NO SOMOS ÁNGELES
Por: Carlos Lamas
En las últimas semanas se ha hablado mucho de “nepotismo”, tal el adjetivo que aparece demasiadas veces en el fallo de la Audiencia Provincial de Badajoz que condenó a Miguel Ángel Gallardo y a David Sánchez, el hermano ¿decente? de Pedro Sánchez y a otros varios funcionarios de la Diputación de Badajoz, que sigue funcionando como siempre y como si nada (entre el lodazal) y ascendiendo en los escalafones a los que deban declarar en juicios a favor nuestro. De nosotros, dicen, de la cosa nostra, ejem, no sé si me explico, o sea. Y no pasa nada…; tómese otra, jefe.
Y cogiendo el mataburros de hoy, que es una cosa artificial de inteligencia (¿?), pero que deja demasiadas dudas, resulta que el ‘nepotismo’“es la práctica en la que una persona utiliza su cargo o poder para beneficiar a familiares o amigos cercanos(y no sólo, IA, cándida mía, no sólo), otorgándoles empleos o favores sin considerar sus méritos o capacidades. Es un tipo de favoritismo que afecta la igualdad de oportunidades y la meritocracia”.
También agrega la tal que no es tonta pero se hace, que“suele darse en el sector público (funcionarios o políticos que contratan a parientes en la administración), pero también ocurre en el sector privado (esto último es tontería progre de la IA -estamos perdidos, también la manejan ellos…-, en lo privado tú haces lo que te venga en gana, sin delito ni injusticia ninguna, nena). Frecuentemente se asocia con la corrupción, ya que se anteponen los intereses personales (lealtad familiar-puf, más tontería-) sobre el bienestar colectivo o los resultados empresariales(y dale IA falsaria, no criatura no, resultados ‘institucionales’ hay que poner ahí). Puede generar un ambiente laboral injusto (¿?)y reducir la confianza en las instituciones”. Bueno, dejemos la deriva, el sesgo progre de la IA -que se nos mete hasta en la sopa- para comentarlo otro día. Pero, por ahora, no la usen, queridos míos, con fines serios.
Y retomando, ahí está el quid de la cuestión, a que se trata “en lo público” (esto hay que destacarlo porque es, esencialmente, en esos casos) de un tipo de favoritismo que afecta la igualdad de oportunidades y la meritocracia. Con eso debería ser suficiente. Pero no. He oído en estos días, por parte de propios y extraños, que esto no debería ser juzgado penalmente. Y no lo ha sido, porque las penas han sido ¡sólo administrativas!. Y también he escuchado que es un asunto menor, y que no debería nadie sufrir pena por eso. Y hasta ahí podríamos llegar; en este renglón, digo.
Que sea ‘normal’, o ‘habitual’ lo de los enchufes, trajes a medida y beneficios a los cercanos, no lo convierte en un asunto lícito o lógico y mucho menos apropiado, menor o nimio. Si aprobamos eso estamos justificando a los sinvergüenzas que leroban el futuro a nuestros hijos. Estamos faltando a la igualdad de oportunidades que es una práctica esencial y obligatoria, según reza nuestra Constitución.‘Ripetete dopo di me’: No al enchufismo, coño.
Qué dice Quintana
Nada, básicamente.Y los ‘incisivos’ periodistas de los ‘incisivos’ medios de comunicación extremeños (la lista es larga) ni siquiera le preguntan, por no molestar. Qué buenos y amables son, ¿no?‘Silenziostampa’ (estoy obsesionado con la semana italiana del Lidl, aclaro) de José Luis Quintana ante la condena a su colega y socio de proyectos faraónicos, comarcales y descomunales, Miguel Ángel Gallardo. Antes de la condena Quintana símostró públicamente su apoyo alhermanoMiguel Ángel, coincidiendo con la tesis del propioGallardo de que “no existía nada punible(de pena y eso) en la contratación del hermano de Pedro Sánchez”. Y parece que sí, que existía, según los togados.
Me he hartado de oír, cuando lo de la fusión, que el cerebro y el que mandaba en el ‘affare’ (que diría un itálico, ‘ancora’) era el más pequeño del dúo. Y yo les decía que no, que el más listo era el del rostro impasible, el inmutable, el que parecía un pazguato, el que más socios y amigos interesados tiene por esta zona, ganados en base a buenas gestiones subvencionarias… Que eso une mucho.
Fíjense sino, cuántas piedras se han arrojado en los últimos años en su tejado y nada:
– Denuncias de acoso laboral de una compañera (con lo que mueve eso) y nada;
– Lo de la titulitis, que no era el tal un diplomado universitario, como aparecía en las reseñas de prensa para presentarlo, y ná;
– Lo del pucherazo electoral y ná de ná;
– Lo de la sede local del PSOE de Don Benito, que no pagan, ni pagaron, ni pagarán impuestos, y nientepiú;
– Lo de los presuntos sobres con pagos en negro no declarados, para afiliados y concejales, y no sé de qué me habla, señor;
– Lo de, presuntamente, manipular internas que denunció un propio militante local psoístico, y ni eso.
O sea, nada, con todo esto nada; no se le mueve ni un pelo, ni un músculo de la faccia (eso está claro) al susodicho. Cualquiera diría que, una de dos, nada le importa o está más muerto que vivo. En fin, que estar cerca de P. Sánchez te hace inmune a todo, muchachio, menos a ser sospechoso.
Cueva de ladrones
El cineasta sueco Ingmar Bergman hacía decir a uno de sus personajes (quizás no el más optimista), en ‘Fanny y Alexander’ aquello de que, “el mundo es una cueva de ladrones y la noche está cayendo. El mal ha roto sus cadenas y corre por el mundo como perro rabioso. Y el veneno nos afecta a todos”. Pá matarse, o sea, jefe; o sino para luchar contra eso, cada uno con sus armas y dentro de sus posibilidades, criticando o denunciando a los que no hacen más que enriquecerse jodiendo a los demás. Y encima nos chulean.
No somos ángeles, eso es verdad. Hemos hecho cosas de las que no nos arrepentimos (aunque deberíamos), y que han sido como últimos recursos para pelear frente a las que consideramos, injusticias y arbitrariedades (por no decir ‘putadas’) de esta sociedad de consumo. Hemos peleado para sobrevivir. Y nuestros rivales han sido los poderosos o los ‘buenos para nada’alcahuetes de estos; casi todos igual de imbéciles sin fronteras. Y está bien que así sea, porque ha sido entretenido. Casi no nos ha dado tiempo a pensar en aquellas otras desgracias reales que nos toca vivir y padecer. Y eso no es malo. Pero en nuestro caso, no somos cargos electos, funcionarios públicos, ni políticos, cuyas decisiones y acciones afectan a todos los ciudadanos, para bien o, generalmente, para mal.
Por eso, aunque he sido un cantor y cuentista de pérdidas y ausencias, sé que de allí es de donde salen los mejores versos. No es mi caso, pero lo intento. Y sigo igual que aquellos poetas que trovan más a lo que añoran que a lo que tienen. Más que nada por el ansia de buscar la felicidadsin saber cómo, ni reconocerla siquiera al encontrárnosla de frente. ¿Y esto a qué viene, me pregunta, jefe? Y yo qué sé. Tómese la penúltima y calle de una vez. Así me callo yo.
Buenas tardes.




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