No estamos para juegos

Fecha 6/10/2009 10:24:05 | Tema: Editoriales, Carlos Lamas

Ganó Río de Janeiro (sí, tú ríte), como todos ustedes ya saben, Madrid quedó segunda, Tokio tercera y Chicago (con Obama y toda la vasca) cuarta. Pero ahora, al parecer, todos los analistas sabían que era muy difícil -tirando a imposible- que Madrid triunfara. Porque tocaba América, sobre todo el sur, que también existe, y porque plín y plan.
Me resultaría cansino exponerles aquí todos los entretelones y argumentaciones que se han destapado ahora, con las cartas dadas vuelta, sobre los por qué ha sido la elección más lógica y esperada. Se me escapa el cúmulo de intereses en juego para la tal decisión de los miembros del COI ('coitos' se les llama a los tales, me he enterado), y no sé si quiero saber. Sólo sé que cuando sea grande me gustaría ser uno de ésos. Los tipos son recibidos con los brazos abiertos en todos lados, donde se los agasaja muy considerablemente, con toda suerte de souvenires, obsequios y gastos pagados y limusinas y puros para el caballero y flores y bombones para la dama. Para ellos todo son sonrisas, abrazos, besos y caricias. 'Que nada les falte a estos señores', repiten una y otra vez los jefes de protocolo de las candidatas al título. Si se les cae la copa de vino y manchan el mantel, todo el mundo aplaude. Si en medio de una excursión para ver los vestuarios de las pistas de atletismo a alguno de los ‘coitos’ (con perdón) se le escapa un gas, todo el personal carraspea y mira para otro lado, cambiando de tema: 'Vea qué ducha licenciado Lypinsky, es de tres velocidades ¿conoce?'. Se les perdona todo. Si se duermen durante la presentación del video de una sede aspirante, ponen el 'pause', encienden la luz de la sala, y le traen un cafetito con gotas de Coñac, y unos caramelitos ácidos. Les hacen regalos, basta que digan 'qué wanderful es eso' para que por la mañana en la habitación del hotel se encuentren con tres docenas del producto. 'Jamón, jamón', dicen que repetían una y otra vez cuando vinieron por Madrid. Los anfitriones intentaron convencer a Penélope Cruz, pero no hubo forma.
Y luego, los tíos chulos, si no eligen a tu ciudad no te devuelven ni los cascos.
Y todo para qué, para que vengan unas decenas de miles de atletas, que transpiran de todos los colores y lo dejan todo perdío y las toallas tiradas; y otros cientos de miles de forofos con disfraces y banderas que cantan y saltan por todos los escenarios, dejando toneladas de bolsas de patatas fritas vacías, por cada metro cuadrado de suelo patrio.
Pero Madrid, al parecer, va a insistir con el tema. A su alcalde le gustan las aglomeraciones y le ponen los atascos.
Vale, sí, que es imagen y publicidad para el país, negocio turístico, y prestigio si las cosas salen bien. Y si la gestión es acertada, luego quedan infraestructuras valiosas y aprovechables. Pero si esto es así por qué no las hacemos sin esperar los juegos y las aprovechamos antes. Antes del tumulto, digo. Por qué no nos inventamos nuestros propios juegos olímpicos con deportes originales y propios, vernáculos. Tendríamos un torrente de medallas en, por ejemplo: la gallinita ciega, el corro de la patata, la goma, la comba, la rayuela, la peonza, las canicas… ; batiríamos todas las marcas mundiales en: las chapas, las tabas, churro, media manga, mangotero, pídola o una mi mula… ; tendríamos verdaderas estrellas del deporte y récordmans en: al pasar el cuartel, antón pirulero, ponerle la cola al burro y el cascabel al gato, la zapatilla por detrás, o las carreras de tres piernas...
Luego los patentaríamos todos y ganaríamos millonadas con los derechos internacionales, vea; como los laboratorios, casi. Y a más, a más, nuestros campeones serían maestros y personalidades estelares que viajarían a cada rincón del orbe, dando cursos, seminarios, conferencias y clases particulares, sobre cuestiones deportivas tan diversas y específicas como: "El arte de dar collejas sin ser detectado", o "Teoría y práctica sobre el cómo y el por qué del echar la chapa del contrario fuera del redondel", o "Nociones básicas para saber en cada caso si elegir churro o media manga", o "Reglas de oro para no ser reconocido por la gallinita".
Y todo esto se me ha ocurrido en un rato, eh. Es cuestión de echarle ganas e imaginación, señores alcaldes y vuestras ciudades tendrán unos juegos que serán la envidia del planeta. Y con poca inversión, Gallardón.
Ahí se los dejo, os cedo la idea. Pero imagino que al menos por mi humilde aporte me dejarán coger la llama y encender el pebetero. Aunque desde ya les anticipo que de correr nada, iré al paso. Correr es de cobardes. Bueno, bah, sí, haré un trote cochinero, uff.
Buenas tardes.



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