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Especial Semana Santa 2026

EL ALIENTO DE LOS SERES QUERIDOS

Por: María José Fernández Sánchez

En un mundo cada vez más deshumanizado y cambiante, quizás nos hayamos parado a pensar en la influencia que cobran para nosotros los seres queridos, aquellos que llevamos prendidos en los momentos cruciales; sin embargo, habrá casos en que no se haya dado la importancia que se debiera, ya que nos hemos vuelto menos solidarios con los demás y, tan solo, pensamos en lo que tenemos por delante, que sería paliar nuestras necesidades básicas; no obstante, sabemos que ayudar a nuestros seres queridos es una obligación o responsabilidad moral que no deberíamos eludir, llegado el momento.

Estos seres son para nosotros motivo de amor y de afecto, ya que ellos están o han estado cuando los hemos necesitado de manera incondicional; aunque pudiera ocurrir que, cuando les hagamos falta, no estemos ahí para ayudarles en la vida que les resta; en ese caso, la propia conciencia no nos dejaría vivir en paz hasta no haber atendido sus propias necesidades, ya que estas personas son como una prolongación de nuestro ser.

Tal vez el no poder auxiliar a los seres queridos pudiera ocurrirnos cuando otra responsabilidad mayor nos embargue; incluso podría pasarnos que no sepamos dominar bien la situación que se nos plantea por estar atravesando circunstancias adversas. Pensemos que a todos nos llegan momentos duros y, no cabe duda, que nos gustaría tener a nuestro lado a los que amamos. Comento esta historia con conocimiento de causa, pues he estado años en los hospitales y he observado cómo varios pacientes eran dejados solos en las habitaciones cuando se hallaban enfermos y, al cuidador o familiar, esquivar su enfermedad; así evitaba la responsabilidad de acompañarlos. Confieso que me he puesto en lugar del enfermo muchas veces; hasta he llegado a pensar lo que sería de mí sin mis seres queridos cuando me hallase en tales circunstancias. Es seguro que la vida no tendría el mismo sentido, ya que, en muchos casos, cobran vital importancia, hasta el punto que hacen que nos olvidemos de nosotros mismos/as para centrarnos en sus problemas; es más, las contrariedades de los seres queridos las hacemos nuestras, porque lo que les pasa a ellos es como si nos pasase en propia carne.

Cuando un ser querido se marcha, se dice que una parte de nosotros se va con él; es como si nos arrebataran un trozo de nuestro interior, y ya nunca más seremos los mismos. En esos momentos, por regla general, nos solemos rodear de personas que apreciaban al ser que ha dejado este mundo y tendemos a estar más unidos; luego entramos en la fase de duelo “o proceso de adaptación que sigue a cualquier pérdida”. Con el paso del tiempo iremos aceptando la falta de la persona amada.

Después de muchos años, recuerdo la muerte de mi padre. Fue un duro golpe para mí, pues durante un tiempo estuve llorando su ausencia; e iba al médico y le decía: Mire usted, estoy triste, no encuentro sentido a la vida, incluso no me importaría irme con mi padre. Mi médico de cabecera, que me conocía perfectamente, me dijo: «Esos sentimientos son normales los primeros días, María, se te ha muerto tu padre, no te pasaba cualquier cosa; por otra parte, el querer que tu padre siguiera viviendo de esa manera es muy egoísta por tu parte, pues estaba sufriendo mucho y ya no era vida para él. Te mandaré algo para que te relajes. Y recuerda, debes admitir la situación con normalidad; con el tiempo el dolor irá amainando”… Como así fue, aunque le sigo adorando.

AÑORANZA PATERNAL: Si volviera el corazón grande de mi padre, / obtuviera el calor de sus manos armoniosas, / y mi cuerpo, niño, se encontrara reposando / en su apacible regazo, / saborearía aún más los bellos momentos juntos y / miraría sus ojos como nunca en mi mirar. / Entonces mi vida tendría doble sentido / porque sería como volver a nacer de nuevo. (mªjfs)

Cuando nos sucede tal pérdida, no debemos contener el llanto; es mejor aceptar nuestras emociones; luego, poco a poco, iremos descubriendo “que sentirse mejor no significa que olvides a la persona que murió” ni que te acuerdes menos de ella. Ahora, después de treinta años, visualizo a mi padre sin dolor, lógicamente con añoranza de los buenos momentos acaecidos, pero esa es otra perspectiva, donde se ha asumido la ausencia del ser querido; incluso cuento cosas graciosas que nos ocurrieron con absoluta normalidad, ya que he hablado muchas veces de él y he compartido su memoria con la familia como si estuviera todavía entre nosotros. Tú no mueres, padre, en mí; / en la mente estás conmigo. Déjame recordarte así; te necesito. (mªjfs)

La evolución del duelo es complicada y pasa por una serie de fases o etapas; ellas son: el momento del shock, la negación, la negociación, la ira, la tristeza y el dolor, la aceptación y seguir adelante. Este proceso doloroso suele durar entre seis meses y un año, aunque la sensación de la pérdida puede alargarse incluso mucho más. Muerto mío que abonas la tierra / con la sangre que dio mi sangre, / y mi alegría destierras / cuando siento, al mirarte, / que en tu tumba se refleja / mi oscuro y amedrante futuro / y mi pasado se aleja. (mªjfs)

Se dice que entramos en esta fase cuando hemos tenido una importante pérdida; pongo el ejemplo de un duelo amoroso, que es uno de los más complejos.

Existen nueve tipos de duelos: al primero nos referiremos al duelo normal, el que casi todos conocemos; el segundo es el duelo anticipado, que se experimenta cuando nos informan de una enfermedad mortal, ya que te preparas para lo peor llegado el momento. El tercero es el duelo sin resolver, aquel que no se ha superado durante años; al cuarto le llamamos duelo crónico, porque suele durar mucho más tiempo y es un duelo complicado. El quinto, denominado duelo ausente, porque se niega a asumir dicha pérdida. El sexto lo llamamos duelo retardado, y aparece en las personas con muchas obligaciones, aparentemente fuertes, que no prestan tanta atención a su pérdida; el séptimo, el duelo inhibido, lo padece la persona que no se expresa en su duelo. Luego, pasamos al octavo, llamado duelo desautorizado, que sucede “cuando el entorno que rodea a la persona no acepta el duelo de ésta”; el último, el duelo distorsionado, se denomina así cuando se sale de las connotaciones normales; en él se recuerdan diferentes duelos y se mezclan.

El duelo es dolor aciago que te ahoga, / como lobo merodeando su presa. Su angustia trepa por las paredes del intestino y parece estrangular tu vida; entonces, todo se vuelve negro, nauseabundo, ondulante, un anodino laberinto de orfandad. (mªjfs)

Con la pérdida de un ser querido aprendemos el sentido que tiene la vida, al propio tiempo que van surgiendo en nosotros numerosos interrogantes, ya que la muerte es un enigma, porque nadie sabe el misterio que en ella se encierra. Hay quien se cuestiona las señales que pudiera dejar su difunto; incluso se cuenta que le ha parecido oler su propia fragancia. La mayoría de nosotros sabemos que es muy normal soñar con ellos; no obstante, se escuchan cosas más extrañas, como las de perder importantes objetos -por lo visto es una forma de estar presente-; también el captar pensamientos que no se sienten como propios; incluso se habla de que hay fallecidos que asisten a sus funerales; quizás, también, tengan que ver con alguna interferencia eléctrica o con señales que pudieran hacer reaccionar a nuestros animales de compañía, pues parece ser que ellos sienten mejor su presencia.

Buscamos indicios que nos pudieran dejar los difuntos porque, entre nosotros, han cobrado vital importancia los seres queridos, aunque haya casos en los cuales ese nexo de unión, por alguna circunstancia, haya quedado roto; no cabe duda de que si lo está, en el fondo, es porque se ha producido algún acontecimiento que haya dejado un vacío; no obstante, la vida es corta o larga, según se mire, y, si queremos colmar ese hueco, podemos acercarnos a los demás, al mismo tiempo que nos hacemos un bien propio, ya que tendremos ocasión de poner a prueba nuestra valía como persona responsable, mediante compromisos sociales, practicando la caridad con los más necesitados o amando a los demás.

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