ESPECIAL FERIA DE DON BENITO 2026
VERANO DEL VEINTISÉIS (EL VERANO DEL ECLIPSE), NOVENTA AÑOS DESPUÉS
(Dedicado a Bruno y a Oliver, deseando que llegue el día en que puedan leer
y comprender estas palabras, y que también se embarquen, aunque sea
en blanco y negro, en la inolvidable travesía de Capitanes intrépidos)
Por: José Antonio Gutiérrez Gallego
Tal vez por suerte, o gracias a los caprichos de algún algoritmo que no logro ni pretendo identificar, he descubierto este verano de 2026 -de momento conocido como el verano del eclipse- un espacio virtual que ha salvado buena parte de mis lecturas: la revista literaria Zenda.
Zenda es un refugio literario independiente y vivo, impulsado por Arturo Pérez-Reverte junto a una amplia comunidad de escritores, periodistas y amantes de las letras. Nacida con la vocación de ser un puerto de encuentro libre para lectores curiosos, esta revista digital navega entre reseñas, relatos inéditos, entrevistas y reflexiones sin más brújula que la pasión por las buenas historias. Es, en esencia, una casa abierta donde la literatura se comparte con voz propia, espíritu de camaradería y un profundo respeto por el arte de contar.
Entre las muchas joyas que alberga Zenda, me detuve especialmente en la reseña dedicada al prólogo de Pérez-Reverte para Capitanes intrépidos, de Rudyard Kipling. Es una novela a la que regreso de vez en cuando, también a través de sus versiones cinematográficas, porque conserva intacta la capacidad de conmoverme. La transformación de aquel joven caprichoso de la alta sociedad bajo la tutela de unos humildes pescadores encierra una verdad tan sencilla como profunda: el verdadero valor no se hereda, se conquista. Kipling convierte el mar en escuela y la navegación en una metáfora de la vida, hasta el punto de que cada temporal acaba revelando algo nuevo sobre la condición humana.
Sin embargo, lo más impactante del portal durante estas semanas ha sido el proyecto de José Ángel Mañas para conmemorar el noventa aniversario de la Guerra Civil. Mañas recrea en Zenda, día a día, los acontecimientos de 1936, quizás el año más trascendental de la historia reciente de España.
Por sus crónicas desfilan la desgarradora carta de un sacerdote a su familia al verse obligado a huir a escondidas de Madrid, el trágico accidente aéreo del general Sanjurjo en Portugal o el azaroso periplo de Pío Baroja para cruzar la frontera hacia el sur de Francia. Resulta especialmente conmovedor el recuerdo de una muchacha de catorce años -que no es otra que la abuela del propio autor-, cuyo testimonio refleja con nitidez cómo las familias se vieron hostigadas tanto por la República y sus facciones como por el bando sublevado. Son pasajes de una barbarie que explica por qué, durante décadas, en tantos hogares españoles prefirió guardarse silencio sobre la política y la crueldad vivida.
Muchos no tuvimos la oportunidad de estudiar con rigor este periodo en nuestra etapa escolar o preuniversitaria; tan solo pudimos acceder a relatos parciales: primero, el impuesto por los vencedores durante la dictadura; después, otros enfoques que trataron de recuperar la memoria y la experiencia de quienes habían quedado silenciados. Casi siempre se ha acudido a este capítulo con intereses partidistas. Resulta difícil encontrar escritores e historiadores que hagan el esfuerzo de abstracción necesario para mostrar la cruda realidad que padeció el conjunto de la sociedad española. Al final, junto a quienes alentaban la confrontación y la represión desde uno u otro lado, existió una inmensa mayoría de españoles cuyo principal objetivo no era vencer al enemigo, sino sobrevivir a una tragedia alimentada por un frentismo brutal y por la obsesión de destruir al adversario.
Noventa años después, convendría revisar ciertos clichés que algunos partidos políticos insisten en repetir. Dinámicas más propias de la trinchera que del diálogo constructivo para mejorar la sociedad, y que solo conducen a una polarización sectaria que reabre viejas trincheras y aleja cualquier posibilidad de entendimiento.





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