Web villafaina timon 3 jul 2026

72 Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida / La crítica

“TIMÓN DE ATENAS”: LA AMARGA FÁBULA DE LA INGRATITUD

Por: José Manuel Villafaina

La obra “Timón de Atenas, de William Shakespeare, en versión de Joaquín Hinojosa, con dramaturgia y dirección de Hernán Gené, coproducida por la compañía Bombonera y el Festival, constituye el tercer espectáculo de la 72 edición del certamen emeritense.

Timón de Atenas ocupa un lugar singular dentro del universo shakespeariano. No posee la celebridad de “Hamlet”, “Macbeth” o “El rey Lear”, pero probablemente sea una de sus obras más incómodas, ásperas y modernas. Escrita a comienzos del siglo XVII -y atribuida por buena parte de la crítica a la colaboración entre Shakespeare y Thomas Middleton-, constituye una lúcida meditación sobre el dinero, el poder, la amistad y la degradación moral de una sociedad donde el afecto suele cotizar al precio de la riqueza.

Pese a lo que en ocasiones se ha afirmado, no se trata de una obra desconocida en España. Antes del célebre montaje de Peter Brook en París (1974), Josep Maria de Sagarra ya había realizado una versión representada en el Teatro Griego de Montjuïc en el verano de 1973. El Festival de Mérida la incorporó a su programación en 2008, confirmando hasta qué punto se trata de uno de los textos más difíciles de trasladar con éxito a la escena.

Escena de TIMÓN DE ATENAS.

Inspirada en las “Vidas paralelas” de Plutarco y en los diálogos satíricos de Luciano de Samosata, la figura de Timón trasciende el retrato individual para convertirse en una poderosa alegoría. Es el hombre que hace de la generosidad una forma de existir, el anfitrión que reparte favores y riquezas sin advertir que muchas lealtades tienen el brillo efímero del oro. Cuando la fortuna desaparece, también se desvanecen quienes proclamaban su amistad. Entonces comprende que había confundido la gratitud con la adulación y la lealtad con la conveniencia.

De ese desengaño nace una de las transformaciones más radicales del teatro shakespeariano: del filántropo surge el misántropo. Shakespeare convierte así una desgracia personal en una reflexión universal sobre la fragilidad de los vínculos humanos cuando el dinero se erige en medida de todas las cosas.

Desde el punto de vista dramático, la obra habita un territorio fronterizo entre la tragedia, la sátira moral y la farsa. Más que una acción vertiginosa, propone un lento descenso al desencanto mediante la reiteración de adulaciones, abandonos e invectivas, recurso que constituye tanto su mayor fuerza simbólica como su principal desafío escénico.

Lejos de buscar el suspense, Shakespeare desnuda un mecanismo eterno: el afecto se inclina ante la riqueza y la amistad cambia de dueño cuando la fortuna abandona la mesa. Bajo la apariencia de una antigua Atenas late una sociedad donde el precio sustituye al valor y la cartera pesa más que la conciencia. Quizá por ello, pese a su naturaleza híbrida e irregular, “Timón de Atenas” sigue siendo una de las obras más libres, feroces y modernas del dramaturgo inglés. Cuatro siglos después, su amarga verdad continúa resonando con inquietante claridad.

Otra escena de TIMÓN DE ATENAS con Pepe Viyuela y Tomás Pozzi.

La versión que presentan Joaquín Hinojosa y Hernán Gené parte de una premisa tan sencilla como inteligente: no trasladar Shakespeare a nuestro tiempo, sino demostrar que nunca dejó de habitarlo. Frente al montaje de 2008, esta propuesta renuncia a imponer una contemporaneidad artificial y descubre la vigencia que ya late en el propio texto.

Hinojosa depura la irregular arquitectura de la obra mediante cortes precisos y un cuidadoso trabajo de adaptación que preserva intacta su esencia, concentrando el foco en la dimensión satírica y en la sorprendente actualidad de su discurso. Gené, compenetrado con Hinojosa en el trabajo dramatúrgico, incorpora además algunos elementos de nueva creación -como la escena de los periodistas- que dialogan con naturalidad con el original y refuerzan su lectura contemporánea sin violentar el universo shakespeariano.

La puesta en escena se abre con una atmósfera casi ritual, como una ceremonia en la que el espectador es invitado a asistir al sacrificio moral del protagonista. A partir de ahí, Gené despliega un lenguaje escénico de gran riqueza expresiva en el que el movimiento, las máscaras, los diferentes códigos teatrales, una música que entrelaza sonoridades clásicas y modernas y unas coreografías (de Paloma Díaz) perfectamente integradas amplían el sentido de la palabra sin eclipsarla. La austeridad de mesas y sillas basta para que el Teatro Romano se transforme sucesivamente en un fastuoso salón de banquetes, una plaza pública o un desolado erial del alma, mientras las piedras milenarias parecen contemplar, una vez más, la eterna comedia de la ambición y la ingratitud humanas.

El montaje mantiene un ritmo ascendente que logra vencer uno de los mayores escollos de “Timón de Atenas”: la reiteración de situaciones y la difícil convivencia entre tragedia, sátira y farsa. Buena parte de ese logro reside en la dirección de Gené, que conduce a los intérpretes hacia composiciones de gran precisión, llenas de matices y envueltas en un aroma circense. Hay en muchos personajes una expresividad cercana al clown, donde la comicidad y lo grotesco conviven con el trasfondo más amargo, convirtiendo la risa en un espejo deformante de la condición humana. Lejos de suavizar las asperezas de la obra, esta mirada las potencia y demuestra que la vigencia de la obra no depende de vestirla con ropas actuales, sino de la devastadora lucidez con la que Shakespeare comprendió que hay fortunas que desaparecen en una noche y amistades que duran exactamente lo mismo.

TIMÓN DE ATENAS en el Festival de Mérida.

El reparto afronta el continuo desdoblamiento de personajes que exige la obra: Pepe Viyuela (Timón), Esther Acevedo (FlavioMercader y Senadora), Beatriz Melgares (SempronioServilio y diversos personajes secundarios); Tomás Pozzi (ApemantoSenador y Banquero), Miguel Uribe (AlcibíadesCriado y Lucio), Samuel Viyuela González (PoetaVentidio y varios criados) y Pepa Zaragoza (PintoraSenadora y Timandra), componiendo un trabajo coral en el que cada intérprete transita con naturalidad entre varios registros. Lejos de convertirse en un mero ejercicio de virtuosismo, esa multiplicidad refuerza la imagen de una sociedad donde las máscaras cambian al ritmo del interés.

Sobresale, magnífico, Pepe Viyuela, cuya interpretación de Timón constituye el verdadero corazón del espectáculo. Si en la primera parte dota al personaje de una generosidad luminosa, ingenua y profundamente humana, en la segunda alcanza una intensidad dramática extraordinaria. Su progresiva transformación en un ser devastado por la traición se expresa con un dominio absoluto del cuerpo, del gesto y de la voz, componiendo un Timón desgarrador cuya rabia nace siempre del dolor y nunca del exceso.

A su lado brillan también Tomás Pozzi, que construye un Apemanto de gran presencia escénica, irónico y acerado, convertido en el incómodo espejo moral del protagonista, y Esther Acevedo, cuyo Flavio aporta la emoción contenida y la lealtad que aún sobreviven entre tanta corrupción. Junto al resto del elenco sostienen un espectáculo de admirable cohesión, donde la excelencia individual nunca eclipsa la fuerza del conjunto.

El público siguió la representación con un silencio atento y casi reverencial, roto únicamente al final por una larga y cálida ovación.

Sin comentario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *