Web articulo maria jose 14 jul 2026

LLANTO POR UN GORRIÓN

Por: María José Fernández Sánchez

Llegué a la plaza cuando caía un sol de justicia a eso de la una del mediodía. Recuerdo que miraba hacia el suelo porque la luz me dañaba los ojos en la pared del ayuntamiento. Justo cuando acortaba el paso, descubro a dos gorriones que huían de las gradas del juzgado. Estos deberían haberse salido del nido porque aún eran volantones. Aquello me encogió el alma, pues con ese calor que hacía y sin sus padres alrededor, podrían perecer en cuestión de horas. Y como una sufre por todo, antes de entrar en la casa de mi madre pensé en carearlos hacia la sombra, pero me dije: «María, deja a la naturaleza que se defienda por sí sola; no te angusties y sigue tu camino». De regreso, me iría por otro lado para no tener que ver a los pájaros cómo se defendían ante un sol asfixiante.

Entré en casa y estuve atendiendo a mis quehaceres diarios. Al salir a la calle, ya me había olvidado por completo de los pájaros y volví a pasar por el mismo lugar, esta vez mirando hacia atrás para no perderme el momento en el que salía una pareja de novios que acababan de casarse en el ayuntamiento. Aquel acontecimiento me distrajo por completo; cuando noto que algo se me ha pegado en la suela del zapato derecho, detengo el paso y veo cómo se escapa de entre mis pies uno de los dos gorriones que huía despavorido. Enseguida me pregunto qué habrá sido del hermano, mientras sigo avanzando. En un instante miro hacia atrás, veo al pájaro estampado en el puro y ardiente asfalto… Me acerco a él y le veo los intestinos. El pájaro murió en el acto. Aquello me encogió el corazón y me hizo sentir culpable de haber acabado con la vida de un inocente de una forma tan descuidada. Tengo que escribirlo, pensé. Será como homenaje a esa vida malograda; era mi manera de que el pajarillo siga viviendo de alguna forma en nosotros, aunque ya poco pudiera hacer por él. Mientras, cojo el pájaro, lo deposito en la papelera; me digo a mí misma: ¿Y tú eres buena, María? Imagínate el daño que has inculcado a un inocente pájaro. Mientras una lágrima se me escapa por la mejilla por la muerte que había causado, contemplaba atónita a los felices novios recibiendo la enhorabuena.

¿Cuántos seres humanos pierden la vida por acciones naturales o de los más fuertes, en las guerras, las catástrofes naturales, los virus, etcétera? Cuántas muertes se infringen sin darnos cuenta, incluso de manera más inocente. Ayer lloré y por una causa; hoy lo hago por Venezuela, pues me viene a la mente la fragilidad del hombre en su mundo, que es como un tierno gorrión.

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