DE LA TRISTE ACTUALIDAD
Por: Gregorio Gil Ruedas.
Reciente estaba la ufana afirmación del ministro Puente de aumentar en nuestros trenes de Alta Velocidad hasta los 350 Km/h y convertirnos en referencia mundial. Poco nos duró el sueño al despertarnos impactados por el accidente ocurrido en Adamuz en el que se han visto implicados dos trenes y donde la fatalidad ha querido estar presente al coincidir el descarrilamiento de un Iryo, con la consiguiente invasión de la vía paralela, con el Alvia procedente de Atocha que cientos de metros después, como consecuencia de la brutal colisión, ha caído a un barranco de cuatro metros provocando 45 víctimas mortales, muchas de ellas en el acto.
Ciertamente la mano negra del destino ha magnificado el suceso pues tan solo unos segundos después hubieran bastado para que el Alvia se cruzara sin incidencia salvándose de la catástrofe. Pero sucedió de la peor manera posible. El hecho es ese, ahora bien, el relato ya es otra cosa. El problema radica en cómo contar lo que ha sucedido y, lo más importante, por qué ha ocurrido pues no todo, ni mucho menos, está aclarado. Despejar la maleza y llegar a la verdad no va a resultar tarea fácil. “¿Tu verdad? No, la Verdad y ven conmigo a buscarla. La tuya guárdatela”, que decía el mayor de los Machado.
Son muchas las aristas, muchos los puntos oscuros que desconocemos y que distintas investigaciones vienen dando luz a la actuación de quienes cobran por encargarse de nuestra seguridad y cuya supuesta dedicación y esfuerzo no ha conllevado el éxito que correspondía. Hemos de esperar, sin recurrir a comisiones de inexistentes expertos que disculpen los errores y fallos del sistema, a que la actuación de la justicia amparando las pruebas de los técnicos y el posterior dossier sobre las causas nos permitan conocer LA VERDAD del porqué de esta tragedia.
Recientes tenemos otros sucesos. ¿Qué pasó con el apagón? ¿Qué ocurrió con la trágica dana? ¿Quiénes fueros los responsables? ¿Quiénes han cargado con la culpa? ¿Qué implicados por su inacción o su gestión siguen en sus puestos como si no hubiera ocurrido nada de nada? ¿Pasará ahora lo mismo? ¿Habrá paz para tanto inocente que no volverá a su hogar por haber culminado su trayecto en la última estación de su vida?
Tres días después en rueda de prensa para explicar lo sucedido en Adamuz, el propio Sr. Puente, ministro del ramo y quien este verano nos brindó un “DISCULPEN LAS MEJORAS”, intentó explicar las posibles causas tratando de encontrar responsables fuera de su gestión. Repitió hasta en cuatro ocasiones que “El tren en España pasa por el mejor momento de su vida”. Pues gracias a Dios, porque si no fuera así, ¿qué sería de nosotros? No eran las palabras más adecuadas en este luctuoso momento. Con medias verdades, chapucillas de arreglos y la interesada confusión entre renovar y rehabilitar entre pocas y ningunas cosas se aclararon, ni trataremos nosotros de hacerlo. Tiempo habrá, o eso esperamos, que las pruebas aportadas de minuciosos exámenes nos permitan esclarecer el fatal accidente, adecuar las infraestructuras y recuperar el buen servicio que el tren nos ofrecía. Menos por estas tierras.
¿Por qué ha sucedido? ¿Qué causas lo han hecho posible? ¿Alguien tiene alguna o mucha responsabilidad en el hecho? ¿Se podía, se debía haber evitado? No ha sido un volcán, no ha sido un tsunami, no ha sido una catástrofe de la naturaleza y hay unas responsabilidades que debemos conocer sin tapujos, sin parches, sin manoseos ni mangoneos que desvirtúen y oculten la verdad por intereses de cualquier tipo. Las víctimas, sus familiares y todos nosotros merecemos y necesitamos conocer LA VERDAD.
Algo vamos conociendo sobre adjudicaciones licitadas y después sobrevaloradas a muy determinadas empresas que corren con las obras o el necesario mantenimiento en el cuidado de la red ferroviaria y la red de carreteras del Estado (autovías y autopistas nacionales) ambas redes dependen exclusivamente de la gestión del gobierno central en el ámbito del Ministerio de Transporte. Ministerio que es el más señalado en los informes de la Guardia Civil y en las que un tal Koldo García -quizás les suena por las tramas de corrupción investigadas por la UCO- aparece como núcleo de distintas ramificaciones con empresas licitadoras de las que obtener las suculentas mordidas.
Hasta siete altos cargos, subsecretarios y ministros –de cuyos nombres no quiero acordarme- de este ministerio han sido señalados y se encuentran bajo arresto o imputados por los presuntos delitos de supuesta malversación de dineros públicos, cohecho, tráfico de influencias, prevaricación y pertenencia a organización criminal. El aluvión de informes, datos y denuncias solo sirve para embrollar el tema. Maquinistas que se quejan de la inestabilidad que provoca traqueteo y vibraciones en esa y otras zonas, trabajos realizados con material reciclado, inspecciones de las vías sin detección de problema alguno…, y todo estaba bien. Pero ahí está la terquedad de los hechos y la dramática realidad: 45 muertos y ningún responsable, por ahora.
Fácil es echar la culpa exclusiva a la fatalidad, que existió, pero las escasas inversiones en el cuidado y la rehabilitación de las infraestructuras han convertido en dolorosa la realidad. La tragedia que podría ocurrir, trágicamente ocurrió. Y nunca podrán decir que no se les avisó. En enero del 26 el senador popular Martínez-Maíllo en la comparecencia del ministro Puente en el Senado terminó su intervención con estas palabras: “Ojalá no tengamos que lamentar ninguna desgracia”.
No se trata de politizar el dolor, que tan bien se ha ejercido en anteriores y recientes ocasiones cuando se pretendía cargar culpas y responsabilidades en el adversario político con todo tipo de calificativos. Bueno es que no todos actúen igual, pero una vez pasadas las jornadas de luto oficial, bien se hará en exigir conocer la verdad de lo sucedido, no la verdad que nos quieran contar. Basta ya de tanto relato que solo trata de exculpar y diluir responsabilidades que borren la deplorable gestión. ¡Qué estaríamos viviendo, qué estaríamos escuchando si un gobierno de corte liberal estuviera amarrado en la Moncloa!
Mención de honor, de orgullo, de satisfacción, para cuantas personas han dado lo mejor de su corazón en la ayuda a los demás. Desde los propios viajeros ilesos, a los vecinos del pueblo cercano, pasando por los servicios médicos y sanitarios, protección civil, agentes de Policía y Guardia Civil, y tantos otros que cada uno en su labor han colaborado en el socorro de las víctimas.
Todo esto es hasta hoy, que mañana…
Imagen de RTVE.es





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