,

los rostros marcados por los años

de los seres que tanto amaras;

sus ojos miopes

de tanto desgastarse

mirando el horizonte

sin atisbar la sombra del que ayer se fue

para nunca más volver:

¡ay!, sus corazones rotos de tanta espera,

y sus sueños desgarrados y marchitos

de tanto viento adverso como les ha soplado en la vida.

.

Ves,

la gloria polvorienta

esparcida por el suelo

de los infames nobles de tu pueblo;

y contemplas las estatuas graníticas

de sus hombres más ilustres,

inmóviles, calladas, cubiertas de musgo,

como si el tiempo hubiera castigado para siempre

su voluntad de grito y movimiento,

su capacidad de orden y concierto.

Ves,

las calles y las casas familiares

respirando a otro ritmo;

rememoras los parques y dehesas

que anduvieras,

tal curioso adolescente,

mudándose en laberinto

y equivocando sus límites

en el mapa secreto de los arriates.

Evocas también las tortugas y los perros

que cuidaras entonces con tanto esmero:

ahora los descubres caminando

sin entusiasmo y lentitud exasperante

por el verde patio de la casa de la abuela

que aún conserva sus limoneros florecidos,

esparciendo el mismo aroma

con el que inundara de frescas fragancias

la primavera de nuestros mejores años.

 

Ves,

todo aquello con tanta claridad ahora,

tal si fueras y estuvieras;

pero, sin embargo,

nada es igual,

ya todo es diferente.

 

Y me pregunto,

por el lugar donde estoy,

por el día que es,

por lo que hago aquí

y adónde uno va en la vida,

crepuscular, fragmentado y penitente.

 

Y bebo a largos sorbos,

negro café del despertar.

 

Y este amargo sabor

de la memoria se me revuelve

y todos estos sueños desparramados

en el tiempo blanco del papel

me retan a asumir el desafío

de asomarme con valor a los días que vienen

para buscarle un sentido

a la luz que me alumbra,

a mis pasos

y al camino que ellos debieran seguir.

 

Se abren puertas.

Sé que todo ha cambiado

y yo también.

La luz brilla ahí afuera

-generosa y diáfana-

eternamente igual

pero totalmente distinta

al final de esta mañana.

¿Para siempre?

Para siempre.

Ya todo es diferente.

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