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Gregorio Gil Ruedas : LAS PEQUEÑAS COSAS, BUENA TENEMOS ENCIMA
el 29/6/2022 20:19:46 (112 Lecturas)

“Tristes guerras / si no es amor la empresa. / Tristes, tristes.
Tristes armas / si no son las palabras / Tristes, tristes.
Tristes hombres / si no mueren de amores. / Tristes, tristes.


MIGUEL HERNÁNDEZ. Poeta


Llevamos varios meses con el patio revuelto y un excesivo cacareo en el corral. La situación ya de por sí difícil y enmarañada con la desorbitada subida de la energía y carburantes, que ha conllevado la del transporte de mercancías y el alza generalizada en los productos de la compra, han disparado la inflación -el impuesto de los pobres- hasta cotas por el momento cercanas al inicio de la Transición.
Pues si difícil era la situación y como no hay mal que no pueda ir a peor, hace tiempo que estalla la crisis de Ucrania, ahora convertida en Guerra -perdón, guerra no, invasión según nos dictan- con las unidades del ejército ruso empeñados en desnazificar el país masacrando personas, ciudades y territorios de sus antes hermanos ucranianos. Más de dos meses llevamos con esta barbarie de la que estremecedoras imágenes abren día a día los informativos -de la pandemia no tenemos- y, muy por desgracia, la paz, al precio que sea, tarda en llegar.
Ello ha servido para tener a quien echarle la culpa de los males que padecíamos, pues son los últimos que han llegado. Nos han informado, por si no nos habíamos dado cuenta, de que “la culpa es exclusivamente de Putin”. Yo he de manifestar que no lo veo tan claro y pienso que bastante debe ser culpa nuestra y en especial de los diferentes gobiernos patrios que conforman la Administración del Estado empeñados en un gasterío sin igual. Pero si los que tanto cobran y dicen saber así lo manifiestan, lo mismo tienen razón y el resto no llegamos a esas entendederas.
Y si como decíamos, no hay mal que no pueda ir a peor, resulta que esos pequeños transportistas, villanos hoy y que fueron con absoluta razón elevados a la categoría de héroes en los difíciles y recientes tiempos de confinamiento se bajaron del camión y montaron en cólera porque no se atendían sus justas reivindicaciones. Trabajar está bien, pero que encima lo pagues de tu bolsillo... Se ha provocado desabastecimiento, cierre de empresas, problemas para agricultores y ganaderos con el cabreo general de una población que observa como en poco tiempo se desmorona el bienestar construido con el esfuerzo de tantos durante años.
Sumemos que esa inflación coyuntural, es decir, que duraría cuatro o cinco días (como las famosas previsiones de víctimas del coronavirus) ha venido para quedarse y estropear todos los planes presupuestarios del Gobierno tan fantasiosos en sus predicciones macroeconómicas. La cruda realidad es que ello está afectando a la economía mundial. Y por desgracia muy especialmente a la tan debilitada economía de nuestro país devastada como pocas por la pandemia y por su descontrolado gasto y deuda pública.
¿Qué hacen los que tienen en sus manos posibles soluciones? Pues nada parece haber cambiado con respecto a lo anterior: los mismos vicios, los mismos aliados, las mismas políticas, idénticas actitudes, más de lo mismo. No somos economistas y nos cuesta entender que no se tomen otras decisiones, pero lo cierto es que todos los países de la Unión Europea han optado con mayor rapidez por medidas de ayuda a la población. Algunos malintencionados opinan que con estos precios doblemente altos, se recauda doble cantidad en impuestos. Pues sí, eso está claro y no podemos discutirlo. ¿Pero esa puede ser la causa? No sé, no sé.
Los fondos bautizados con tan bonito y rimbombante nombre que nos llegan y llegarán de Bruselas han de suponer una inestimable ayuda, siempre y cuando se destinen a fomentar empresas y elevar los datos de empleo recuperando el tejido empresarial y abriendo el abanico a las nuevas tecnologías y sectores productivos. El empleo público ayudará pero no puede ser ni la solución ni el motor económico de ningún país. Tengamos presente que la mitad de esos fondos nos cae del cielo, pero los otros SETENTA MIL MILLONES DE EUROS son un préstamo que hay que pagar y el Banco Central Europeo manifiesta que ya se acabaron los tiempos de las vacas gordas. Toca, pues, empezar a pagar la ingente deuda pública acumulada y acudir a los mercados pagando los intereses que nos impongan.
Cuidado, pues, con el uso al que se destinan. No caigamos en malas tentaciones que luego salimos en busca del voto perdido, o por venir, creando un bono cultural en forma de cheque al portador por valor de 400 euros para los jóvenes que alcanzan con sus 18 años la mayoría de edad. ¿Será por lo del cumpleaños o por adquirir la facultad de votar? Algo me recuerda a Rodríguez Zapatero quien también usó idéntica estrategia antes de unas elecciones.
Esta semana hemos vivido el esperpento, uno más, del Congreso aprobando ese paquete de urgentes medidas por culpa de la Guerra, de la Guerra de Ucrania, dejémoslo claro. Gracias al apoyo “generoso” de Bildu, necesario por el cabreo de nacionalistas catalanes motivado por el conocido caso de espionajes a los líderes del golpe de estado, los partidos gobernantes han logrado sumar sin necesidad de pactar punto alguno con otros partidos que así se habían ofrecido. Cada cual busca los apoyos necesarios entre sus afines.
Y que conste que esto no es un asunto baladí ni representa un gesto de cortesía o amor patrio. Cada cual se lo cobrará en tiempo, forma y manera adecuada. Por lo pronto hemos abierto -perdón, el Gobierno ha abierto- de par en par las puertas de la Comisión de Secretos Oficiales, gracias a la brillante actuación de la Sra. Batet, y en la que cuatro representantes de ambos grupos nacionalistas tendrán sillón en la mesa de la citada comisión. Nada sale gratis, todo hay que pagarlo a precio de mercado más la inflación.
¡Ay, quién pudiera tener hoy derecho al bono, aunque fuera sin eurillos!
A cuidarse que el bicho, sigue campando a su capricho.

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