El coso taurino dombenitense, ‘Alcalde Mariano Gallego’, fue testigo apasionado del triunfo de los toreros Antonio Ferrera, Emilio de Justo, Morante de la Puebla y del rejoneador Diego Ventura, quienes salieron al final a hombros y por la puerta grande.
‘No hay billetes’ rezaba el cartel de la taquilla, para un festejo emotivo y alegre desde el mismo principio en la agradable tarde calabazona. Y se puede calificar verdaderamente de ‘histórica’ la tarde para los aficionados al noble arte de ‘Cuchares’, por muchos detalles. El cartel de primera división no defraudó y los protagonistas ofrecieron faenas que hicieron vibrar al público durante tres horas y media.
El rejoneador Diego Ventura fue el primero en levantar de sus asientos a los aficionados, especialmente con un par a dos manos, que coronó una tarde plena de trofeos, en dos faenas que merecieron el premio de tres orejas y un rabo.
En el toreo de a pie, Antonio Ferrera (nacido en Buñola, Baleares, pero extremeño de corazón y vida, ya que con siete años su familia se trasladó a Villafranco del Guadiana, Badajoz) estuvo entregado a la afición (que vino de toda la región, incluso de provincias vecinas y de Portugal), destacando especialmente en banderillas. Y cortó tres orejas, más una que el presidente le negó, lo que provocó protestas del respetable y el enfado del diestro pacense.
Por su parte, Emilio de Justo brilló con elegancia torera y profundidad durante toda la tarde, pero en especial ante el mejor toro de la corrida, al que dominó con temple y maestría; aunque también logró momentos de lucimiento con su segundo. Tres orejas se llevó el torero de Torrejoncillo (Cáceres).
Y llegó el turno del gran Morante de la Puebla, que apenas pudo hacer nada en su primer toro, complicado, muy distraído y renuente el animal sin clase. Abrevió el torero, porque, además, el toro empezó a embestir al cuerpo, sin ir a la muleta. Acabó con un descabello tras varios pinchazos. Silencio por parte de la plaza. Pero apareció el arte y la maestría del de La Puebla del Río (Sevilla), en la faena al segundo, en una labor entregada, medida y con sentimiento taurino, arrimando y citando, con verónicas y chicuelinas, o al natural, en un centímetro cuadrado, y que finalizó con una estocada fulminante que le valió las dos orejas.
Los toros que dieron buen juego, y tuvieron clase, en general (uno muy bueno, para Emilio de Justo), fueron del Hierro de Los Espartales (rejoneo) y de la Ganadería de Virgen María (toreo).
Este festejo ‘histórico’ del ‘Día de Extremadura’ (con himno incluido), se saldó con puerta grande para los tres toreros y el rejoneador.






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