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SOBRE EL FONDO EDITORIAL DEL AYUNTAMIENTO DE DON BENITO

‘LAS NOCHES DE AVALON’

Por: Antonio María Flórez

Reza en la página oficial del ayuntamiento de Don Benito que su Fondo Editorial tuvo como “impulsor” del mismo en 1996 al poeta experimental Juan Ricardo Montaña, “…bajo la atenta mirada del entonces Concejal de Cultura Manuel Antonio Núñez”. Nada más lejos de la realidad. El Fondo Editorial del ayuntamiento de Don Benito nació de una idea columbrada en el bar Avalon en el segundo semestre de 1995, en una reunión sostenida entre el concejal de cultura Manuel Núñez y quien esto suscribe, según se relata aquí.

LAS NOCHES DE AVALON

Hace unos días me topé con Manolo Núñez, que tomaba café en la Avenida con unos amigos, y aprovechamos para hablar de los “viejos tiempos”. Manolo estudió como yo en el Colegio Claret en la época en la que el sacerdote andaluz Carlos María Díaz Muñiz fue su director; destacado, entre otras cosas, por haber creado los famosos Juegos Florales Juveniles de Primavera -un hito en la cultura local y semillero de algunos de los más importantes escritores que ha dado la localidad en los últimos cincuenta años-.

A Núñez me unieron tres cosas: el boxeo, el baloncesto y la literatura. Fueron muchos encuentros en el patio del colegio (él iba uno o dos cursos por delante de mí) para hablar de estos temas, pero particularmente de boxeo colombiano que, por aquel entonces, tenía dos grandes figuras mundiales: Kid “Pambelé” y “Rocky” Valdés. También lo hacíamos del Real Madrid de baloncesto con Julito Gómez Bernal, admirando a sus inolvidables Emiliano Rodríguez, Clifford Luyk, Waine Brabender, Walter Szczerbiak y Juan Antonio Corbalán. Y, marginalmente, comentábamos cosas de la naciente literatura local que tenía como su figura más visible a la adolescente María Rosa Vicente Olivas, toda una figura mediática con repercusión nacional que había publicado un poemario titulado Llamarada azul (1973) de buena factura y que había salido en el programa de máxima audiencia de la televisión española que dirigía José María Íñigo.

Unos cuantos años después, concretamente en 1995, Mariano Gallego, que había sido profesor mío de una asignatura de COU en el Instituto Luis Chamizo, fue elegido alcalde de Don Benito el 23 de junio, llevando en su equipo a Manuel Núñez, quien se encargó de la Delegación de Cultura, por afinidad manifiesta. No hacía mucho me había instalado yo en Madrid para hacer estudios de postgrado en la Universidad Complutense, gracias a una beca de investigación que me había concedido la Organización de Estados Americanos y la Agencia Española de Cooperación Internacional. Venía con frecuencia a Extremadura a visitar a mi familia y a saludar a mis amistades de antaño. Solía encontrarme con ellos en dos lugares muy particulares: el Bar de las Cuatro Rosas, en la Avenida, y Avalon, regentado este último por mi primo José Luis Martínez y su socio Kico Solo de Zaldívar.

Avalon fue un lugar emblemático en el panorama cultural de Don Benito de mediados de los años noventa del siglo pasado, al que se acudía no solamente para tomarse unos buenos aperitivos con cerveza o vinos de calidad, departiendo con las amistades, sino que allí se hacían exposiciones, se daban conciertos de cantautores y músicos experimentales y se daban recitales poéticos que concitaban el interés de muchos jóvenes y gentes de la comarca deseosos de compartir experiencias cosmopolitas.

“Avalon, / dicen que es tierra / de dioses, / pero en mi pueblo / es el nombre de un bar / donde también van / los que lloran, / aman / y sueñan…

En Avalon / procuro encontrarme a veces / con algunos de mis amigos:  / … / para robarle / algunas palabras / al silencio, / hacer de nuevo largos viajes / por el recuerdo / y construir imposibles sueños / de primaveras radiantes”.

La idea de la creación del Fondo Editorial del ayuntamiento de Don Benito surgió precisamente aquí -en este lugar situado en la calle Consuelo Torre- donde me encontré una noche con el recién nombrado concejal Manolo Núñez y su esposa María del Mar, al calor de alguna copa de ron añejo del Caribe con Cola. Hablamos largamente de los viejos tiempos, de nuestras aficiones mutuas, de sus aspiraciones en la concejalía y los proyectos que quería desarrollar en su Delegación; así como también de mis experiencias literarias y de gestión cultural al otro lado del océano. Le hablé de mis primeros libros publicados allá, especialmente de uno que fue editado en la Biblioteca de Escritores Caldenses en Manizales, El Círculo Cuadrado (1987) que reunía algunos de mis primeros textos en prosa y verso. Le propuse valorar la posibilidad de, salvando las distancias, crear un ente similar, dependiente de su concejalía, en la que se publicaran obras de autores locales emergentes con proyección nacional o internacional (que ya los había); o de otras épocas y cuyo rescate fuera interesante para la cultura local.  Para ello le ofrecí toda mi colaboración y asesoría desde Madrid. Acogió jubilosamente la idea diciéndome que se pondría de inmediato manos a la obra para crear un fondo editorial dependiente de su concejalía y proveerlo de recursos económicos; y me propuso, a su vez, que el volumen fundacional del mismo fuera un libro mío. Acepté gustoso su ofrecimiento y le sugerí algunos nombres que podrían ser incluidos en la colección como María Rosa Vicente, Paco Señor Nieto, Luis Gómez Canseco, entre otros. Nos pusimos de inmediato a la tarea. Él proveyó los recursos para la vigencia de 1996 en los que estaban incluidos los de actividades culturales de donde se tomarían los específicos para la publicación de los libros -sin que se hiciera propiamente un acto administrativo de creación del Fondo-; y acudió, también, a otras personas entusiastas que apoyaron el proyecto como José Antonio Gutiérrez, Juan Ricardo Montaña, Javier Ortiz y Manuel Simón Viola. Por mi parte, me dediqué a seleccionar los textos que conformarían ese libro mío y a contactar con algunos de los autores propuestos para plantearles la idea, aceptada inicialmente sólo por Marochi Vicente Olivas.

Libros del Fondo Editorial.

Antes del regreso, una antología personal de mis poemas, fue efectivamente el primer título publicado en el recién creado Fondo Editorial de la Delegación de Cultura del Ayuntamiento de Don Benito, en el mes de marzo de 1996. El volumen de 98 páginas con unas medidas de 13,5 x 20 centímetros está impreso en papel Book ahuesado de 100 gramos; con una carátula blanca de papel de 240 gramos y letras oscuras en mayúscula, lleva en ella el logo del ayuntamiento y del Fondo, creado este por Juan Ricardo Montaña. Dividido en dos partes (“Poemas de antes”, a manera de desordenada memoria imperfecta, y “Poemas de ahora”, a modo de conclusión o de inicio). El Prólogo está firmado por el abogado Emilio Gómez Canseco y los Apuntes biográficos, por El Editor. En la página de créditos consta que tiene el Depósito Legal BA-74-1996, que fue diseñado y compuesto por Javier Ortiz, que las ilustraciones (cuatro) son de Juan Ricardo Montaña y que se ha impreso en APROSUBA-4. La presentación se hizo en el Teatro Imperial un sábado de esa naciente primavera y la edición fue de 500 ejemplares.

A mi libro Antes del regreso le siguieron una Antología poético-satírica de José Ortiz “El Sastrecillo”, recopilada por José Antonio Gutiérrez; una Trilogía poética del Colectivo Vberitas, coordinada por Juan Ricardo Montaña; El libro de los bosques (1997) de María Rosa Vicente Olivas, edición dirigida por mí; Estrechando Círculos: Antología de escritores caldenses y extremeños (1999), coordinada por Octavio Escobar, Manuel Simón Viola y este servidor como coordinador general e impulsor del proyecto, con la que se dio inicio a una etapa de larga y fructífera colaboración entre escritores de nuestra tierra y Colombia, que llevó a escritores nuestros/as a aquel país y trajo de allí a escritores de renombre a nuestra localidad. Poco después, desde el 2000, se decidió incluir en la colección a los libros ganadores del premio “Santiago González” de investigación, excepto el de la edición de 2016, por decisión discutible y arbitraria de la concejala de ese entonces. A día de hoy el Fondo ha publicado 63 libros, aunque su numeración vaya por el número 64: Tierra, estructura social del campo y reforma agraria en el partido judicial de Don Benito (1931-1936) es el último. No existe publicación con el número 41.

La publicación del número 50 en 2018 o haber alcanzado los 25 años de funcionamiento en 2021, hubiera sido un buen momento para celebrar, revisar, formular y reformar algunos aspectos importantes del Fondo, que se ha quedado a todas luces obsoleto. Seguramente la pandemia del COVID impidió hacerlo, pero también la tozudez, la manipulación y la soberbia de un par de personas vinculadas al mismo en los últimos años, poco conocedoras del mundo editorial y de las normas que rigen los derechos de autor, propiciaron que no se hiciera debidamente.

¿Qué tanto ha aportado el Fondo Editorial al desarrollo literario y cultural de Don Benito de estas tres últimas décadas? ¿Ha sido útil? ¿Cuánto ha crecido y se ha difundido la literatura local en el ámbito nacional e internacional gracias a él? ¿Qué tanto se ha modernizado y de qué manera dialoga con otras literaturas de otros territorios? ¿Sabemos de algún trabajo o investigación en curso que ayude en esta tarea de revisión? ¿Existe un plan consultado con la ciudadanía que rejuvenezca el Fondo, actualice su diseño y lo reglamente adecuadamente según la normativa vigente y establezca con claridad si es un ente público, mixto o privado? ¿Hay posibilidad de que, además, sea transparente y no sea el nicho de poder de una camarilla privilegiada y anónima que actúa caprichosamente y según sus intereses como ha ocurrido en los últimos años? ¿Qué tanta voluntad hay de respetar los derechos de autor y cumplir el ordenamiento jurídico que los protege? ¿Se es consciente de sus límites y propósitos?; es decir, ¿de que es un fondo editorial municipal y no regional o nacional, y mucho menos que no es una editora internacional, y que su tarea fundamental es impulsar y publicar la obra de autores locales, sin meterse en otros perendengues?

Este 2026 se cumple el trigésimo aniversario del Fondo Editorial y es un buen momento para hacer balance de sus aportes, para celebrarlo como se merece, así como reformularlo y modernizarlo. ¡Hagámoslo! ¿Hay voluntad política para ello?

Presentación en Bogotá de ‘Estrechando Círculos’ (Embajada Española).

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