RINCÓN DE LA POESÍA
Por: Basilio Fernández Crespo
LAS DEIDADES
Entre flores y otras hermosuras
viven orgullosas y felices
unas maravillosas criaturas,
que son de nuestro amor las raíces,
gozando de pasión y ternuras.
Su vida perenne e inmortal
nos guía por caminos celestiales,
haciéndonos el bien, nunca mal,
en un mundo lleno de cordiales
con ternura y armonía vital.
Viven en los bosques y los ríos,
en los montes, las fuentes y estepas,
los jardines, valles y posíos;
de sus valores nunca discrepas,
y en su mundo no existen impíos.
A LAS NINFAS DEL AMOR
Decidme vosotras, oh Ninfas hermosas
de las fuentes, los bosques y de los ríos,
de los montes, los inviernos, los estíos,
de los cardos, los espinos y las rosas.
Habladme ya de noches tan silenciosas
donde anidan los más puros amoríos,
en los prados, los yermos y los posíos
o en los jardines de flores olorosas.
Solo vosotras, deidades inmortales
podéis aconsejarme en el puro amor
como el único remedio de mis males.
Espero, ¡dulces Sirenas del candor!
que me guieis por esas nubes celestiales
a disfrutar los perfumes de su flor.
RECUERDOS
¡Cómo te recuerdo madre,
en aquellas duras mañanas
con ausencia de mi padre,
desde edades muy tempranas!
La vida nos trajo malos comienzos,
y pasaste por muchas amarguras,
pero con mucho amor y sentimientos
conseguiste forjar estas dulzuras.
Hoy más te recuerdo con cariño,
pues tu gran amor y sacrificio
en mi vejez, sigo siendo niño,
como tu herencia y gran beneficio.
AL ALBA
Paseando con el alba, muy temprano,
gozando del mundo su mejor fragancia,
recordando los aromas de mi infancia
con mi madre, cogidito de su mano.
Perfumes puros que mi mente atesora,
ausentes hoy en la vida de un adulto,
que va sobreviviendo en el mundo oculto,
escondiendo lo que su recuerdo adora.
Afortunado el que sigue siendo niño
olvidando de este mundo las maldades,
recordando con orgullo aquel cariño.
Y sigue buscando, al alba, los olores,
sin tener en cuenta muchas falsedades
que le prometen los más falsos amores.
RECORDÁNDOTE
Los días se hacen eternos,
las noches interminables,
te busco por conocernos,
búsquedas inacabables,
ansío abrazos maternos
como remedios más fiables.
Te adoraré firmemente,
mi amor firme se sustenta,
con amarte eternamente
como el rayo a la tormenta,
recordando dulcemente
tu imagen, que no se ausenta.
Tu cuerpo ¡cómo recuerdo,
cómo te recuerdo toda!
en rememorar me pierdo,
mi mente no se acomoda,
pierdo mi estado de cuerdo
por un amor que embeoda.
SONETO DE AMOR
Amada mía, en tu dilatada ausencia
mi pobre corazón deprimido llora
y de mi soledad la tristeza aflora
por no poder disfrutar de tu presencia.
El amor arde por ti, mi dulce esencia.
Eres esa luz brillante de mi aurora,
y en esta pobre soledad mi ego llora
solicitando a tu gran amor audiencia.
¡Oh, qué grandeza tendría la belleza
si tu cuerpo yo a mi lado lo tuviera,
apoyando en tu regazo mi cabeza!
Demostrando, que nadie más me quisiera
jamás, ni con tan pura delicadeza,
que mi adorada, mi dulce compañera.




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