COSAS MÍAS, El derecho, el deber, y la culpa

Fecha 28/9/2010 11:11:56 | Tema: Jesús Adame

Es esta última actitud humana, la culpa, la generadora de derechos y deberes. Sin ella, sería totalmente inútil el establecimiento de estos dos bienes sociales. Así, por ejemplo, no es tan solo inútil, sino del género tonto, dicho así por no resultar grosero, que se establezcan derechos por vía absolutamente legal para los chimpancés, por ejemplo, aunque, estamos de acuerdo, se parezcan bastante a los humanos; incluso, hay ¿humanos?
que son gemelos del chimpancé
Y resulta estúpido, no solo per sé, sino porque a todo derecho debe contraponerse una obligación, un deber (no existirían los pobres si tan solo hubiera ricos), y, naturalmente, ¿que deber le podemos imponer al pobre mono (también lo hay más monos que algunos humanos), si al carecer de libre albedrío (igualmente hay humanos que no saben lo que es eso -¿se habla de ello en la LOGSE, o en la LODE, o lo considera la "desinteresada" asignatura "Educación para ser ciudadano"?- porque a esa facultad suele atribuírsele a menudo y torpemente un matiz únicamente religioso), no puede naturalmente decidir (el mono, recuerdo después de este "in-pas"), ni ser culpable, por tanto.
La culpa, como todo en esta vida, es relativa. Nadie puede ser culpable de aquello que no conoce. No exime, sin embargo, y es acertado criterio, el desconocimiento de la ley publicada, porque aunque alguien sea analfabeto, sí sabe que hay unas normas sociales, escritas, de las que alguien, letrado, le puede informar antes de acometer un acto. No obstante, y en cuanto a las normas no obligacionales, sino éticas y morales, la culpa alcanza a aquellos que conocen el trasfondo y las consecuencias de su actitud; no así al chimpancé que muerde la mano del niño que le acercaba cacahuetes (si debiera a la descuidada vigilancia paterna), porque no sabe el daño que produce.
¡Yo qué sé!, por un suponer, un administrador de dinero ajeno que gasta más de lo que el propietario de los talentos ingresa... ¡culpable!. ¡Culpable!, ¡sin duda!, a pesar de que... verás, es que realmente el mercado internacional, o el banco mundial, o su serenísima madre... No me venga usted con chorradas, si gasta más que ingresa... ¡caput!. Otra cosa sería, ciertamente, de ahí la relatividad de las cosas mundanas, que el desmesurado gasto fuera medido e inteligentemente dispuesto para, en un corto plazo (que lo pudieran disfrutar los propietarios antes de irse al otro barrio), incrementara el patrimonio confiado (ya saben, ¡"el ciento por uno"¡); eso sería distinto; pero si el excesivo gasto se dirige a subvencionar sesudos estudios (jamás publicados, para evitar el martirio al contribuyente) acerca de la actitud de la hembra de la libélula rosa durante el apareamiento, o a la creación de una embajada en Tombuctú, dotada de toda clase de medios, de manera que a la humanidad se le proporcione el derecho supremo de aprender a hablar en payés y así poder formular reclamaciones administrativas por tener enjaulados a los canarios en los puestos de pájaros (no de políticos) de Las Ramblas, o de facilitar (con ese gasto excesivo, oiga, o sea, con el dinero ajeno) la propagación totalmente innecesaria e inconveniente de culturas sin arraigo y que pretenden no solo arraigarse, sino algo más, y que, encima, comulgan con criterios antidemocráticos... ¿Quieren que siga el barquero, advirtiendo de que no debe gastar el administrador el dinero que no es suyo, y, sobre todo, que la consecuencia del excesivo gasto es, inevitablemente, la vía de agua y el hundimiento de la barca?. Pues, eso.
Una sola nota más, para no cansarles. Un agujerito que ya va haciendo demasiada agua en nuestra barca: a lo de las "ciudades ocupadas" hay que responder con rotundidad, sin ambages y sin pamplinas, o sea: ¡que de la valla p´a c´a es mío, coño!, y no bajarte pantalones y calzoncillos porque, entre otras cosas, a lo peor, nos damos cuenta de que los tienes manchados.
Sin embargo, esa relatividad no alcanza a los derechos y deberes, porque, al igual que la verdad sólo es una, estos no pueden tener más que una sola perspectiva. En plata: "el que la hace, la paga".
Vamos a ver; hablando en plata; la solución a una crisis no se encuentra en acudir al propietario y pedirle: “señor, tú me confiaste un talento, pero la cosa ha estado muy mala por estos lares y, pues... ¡que ya no le tienes, y que le debes al banco lo que no es dicho!, ¡dame más¡”. No, pasa porque si has gastado más de lo que te han dado, sin planing ninguno, ni seguridad de duplicarlo, sino en estupideces, o en quién sabe qué otras negruras que jamás descubriremos, pues como la verdad es una y el deber conocido también, pues, eso, ¡a ver quien la paga!. Yo diría, primero ¡que lo devuelvan!, y luego que la paguen. ¿O es que ya no nos acordamos, porque fue debidamente olvidado, como todo en este país de m…, que en aquellas comisiones del 3% hubo empresarios de la construcción que lo desmintieron rotundamente, ¡porque a ellos les pedían el 12%!?.
Moraleja y resumiendo (si capaz fuera): ¿qué culpa tiene, para no tener derecho a vivir, aquel que no ha pedido venir a la vida, y para que el derecho de decidir se le otorgue a aquellos que le han traído, sin querer que venga, pero sabiendo a ciencia cierta que "si se deposita la semillita en la flor" lo más probable es que venga? ¿Dónde está su culpa? ¿Quién tiene que pagar, el que desconoce completamente, o el que es conocedor de los derechos?; ¡ah, es cierto! ¡legalmente, el derecho es tan solo del que conoce, el que no sabe ni se puede defender ¡ese no es ni tan siquiera un simio!.
¿Derechos?, ¡todos!; ¿culpas?, ¡NO!. Me … en la … madre que parirle debió.
Nota: Sustituyan los puntos suspensivos a gusto; cabe de todo.



Documento disponible en SEMANARIO VEGAS ALTAS Y LA SERENA
http://www.semanariovegasaltas.es

La dirección de este documento es:
http://www.semanariovegasaltas.es/modules/news/article.php?storyid=302