Editorial . PITADA GENERAL

Fecha 9/10/2016 14:05:33 | Tema: Editoriales, Carlos Lamas

SE HABLA, DOCTORA, MUCHO, NO SIN RAZÓN, PERO UN POCO AL BOLEO A VECES, DE LA CONTAMINACIÓN AMBIENTAL QUE INFLUYE E INFLUIRÁ EN EL CAMBIO CLIMÁTICO, QUE NO PARA DE CAMBIAR. PERO DE LA QUE SE HABLA MÁS BIEN POCO ES DE OTRA CONTAMINACIÓN, DE LA CONTAMINACIÓN ACÚSTICA. DIGO DE LOS PITOS Y PITIDITOS Y DE LOS SILBOS Y LAS ALARMAS, Y DE LAS MELODÍAS Y TOQUES DE LOS MENSAJES Y LLAMADOS DE LOS TELÉFONOS. DE LOS TIMBRES DE LAS CASAS, DE LOS PORTEROS Y TELEFONILLOS Y DE LAS LAVADORAS, O LAS SIRENAS Y SIRENITAS; O LOS PITIDITOS DE LAS IMPRESORAS, DE LAS PLANCHAS Y CONTESTADORES AUTOMÁTICOS, Y LOS FAXES (QUE AUN QUEDAN), Y DE LOS TRINOS DE LOS SEMÁFOROS Y LAS ALARMAS (QUE YA LO DIJE ARRIBA, PERO ACABA DE SONAR OTRA) DE CASAS Y COCHES Y PÁRKINGS; DE LOS CAMIONES DE LA BASURA QUE SE ANUNCIAN ASÍ, COMO SI NO FUERAN LO SUFICIENTEMENTE VISIBLES Y RUIDOSOS; DE LAS GRÚAS DE LAS OBRAS; DE LOS ORDENADORES Y TABLETS Y…, MÁS, MUCHOS, INNOMBRABLES. PITOS, PITOS, PITOS, PITAS, PITAS, PITAS. TODOS LOS APARATOS DEL MUNDO QUERIENDO LLAMAR NUESTRA ATENCIÓN A BASE DE PITADAS Y CHIFLIDOS. UN POQUITO DE SILENCIO, COOOÑO
Y otra cosa, que quizás alguien no sepa, y que estaba prohibida en otros tiempos donde aún alguien nos defendía y nuestra protesta era oída, y nuestra presencia en la calle vista... Bueno, que me voy del tema. Antiguamente estaba terminantemente prohibido en el mundo de la publicidad, en radio y televisión, la utilización de pitidos, timbres o alarmas, porque desviaban la atención obligando perentoriamente a centrarnos en ese reclamo, distrayendo la atención del espectador, con medios abusivos y engañosos, lo que podía ser peligroso en la conducción o en determinadas tareas en el hogar o en los puestos de trabajo. Hoy esta prohibición ya no existe, con lo que innumerables anunciantes utilizan ese recurso, cuanto menos prepotente, para reclamar nuestra atención de manera hasta histérica, cual grito.
Lo que se echa de menos, sin embargo, es el viejo silbo para llamar a algún conocido que vemos pasar en la distancia. Incluso por la forma de silbar los reconocíamos. Y en el fútbol, el llamado silbado o chiflido del entrenador para corregir los movimientos del defensa del lateral opuesto de la cancha. O el silbido característico de algunos vendedores ambulantes. O el requiebro en forma de silbido, a la agraciada muchacha que acertaba a deambular por nuestras inmediaciones, con esa cautivante gracia femenina. En fin, el silbo humano y natural (también de algunas bestias) que comunicaba y acercaba. Hoy el patrimonio del pitido lo tienen los malditos aparatos que nos inundan. Y si no pitan hay que joderse aun y llamar al técnico.
Cuánto más agradables -ánde va a parar- eran los pitidos o toques de campana del de los helados, o el de los churros. Para la señora de la casa, el cornetazo del de los muebles de mimbre, o del que arreglaba los sofases (tá bien escrito). En mi barrio, sin ir más lejos, los pitos de las fábricas anunciaban el año nuevo; lo mismo que las campanas de las iglesias. Incluso, en las fábricas, los pitos que anunciaban la entrada y la salida; y en los colegios, sólo la entrada para la formación, o para llamar al recreo. Añorados pitos.
En el deporte, pitos, silbatos y toques de campanas siempre anunciaban lo correcto, lo justo; así fuera en el boxeo, el fútbol, o cualquier deporte con balón, o el atletismo, las carreras de caballos…
También ha habido y hay pitos de mala educación, como los de las pitadas a los himnos, o a cualquier símbolo que otros respetan. No hablo de los pitos a los políticos, que en muchos casos están justificados; aunque particularmente prefiero la indiferencia y hasta el silencio.
¿A qué viene toda esta diatriba rollística infernal de los pitos?, se preguntarán tres o cuatro lectores ocasionales. A que tengo para mí que hoy por hoy, quienes tienen que pitar, no pitan. Ni los árbitros, que tienen que defender a los buenos jugadores que elevan el fútbol a la categoría de arte, y no los defienden; ni los jueces y tribunales diversos y de todas las alturas, instancias y condiciones, que tienen que defender a los ciudadanitos de a pie frente a los atropellos del diario vivir, y de los abusos de las grandes empresas y corporaciones u organizaciones; y no lo hacen. Ni pitan, ni pían. Hoy todo el mundo llama la atención pitando y dirigiendo y quienes tienen que hacerlo por mandato humano y divino se abstienen. Estamos solos, como decía Sacristán. Seguimos estando solos.
Para finalizar y fuera de contexto, una aclaración a unos comentarios míos de un editorial anterior. Se me ha preguntado que cómo se deberían anunciar, entonces, los espectáculos organizados por una institución pública, en los que no se paga por entrar, pero que están bien abonados al fin con el dinerillo del contribuyente. Simplemente, como espectáculos de 'entrada libre', o de 'sin pasar por taquilla', o incluso de 'sin pagar la entrada'. Pero nunca como 'gratuitos' y mucho menos con el demagógico y mentiroso 'totalmente gratuitos'. Aclarado el asunto, espero.
Buenas tardes.



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