Por: María José Fernández Sánchez
Es probable que hayáis escuchado decir a vuestros seres queridos que la vida es trabajo, sacrificio y superación. Éste y otros muchos pensamientos parecidos, los aprendí desde bien jovencita en boca de mis padres, tíos y abuelos. Sabemos que las frases sobre la existencia se pueden expresar de diversas formas, según culturas o costumbres, pero, en definitiva, la realidad es que los seres humanos nacemos, crecemos, algunos nos reproducimos y todos morimos; por tanto, es un proceso biológico, idéntico para todos, y tan solo nos diferenciamos en la forma de adaptarnos durante el camino. Luego, nada es gratuito en el recorrido existencial, la mayoría poseemos algunos seres protectores que se desviven por nosotros; ellos son los que nos allanan el camino, proporcionándonos lo que bien pudiéramos necesitar para desarrollarnos y continuar en la brecha.
Llegado un punto -en el cual has trabajado duro, e incluso te hallas reunido con los seres que amas, admiras o deseas contactar- te planteas el parón en tus actividades cotidianas, con el fin de mirar a tu alrededor y ver los logros conseguidos por el momento, ya que “superar las dificultades es experimentar el deleite pleno de la existencia” (Schopenhauer), aunque te siga faltando completar objetivos en el esfuerzo del cada día. Entonces sabrás o intuirás que ha llegado la hora de hacer balance, porque la vida no es solo trabajo y sacrificio, es algo más; ésta cobra sentido cuando se celebra, para que no se nos vaya la existencia esperando a que esté todo bien, con el fin de conmemorar, ya que, pudiera ocurrir, que nunca estemos completos y siempre nos llegue a faltar algo. La celebración pues es vital. Necesitamos reunirnos para querernos y compartir juntos algún momento especial; luego, el día a día nos irá mostrando dificultades hasta que vayamos dominando las circunstancias. Hemos de prestar atención, porque también es un momento de crecimiento interior, el que va a servirnos para sucesivas celebraciones.
De jóvenes vivimos de una manera más inconsciente, no pensamos que se nos pasan los años. “La vida es aquello que te va sucediendo mientras estás ocupado haciendo otros planes” (John Lennon). Que se lo pregunten a los que ya llevan andado un largo trecho existencial. Lo cierto del caso es que es breve y fugaz. Cuando nos acordamos se nos ha pasado la infancia; más tarde viene la juventud, la madurez y, si aguantamos lo suficiente, puede que lleguemos a viejos sin apenas meditar cuánto hemos vivido.
Con los años nos iremos dando cuenta de que nuestro caminar no está garantizado, puede que en algún momento nos ronde en el abismo. Celebremos cuanto podamos, por el simple hecho de que estamos vivos, volviendo y rememorando a aquellos lugares que un día guardamos sus bellos recuerdos. Pudiera hacerse de una forma tradicional o contemporánea, mediante eventos personalizados.
Lo cierto es que el ser humano necesita las celebraciones cada cierto tiempo. Los festejos más importantes marcan etapas y dan sentido a la existencia; éstos tienen como misión encontrar la felicidad para ser compartida; pero, ocurre que “no es posible ser feliz si te pasas la vida frustrado por circunstancias que no puedes cambiar” (Marco Aurelio). Y ahí nos vemos en muchos eventos con caras largas, cuando deberíamos estar compartiendo con los demás la alegría de vivir. Luego, es el tiempo el que nos da la pauta; el que nos dice si debemos o no celebrar la vida, y ello se aprende con el paso de los años.
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CON LOS AÑOS
He aprendido a restarle importancia a las cosas, / a prestar la atención justa /en la medida que el tiempo de vuelo / va completando mi existencia. /En cada sobresalto, que es un mundo, /se estudia una lección nueva, /que te curte y mortifica. /En cada sacudida va inherente un mensaje, siempre en danza: / Vienes al mundo sin nada y te vas desnudo. /La meta de llegada y de partida /es para todos la misma; /tan solo te llevas la experiencia de haber amado.
Con el paso de los años se aprende a celebrar /al lado de los tuyos, la poca vida que te resta. /A caminar erguido, casi sin fuerzas, /a mantener la calma, gozar en paz; /porque sabes que se ulceran las heridas / que hayan sido mal curadas. /A los que amas les enseñas a no herir /y a procurar que no te hieran; /a medir tus acciones y palabras.
Con los años, aprendes a gozar / el recorrido imparable de la vida, / cuando ya es imposible recuperar lo andado.
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Celebrar, siempre celebrar en tiempo presente. No debemos aferrarnos demasiado al pasado, aunque tan solo los recuerdos nos pertenezcan; pero tampoco olvidemos la lección que aprendimos en el ayer de los malos momentos, para que evitemos cometer el mismo error. A este proceso se le llama maduración personal.
Nacemos con la misión de querernos, de respetarnos. Es un motivo grandioso, tan solo por ello deberíamos celebrarlo. Cuando no conmemoramos, nos damos perfecta cuenta de que necesitamos que se recuerden ciertas fechas significativas; y porque celebrar, además de dar sentido, imprime carácter, genera vínculos fraternos, da alegría de vivir, convoca sueños, etc. Debemos festejar cada etapa de nuestra existencia, incluso, llegado el momento de la vejez, ya que hemos vivido para conocerla. Esto debe generar satisfacción, pues no todos tienen la fortuna de ver crecer a sus hijos, nietos, biznietos…, atesorando alegrías y acumulando experiencias tras haber superado momentos difíciles.
La sociedad actual está atravesando una etapa muy complicada: inundaciones, incendios, crispación política… El mundo se está poniendo imposible; pero aún podemos hacer algo para aliviarnos, celebrar los buenos momentos.
Por ese motivo, un año más seguimos en marcha dilatando nuestra existencia; los que puedan o lo deseen, podrían estar preparados para la celebración de la Feria de Don Benito 2025. Espero que este mes de septiembre, lo que reste, no sea tan agobiante como el del pasado mes de agosto, con temperaturas muy por encima de nuestro aguante, sin el apoyo del ventilador ni del aire acondicionado. Desde mi reconfortante atalaya aprovecho para recordar el 27 aniversario de nuestro SEMANARIO VEGAS ALTAS Y LA SERENA. Gracias Carlos por tu tesón y empeño en seguir adelante. Felices fiestas y salud para todos.




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