A mi marido señor abogado, y no lo asesiné. Yo no. El tomaba pastillas para dormir y me decía: dame algunas más y estoy más tiempo dormido. Verá usted, el quería vivir, pero dormido
Aquella noche nevaba y se quejaba de frío. Hacía frío pero el se quería dormir y no pasar frío. Yo le dí las pastillas que él me pidió, ¿qué cuántas? Aquella noche diez, pero, mire usted, yo no sabía que se las iba a tomar juntas. De modo que fue así: le hice caso. Pero yo no sabía que se iba a morir. Pensé: a lo mejor se queda diez días dormido. Vago no era, es que no quería trabajar. Era algo perezoso. Que le gustaba la cama. Él me pedía las pastillas. A lo mejor él quería hacer un suicidio, por ejemplo. Vaya diferencia, una cosa es una cosa y otra es otra ¿sabe usted? Le vuelvo a repetir lo mismo. El me pedía las pastillas; yo se las daba y punto. Y no maree usted más la perdiz, Yo se las daba porque él me las pedía. Ni pongo ni quito rey. ¿Yo cómplice? ¿Qué cómplice?.