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EL REGALO DE LOS DÍAS

Por: María José Fernández Sánchez

El ‘regalo’ es un obsequio, dádiva u ofrenda que hacemos por pura voluntad e incluso por costumbre para agradar a los demás. Se suele recibir en fechas determinadas, tales como bodas, bautizos, cumpleaños, etc. También se considera regalo cuando es un don natural o un talento que se posea, ya que no solamente suele ser material. Existen regalos valiosos, como el de la amistad, del que se dice que es “un tesoro que hay que cuidar”, puesto que es una relación afectiva entre dos personas, donde se sustentan los valores del amor, de la lealtad, del compromiso, etc. Según Aristóteles existen principalmente tres tipos: la amistad por utilidad, por placer y por virtud, y esto ocurre porque amamos esos tres tipos de aspectos.

Hay un refrán que expresa: “los regalos menudos entretienen la amistad; los grandes el amor.” Deducimos, pues, que el regalo más grande de una relación entre dos personas es el amor; también, uno de los mejores regalos que podemos hacer a los demás, sería ofrecer nuestra atención y nuestra presencia. Hay una frase muy hermosa que me fascina por la sensibilidad que conlleva, dice: “Te regalaría las estrellas, pero te has empeñado en un par de zapatos”.  Y es que los regalos materiales también nos encantan e ilusionan porque nos hacen sentirnos especiales, sobre todo ante la persona que lo ofrece: el regalo es fantasía; es una sorpresa velada que al descubrirla sonríe el alma (MªJFS). Se dice que un regalo posee la capacidad de fortalecer un vínculo, por tener un poder especial para nosotros, pues es un gesto de amor o gratitud hacia la persona que lo recibe. Otro de los mejores regalos que podemos hacer a los demás es ofrecer una sonrisa, ya que a todos nos gusta sentirnos apreciados.

Existen tres tipos que se pueden realizar, tales como obsequios inter vivos, que se hacen cuando se traspasa la titularidad de un bien o derecho de una persona a otra; obsequios causa mortis, que son las trasmisiones por herencias o legado, y los obsequios de buena fe, aquellos que se hacen en un estado mental de honradez o la rectitud de una buena conducta. Se dice que un verdadero regalo “es algo que se da sin esperar nada a cambio”.

La costumbre de regalar viene de muy antiguo. Se han descubierto excavaciones que han revelado que los hombres de las cavernas ya se los intercambiaban. Según la paleoantropóloga Arine Burke, “hace entre 35.000 y 10.000 -años- que nuestros antepasados intercambiaban objetos simbólicos”; también realizaban ofrendas a los dioses. Más tarde, los fenicios, cuando se desplazaban a una zona lejana lo practicaban, solían trocar unos regalos antes de iniciar una negociación con el indígena con el fin de ganarse la confianza. Los griegos entregaban amuletos, sortijas de metal tallado y pequeños ramos de flores a los niños en la fecha de su cumpleaños.

Había regalos muy curiosos que los antiguos regalaban en las épocas de las celebraciones, como, por ejemplo: rocas especiales, dientes de animales, amuletos para prevenir enfermedades, agua bendita, velas encendidas, canción de amor con serenata, leña, ropa cosida con cabello, e incluso se consideraba un obsequio el escupir.

En actualidad los regalos están a la orden del día y se hace en bastantes ocasiones durante el año. Hay un dicho que dice: “el que regala bien vende si el que recibe lo entiende”; incluso se emplea como marketing o ciencia para satisfacer un mercado con ánimo de lucro.

Todos hemos recibido el regalo de la vida -que  es lo más grande que nos han dado- y por eso debemos de saber apreciarla, pues muchas veces pasa de largo sin que nos demos cuenta. Se dice: “el mejor regalo que una persona te puede dar es su amor y su fe en ella”; luego, “el mejor regalo que puedes dejar al mundo es dar la mejor versión de ti mismo”.

Por lo general amamos a nuestros padres porque nos han dado la vida. Los que creen en la fe cristiana piensan que todos estamos de paso; incluso, más de una vez se habrán preguntado, cuál es el mayor regalo que ha dado Dios al hombre. Parece ser que es “el regalo de la vida eterna”, y es ofrecido a aquel que desee recibirlo.

Los regalos no todos suelen ser buenos, existen los llamados regalos envenenados que cuando los aceptamos repercuten negativamente; también existen tabúes en los obsequios, cuando se ven como inapropiados, tales como: cuchillos, tijeras. En algunos dialectos chinos la frase “dar un reloj” suena lo mismo que “despedir a un ser querido”; también los pañuelos se asocian con el llanto y los funerales.

En una sociedad consumista, como la nuestra, el regalo material ha cobrado preponderancia. No se imagina unas navidades sin ellos, especialmente para los niños. La costumbre de regalar por estas fechas se asocia con la figura de Papá Noel, pero su origen radica en los romanos. Según el antropólogo Diego Rodolfo Viegas en Télam, esta antigua civilización celebraba las fiestas Saturnales -en honor a Saturno, el dios de la agricultura y de la cosecha- donde se intercambiaban regalos; más tarde, alrededor del año 336 d. C., “la fecha 25 de diciembre parece haberse establecido como el día del nacimiento de Jesús, y la tradición de dar regalos estaba ligada a la historia de los Reyes Magos bíblicos”.

Alguien dijo: “Si no sabes qué regalar a tus seres más queridos en Navidad, regáleles tu amor”. Yo añado que a todos nos encanta que nos den cariño, aunque también deseemos un regalito un tanto especial, al poseer cada persona sus preferencias. A mí me ilusionaba que me entregasen animales, más que ropa o cualquier otro tipo de cosas. Recuerdo varios de ellos, cuando era muy niña: el primero fue un burrito muy viejo; este lo adquirieron por el precio de un traje, pues mi padre era sastre por aquellos entonces; luego, fue cambiado al carnicero de la plaza de abasto por cinco kilos de carne, ya que resultó ser un animal que no podía ni con una carga de agua. Otro año me trajo mi abuelo una cerdita lechona, pero cuando creció nos dio pena sacrificarla; al final se la tuvo él que llevar, y yo quedé desolada. Hay otros regalos que los padres hacen a los hijos pensando en sus propios gustos y resulta que pinchan en hueso. Recuerdo un año en el que mi marido echó a mi hija un tren eléctrico, ya que le ilusionaba jugar con ella. Cuando vio el juguete no le hizo ni caso y puso cara de fastidio, yéndose a jugar con su muñeca Dolly baby.

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                EL REGALO DE LOS DÍAS es mirar al cielo, /respirar el aire puro de los valles, / acariciar mansamente la tierra /de una primavera detenida en sus arterias; / besar a tu hija una y mil veces hasta quedarte sin aliento; / llevar a tu madre vieja, / la que no tiene fuerzas para sostenerse, / y conducirla, lentamente, a su lecho.                   

                El regalo de los días es mirar el paraíso de los sueños, / desear flotar con palabras al vuelo, / y venir a aterrizar al blanco de un papel cualquiera, / cuando sus horas estén colmadas de vivos sueños. / A veces tropezar con las ilusiones al paso /y colocarlas en la estancia de tu recuerdo.

                El regalo de los días es puro instante/ caído del cielo; como la bendita lluvia, / como el momento en que tus manos/ me acarician y provocan sonrisas en el alma. 

                Es por eso que el regalo suena a trino en pájaro enamorado y peregrino, /   a corazón agradecido que se cuela por las venas; /al amor de amigo que te ofrece mansamente su corazón bendito.

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El regalo especial se hace y se recibe de manera agradable; mas lo que se entrega no debería ser lo importante, sino la forma de actuar, donde quede de manifiesto que se pensó en esa persona concreta, con el esfuerzo de búsqueda que eso implica. El regalo, gran parte de las veces, no se destaca por su valor adquisitivo, lo importante es su valor emocional y simbólico, el que hace crear una conexión profunda entre la persona que regala y la que lo recibe, por tener en cuenta sus gustos, e intereses personales. Entre líneas os dejo, con todo cariño, mi regalo navideño. Felices fiestas.

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