Web viilla musas 1 agos 2026

72 Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida / La crítica

“LAS 9 MUSAS”: NUEVE VOCES FRENTE AL MUNDO

Por: José Manuel Villafaina

Las 9 Musas”, comedia musical escrita y dirigida por el colectivo formado por Xènia ReguantRicard Reguant y Ferrán González, es el noveno espectáculo de la programación y el encargado de clausurar la 72 edición del Festival. Coproducido por El Negrito Producciones, del extremeño Juan Carlos Parejo, y el propio Festival, la representación se adentra en uno de los mitos conocidos de la tradición clásica para ofrecer una nueva lectura desde una perspectiva contemporánea. Parejo y los Reguant regresan así al Teatro Romano con el teatro musical, después de haber presentado cuatro espectáculos anteriores, todos ellos con notable éxito y acogida por parte del público.

Las Musas llevan siglos entrando y saliendo de poemas, cuadros y escenarios, pero “Las 9 Musas” las invita ahora a abandonar el pedestal y regresar al mundo de los humanos para enfrentarse a una incómoda paradoja: después de haber inspirado durante siglos a poetas, músicos y artistas, deben preguntarse qué ha sido de ese mundo que ellas mismas contribuyeron a crear. La ironía no puede ser más oportuna: las antiguas inspiradoras de las artes son ahora quienes necesitan inspiración.

La obra plantea un singular viaje desde la mitología hasta algunos de los grandes debates del presente. Las Musas revisitan su propio legado y se preguntan qué ha ocurrido con aquella humanidad a la que entregaron el logos, la razón: un mundo en el que el poder, el dinero y la tecnología amenazan con desplazar aquello que nos hace humanos. Habitantes del Parnaso y compañeras de Apolo, estas diosas ya no son figuras marmóreas de la tradición clásica, sino nueve mujeres con carácter, humor y opiniones propias, dispuestas a discutir entre ellas y, de paso, con el mundo.

Uno de los principales aciertos del texto es la personalidad diferenciada de sus nueve protagonistas. Cada Musa defiende su propio don y encuentra una forma particular de expresarlo. La propuesta musical refuerza esta individualidad mediante lenguajes muy diversos -del soul y el R&B al cabaret, el rap, el trap o el techno-, con el atractivo añadido de una banda de cuatro músicas en directo.

El humor y la ironía ayudan a desmontar la solemnidad del mito y acercarlo al espectador actual. Aquí Zeus puede convertirse en algo bastante parecido a una red flag con sandalias, mientras el Olimpo parece haber descubierto que el siglo XXI también tiene sus dioses, sus ídolos y sus algoritmos. Pero bajo esa capa festiva se esconde una mirada crítica sobre la forma en que se han construido los relatos y sobre las voces femeninas que durante siglos quedaron fuera de ellos.

La revisión de los mitos desde la perspectiva femenina constituye uno de los aspectos más interesantes de la propuesta. Las Musas se rebelan contra su padre Zeus y cuestionan unas historias construidas desde una mirada masculina, al tiempo que reivindican la memoria de mujeres creadoras que fueron silenciadas o relegadas. Especialmente sugerente resulta el enfrentamiento con la tecnología y la inteligencia artificial. Las Musas descubren que aquel mundo que ayudaron a construir puede llegar a prescindir de la inspiración, de la duda e incluso de la creatividad. Su temor a convertirse en “musas de nada y de nadie” resume con acierto una inquietud muy contemporánea.

Frente a ese horizonte tecnológico, los autores encuentran la respuesta en el teatro: un lugar donde todavía resultan imprescindibles el cuerpo, la emoción, la presencia y el encuentro entre seres humanos. Las nueve diosas descubren, además, que ninguna posee por sí sola la solución y que sus diferentes dones adquieren verdadero sentido cuando actúan conjuntamente.

La principal virtud de “Las 9 Musas” es su ambición: quiere hablar de muchas cosas a través del humor, la música, la danza y la mitología. Pero esa misma riqueza constituye también su principal riesgo, pues cuando una obra mira hacia tantos horizontes necesita una arquitectura dramática firme que evite la dispersión. En su recorrido, estas nueve divinidades descubren que inspirar no significa tener todas las respuestas. Quizá las Musas no hayan regresado para salvarnos, sino para recordarnos que, mientras sigamos siendo capaces de imaginar, crear y emocionarnos, el arte seguirá siendo un refugio frente a un mundo que corre demasiado deprisa. Y quizá la inspiración no habite ya en el Olimpo ni en el Parnaso, sino aquí abajo, en un escenario, cuando se apagan las luces y volvemos a creer que el arte todavía puede cambiar algo.

UNA PUESTA EN ESCENA DE GRAN ATRACTIVO VISUAL

La puesta en escena de Ricard Reguant y su hija Xènia, es muy atractiva. Resulta dinámica, colorista y de poderosa presencia visual, especialmente concebida para dialogar con la majestuosidad del Teatro Romano. El montaje transforma el antiguo espacio en un universo de resonancias mitológicas, pero con una estética contemporánea, cercana por momentos a un museo moderno, postdramático y ligeramente apocalíptico.

Las ruinas del monumento se integran en una escenografía dominada por podios blancos de diferentes alturas, identificados con cada una de las Musa y rematado con tiras LED que permiten crear sugerentes efectos de luz. Una plataforma acoge los instrumentos y los sets de las músicas, integrando actores y músicos en un mismo espacio escénico. El diseño es de José Novoa, la impresionante iluminación de Sergio Gracia y el vestuario, al estilo coreano “K-pop”, de Juan Ortega que construyen un conjunto de gran riqueza visual, mientras las coreografías de Maite Marcos aportan bellos movimientos y vitalidad a la escena.

En la dirección musical, Ferran González y Litus Ruiz entrelazan diferentes estilos y atmósferas para convertir el mito en un espectáculo de gran dinamismo sonoro. El resultado es trepidante y espectacular, en la que luces, música, vestuario, interpretación, danza y arquitectura componen un original cóctel escénico de color, ritmo y energía, capaz de arrancar sonrisas, despertar emociones y devolver al Teatro Romano, durante hora y media, el brillo de un Parnaso imaginado para el siglo XXI.

NUEVE MUSAS, NUEVE PERSONALIDADES

En el terreno de la interpretación, las nueve actrices se muestran espléndidas, dominando totalmente el escenario (y también las caveas con simpáticos juegos de interacciones con el público) como cantantes, actrices y bailarinas y desplegando su virtuosismo tanto individualmente como en conjunto. Carmen Conesa (Clío, diosa de la historia), Nerea Rodríguez (Euterpe, diosa de la música), Angy Fernández (Talía, diosa de la comedia), Noemí Gallego (Melpómene, diosa de la tragedia), Mirian Queba (Terpsícore, diosa de la danza), Clara Alvarado (Erato, diosa de la elegía), Erika Bleda (Polimnia, musa de la lírica), Maria Pascual (Urania, diosa de la astronomía) y Adra Guasch (Calíope, diosa de la poesía y la retórica), construyen un mosaico de personajes perfectamente diferenciados por su don, su personalidad y también por sus debilidades.

Sus voces, cuerpos y gestos se entrelazan con precisión y armonía, sumergiéndonos en un universo mítico donde la risa y la poesía parecen darse la mano en una danza celestial. A esta presencia escénica se suma la excelente labor de las cuatro músicas: Madeline Espinosa, en percusión y batería; Laura Solla, en la guitarra; Claudia Pereira, al bajo eléctrico; y Erika López, al teclado. Su interpretación en directo aporta pulso, fuerza y riqueza sonora a un espectáculo en el que la música no es mero acompañamiento, sino parte esencial de la acción.

La compañía extremeña de Juan Carlos Parejo vuelve así a demostrar su capacidad para convertir el esfuerzo y la dedicación en materia escénica. Si las Musas representan la inspiración, aquí parecen haber encontrado un aliado terrenal: el talento de un equipo capaz de transformar trabajo en emoción y música en espectáculo. Y el público no fue precisamente parco en gratitud. La apoteosis final, acompañada por la canción de cierre, recibió largos aplausos y vítores, como reconocimiento a un elenco que convirtió la clausura del Festival en una celebración compartida. Al final, las Musas regresaron al cielo; los aplausos, por fortuna, se quedaron un buen rato en la tierra.

En las imágenes escenas de «LAS 9 MUSAS»

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