EXTRAÑEZAS DE MARÍA
Por: María José Fernández Sánchez
La mamá halcón puso cinco huevos y durante días guardó celosamente el nido en dichosa espera; también aguardaba a que viniese el macho para ofrecerle sus cazas; de inmediato copulaba con la hembra y después se marchaba en la noche para proseguir con sus sucesivas capturas. Pasado el tiempo reglamentario, uno tras otro, fueron saliendo del cascarón, hasta ser cinco polluelos. De ese modo, los que nacieron primero estaban más desarrollados con respecto al último.
Durante la crianza, el hermano más fuerte y hambriento se anteponía a los demás para ir atrapando la comida del pico de la madre, dando lugar, con el paso de los días, a una diferencia considerable de tamaño. Al último de ellos, el más pequeñito, apenas le dejaban lugar para crecer, ya que los grandes parecían aplastarlo cuando llegaba el alimento.
El macho, por las noches, seguía trayendo presas sin parar y la hembra repartiendo a aquellos que primero llegaban a cogerla. Por esa fecha vinieron unos días de lluvia intensa y los más grandes exigían su ración a la madre… Entonces vieron al pequeño pollo y lo empezaron a picar. Esta mañana ha aparecido muerto en el nido. Mi cara era un poema cuando observé a la hembra del halcón peregrino desmembrando al polluelo para irlo repartiendo a los cuatro que quedaban en el nido. Qué lecciones de extrañezas da la vida. Así está hoy la sociedad: la madre patria desprotegiendo a la autonomía más débil para sustentar a las más fuertes…




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