Autor: José Antonio Gutiérrez Gallego
Las ediciones de la feria de Don Benito, que se celebran en las postrimerías del verano, son, sin duda, un buen momento para hacer balance de esta deseada y a la vez temida época estival. Querida por las vacaciones, las reuniones con familiares y amigos, así como por el abandono de las rutinas ordinarias que se siguen la mayor parte del año. Temida por las aglomeraciones, la escalada de precios (donde algunos hacen su agosto) y el calor sofocante que machaca un día sí y otro también. En esta lista de oprobios no pueden faltar los incendios.
Ciertamente, los incendios son una de las peores noticias que circulan todos los veranos, pero este verano de 2025, que parece tener los días contados, se ha mostrado especialmente vulnerable. Han sido muchas las hectáreas que han ardido, principalmente en el oeste de España. Es difícil encontrar un consenso claro sobre el número exacto de hectáreas calcinadas, pero, atendiendo a la media de las informaciones publicadas en los medios y los datos de las agencias oficiales, esta podría situarse en torno a las 400.000 hectáreas. Lo que representa casi el 1 % del territorio nacional, sin duda un buen mordisco a nuestros ecosistemas arbóreos y arbustivos.
Para hacer honor a la verdad, se debe reconocer que las variables que entran en la ecuación que define el riesgo de incendios estaban ciertamente elevadas. Las lluvias de primavera fueron abundantes; el año hidrológico ha sido muy generoso en el régimen de precipitaciones. Este hecho ha provocado un aumento considerable de la maleza, que crece a su libre albedrío debido, en buena medida, al paulatino abandono de las actividades tradicionales del mundo rural. El abundante matorral, sometido durante más de 15 días a temperaturas extremas, ha dado como resultado el combustible perfecto para iniciar cualquier fuego.
Por si esto fuera poco, los políticos y los políticos-periodistas -que no los periodistas/políticos- se han lanzado a buscar culpables en el lado opuesto a sus filas. La imagen de la caza de brujas en busca de culpables es muy lamentable para cualquier observador con un grado medio de objetividad. Por si no hubiera sido suficiente ver cómo ardían las masas forestales, acudir a este esperpéntico sainete lleno de reproches al adversario ha colmado la capacidad de resistencia de buena parte de la ciudadanía a seguir comulgando con el permanente frentismo del “y tú más”.
Tal vez ya sea hora de sentarse a buscar soluciones reales al problema de los incendios. El Proyecto Mosaico, dirigido por el profesor Fernando Pulido de la Universidad de Extremadura, es una iniciativa que puede aportar respuestas valiosas. Se trata de un proyecto de innovación social y gestión territorial enfocado en la prevención de incendios forestales.
El proyecto surgió como una respuesta directa y participativa a los grandes incendios forestales que afectaron las comarcas de la Sierra de Gata y Las Hurdes, en Extremadura, en el año 2015. El equipo de investigación del profesor Pulido, en colaboración con la Junta de Extremadura, buscó una estrategia que fuera más allá de la simple extinción del fuego, centrándose en la prevención a través de la reactivación del medio rural y sus usos tradicionales.
El corazón del proyecto es la creación de un paisaje en mosaico, es decir, un territorio con una configuración heterogénea. Esto se logra mediante la combinación de diferentes usos del suelo, como la agricultura, la ganadería y la gestión forestal, en un mismo espacio. La idea es romper la continuidad del combustible vegetal que facilita la propagación de los grandes incendios.
Uno de los componentes clave para su funcionamiento son los cortafuegos productivos. Se trata de áreas estratégicas donde se promueven actividades como diversos tipos de cultivos y labores de pastoreo que, al mismo tiempo que generan riqueza, actúan como barreras naturales contra el fuego. Por ejemplo, una plantación de higueras, viñedos o un área de pastoreo con cabras crea zonas de baja vegetación que dificultan el avance del incendio.
Es relevante destacar la innovación social del Proyecto Mosaico, que promueve un modelo de desarrollo rural que combina saberes tradicionales con la investigación científica. Se fomenta la creación de proyectos productivos que, además de ser económicamente viables, contribuyen a la resiliencia del paisaje.
El Proyecto Mosaico ha tenido un impacto significativo en las zonas donde se ha implementado, principalmente en Sierra de Gata y Las Hurdes. Entre las experiencias más destacadas se encuentra la reducción de grandes incendios. Al crear un paisaje más diverso, el proyecto ha logrado disminuir el riesgo de que pequeños fuegos se conviertan en grandes incendios forestales, mucho más difíciles de controlar.
El Proyecto Mosaico es un claro ejemplo de cómo una estrategia de gestión activa y participativa del territorio puede ser la mejor defensa contra los incendios forestales, transformando un problema en una oportunidad de desarrollo para las comunidades rurales.




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