Web gregorio 17 jul 2026 a

AQUEL PASADO RECIENTE

                “Si nuestra causa costase una sola gota de sangre ajena, yo dejaría de ser nacionalista.”

                                               Palabras de José Antonio Aguirre y Lecube, primer lehendakari del Gobierno Vasco.

Exiliado en París durante la Guerra Civil.

 

Por: Gregorio Gil Ruedas

 

Inmersos en esta vorágine de imputaciones, tramas y sentencias relacionadas con la corrupción política corremos el riesgo de caer en esa amnesia o somnolencia colectiva que nos haga olvidar cualquier otro tipo de situaciones alarmantes, hechos que están pasando desapercibidos y que no interesan sacar a la luz pues la realidad es muy distinta a la promesa o palabra empeñada. Hoy me pregunto, ¿qué está sucediendo con los presos de Eta?

Partiremos de un 12 de septiembre de 1989 cuando la fiscal de la Audiencia Nacional Carmen Tagle fue asesinada en la misma ciudad donde había nacido 44 años antes. Poco más de las 3 de una tarde calurosa, en la calle Julio Palacios de Madrid al llegar del trabajo conduciendo su propio Renault 12, no advirtió que a la entrada del garaje tres individuos, Henri Parot, Jacques Esnal y Francisco Múgica, la esperaban. Al parar, se le acercaron a la ventanilla y dispararon varias veces. La última bala de Henri Parot en la nuca cuando yacía en el suelo la remató. Nunca quiso llevar escolta.

Sus últimos años los había dedicado con tesón a librar a la sociedad de la lacra terrorista siendo una de los cuatro fiscales encargados de juzgarlos. Dedicó su vida en defensa de su ideal de justicia en un laborioso trabajo que, lejos de motivaciones políticas, se mostró implacable en la lucha desde la fiscalía. En su memoria se creó el Premio Carmen Tagle para galardonar a quienes se enfrentaban al terror de las pistolas. Amiga de Gómez de Liaño, con quien compartió estancia en los juzgados de Villanueva de la Serena a finales de los setenta, aquí permaneció hasta su marcha a Madrid.

Francisco Múgica Garmendia, alias “Pakito” y máximo responsable de Eta, se permitió amenazar a los jueces de la AN manifestando que Todos vosotros sois Tagle” en una clara alusión a que podían correr idéntica suerte. H. Parot, posiblemente el terrorista más sanguinario de la organización, de origen francés fue miembro itinerante y perteneció al comando Madrid. Detenido en Sevilla con más de 300 kilos de explosivos admitió haber cometido una veintena de atentados con 33 muertos en su negro historial. Responsable de la voladura de la casa cuartel de Zaragoza en 1987, que ocasionó 11 muertos -entre ellos 5 niñas- y 88 heridos, la mayoría civiles.

Hasta un 20 de octubre de 2011 en que la banda terrorista tras 43 años de macabra actividad y sitiada por jueces y policías pusiera fin a sus atentados, el país vivió con esa espada de Damocles que suponía el terror. No menos de 853 personas fueron asesinadas dejando más de 2.500 heridos y decenas de secuestros. Habrían de pasar siete años más para que el 3 de mayo de 2018 la banda anunciara la ansiada disolución.

En los últimos tiempos numerosos presos etarras están siendo excarcelados tras algunos años de condena. Valgan como ejemplo los Garikoitz Aspiazu, alias “Txeroki”, antiguo jefe de la banda y condenado a 377 años; Soledad Iparraguirre, “Anboto”, con 647 años de condena por al menos 14 asesinatos; Santiago Arróspide, “Santi Potros”, inductor del atentado de Hipercor con 21 asesinatos; José María Arregui, “Fiti”; Mikel Albisu, “Mikel Antza”; García Gaztelu, Txapote y así hasta completar una siniestra y larga lista.

Según la Asociación de Víctimas del Terrorismo, permanecen en prisión 118 miembros de la organización terrorista, de los cuales 75 disfrutan de un régimen especial de semilibertad. Otros 43 continúan cumpliendo condena sin abandonar el régimen ordinario que no les permite salidas de la prisión. Es decir, cerca del 70% cumplen condena en casa o entran y salen gracias a la semilibertad de la que gozan. Todos los presos etarras recluidos en las cárceles españolas están en el País Vasco, excepto tres en Navarra.

Desde que las competencias le fueron cedidas por el gobierno central en octubre de 2021, el Gobierno Vasco, coalición formada por PNV y PSOE -a quien corresponde la consejería responsable de la gestión de prisiones- ha concedido la semilibertad por vía exprés a unos 20 presos y a un centenar mediante la concesión del tercer grado que les permite vivir prácticamente en libertad disfrutando de los mismos beneficios por aplicación extraordinaria al aceptar controles telemáticos -pulseras o tobilleras- para acceder a este modelo específico.

Cierto es que Eta no atentó en Extremadura, pero asesinó a 55 extremeños. De ellos 24 continúan sin poderse resolver por lo que sus familiares desconocen quién les mató. Son casos sin condena por amnistías, fugas, o ausencia de información que hubieran posibilitado aclarar el atentado y señalar a sus responsables. Para interesados en el tema les remito a un artículo del diario “Hoy” titulado “ETA 24 asesinatos de extremeños sin resolver” del placentino Antonio J. Armero que recoge un pormenorizado estudio caso por caso y que se puede consultar en la red.

A pocos sonará Juan Paredes Manot, alias “Txiki”, extremeño nacido en Zalamea de la Serena en 1954 y que acabó con la vida de un cabo primero de la Policía Nacional. Murió fusilado en las últimas ejecuciones del dictador el 27 de septiembre de 1975 al ser condenado en Consejo de Guerra por el atraco al Banco de Sabadell en Barcelona. Había emigrado a la ciudad de Zarauz a los diez años pasando a Eta en 1973.

Recordemos las palabras del jefe de la policía local de Andoáin, Joseba Pagazaurtundúa, miembro de la Asociación socialista y afiliado a UGT cuando manifestó: Cada día veo más cerca mi fin a manos de Eta”. Así le sucedió y con ocasión del segundo aniversario de su asesinato ocurrido en 2003, su madre, Pilar Ruiz Albisu, remitió al actual portavoz socialista en el Congreso, una sentida y emotiva carta pública en la que señalaba que Quien pacta con los traidores es un traidor. Ahora hay muchos ciegos en España que serán leales a lo que hagáis. Aunque nos traicionéis, quienes lloramos a nuestros muertos hemos renunciado a vengarnos, es la inmensa prueba de generosidad de nuestra sociedad.

Pasé el curso 75-76 destinado forzoso en Arrigorriaga, cerquita de Bilbao, con algún alumno de marcado ambiente familiar subversivo. Siempre defendí que sería necesaria la generosidad de la reciente democracia y sobre todo de las víctimas para poder cerrar este capítulo una vez se lograra silenciar las armas. Se ha pagado un alto precio y hasta se ha intentado patrimonializarlo. Un sentimiento de dolor recome a las familias que ven a Bildu convertido en socio de gobierno y sufren la insidia de recibimientos festivos a los excarcelados. Sufrimos aquellas negras hojas de la historia reciente, pero, ¿elegimos la mejor solución o se optó según el interés particular del momento? Seguro que había opciones mejores.

En memoria de Miguel Ángel Blanco, asesinado por Eta un 13 de julio, hoy hace 29 años, y de tantos otros inocentes.

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