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Ricardo García Lozano : RELATO, Especial ‘Santiago y Santa Ana 2021’ LA GRIETA
el 11/8/2021 18:13:48 (35 Lecturas)

Me detuvo un extraño olor casi imperceptible... Busqué intrigado de dónde podía proceder. Era un olor malsano, rancio y antiguo; como cuando tras muchos años abrimos un baúl y hallamos moho y corrupción; abatía el ánimo con desesperanza e ideas de la muerte. Una pequeña grieta en el pavimento era el origen del olor; y se percibía con mayor claridad en su cercanía

Me aparté un poco y observé a los transeúntes; la mayoría pasaba sin percatarse del olor; algunos parecían percibirlo, y un gesto de desagrado y repugnancia se dibujaba en su rostro; luego sin detenerse pasaban aligerando el paso; como si aquello fuese una amenaza de la que no quisieran tomar conciencia. Mas vi con sorpresa, que en algunos el gesto era de satisfacción, como si aquella -para mí- fetidez les agradase, y noté preocupado que eran estos últimos los más numerosos.
Dos días más tarde, los noticiarios de todo el mundo informaban de los millones de grietas que habían salido en todo el planeta, algunas pequeñas como en los acerados o en las carreteras y autopistas; otras gigantescas como las aparecidas en los desiertos de Sahara y Atacama, que tenían kilómetros de longitud y centenares de metros de anchura. En los polos, en los campos de arroz y los campos de maíz y de algodón, toda la faz de la tierra estaba roturada con aquellas siniestras grietas.
La ciencia dio diversas y contradictorias explicaciones, lo único que pudieron hacer fue describir el fenómeno sin aclarar su origen. Pronto surgieron enfrentamientos entre los que consideraban que el olor era agradable y los que afirmaban lo contrario. Se debatió pública y copiosamente el asunto, y hubo enconadas opiniones sobre los participantes más que sobre el olor en si. Quedó claro que los autodenominados “fragantes” defensores del buen olor eran muchos más numerosos que los “pestilentes”, que así fueron llamados a modo de insulto, los contrarios a su pesar. Los indiferentes, conocidos como los “neutros”, en su mayoría, bien por dinero o por promesas, fueron captados por los “fragantes” de modo que su número llegó a ser abrumador. Las diversas Confesiones, los distintos Estamentos, todas las Instituciones se alinearon con los “fragantes”, pues eran una amplísima y muy activa mayoría.
El origen y el olor de la grieta también originó encendidas polémicas; unos hablaban de su origen sobrenatural y lo consideraban el aviso de un glorioso futuro. Otros que era de origen extraterrestre y que anunciaba la venida de enviados de otros mundos. Otros, que era una invitación a que el mundo rectificase su comportamientos y fuese gobernado con firmeza para erradicar los desvaríos de los intelectuales, el relativismo, el indiferentismo, la libertad de pensamiento, la libertad de opinión, y otros muchos errores del mundo moderno. Estos últimos lograron aglutinar junto a ellos la mayor parte de las facciones de los “fragantes”. Muchos de los que aducían un origen extraterrestre del fenómeno, se unieron a la facción autoritaria restrictiva puesto que decían que el mensaje coincidía con lo que aquella facción decía; si bien es cierto que unos decían que el mensaje procedía de la estrella Arturo, otro de Sirio y algunos hasta de la gigante roja Betelgeuse.
Tal vez parezca difícil imaginar cómo personas formadas e intelectualmente solventes podrían sostener aquellas patrañas. La presión popular era tan enorme, que se habían dado ya casos de jueces, intelectuales y científicos, que habían sido abucheados e incluso algunos apedreados por turbas enfurecidas de fanáticos “fragantes”; el miedo, y en algunos casos, el mantenerse en el puesto los llevó a unirse a aquella locura.
El proselitismo creció de tal modo, que los “fragantes” se sintieron con fuerza para crear una poderosa organización, el denominado Consejo Superior de Fragantes Unidos, más conocido por sus siglas CSFU, que en muy poco tiempo apoyados por todas las distintas instituciones y sobre todo por una ingente masa de fanáticos, destituyó a su antojo, presidentes, suprimió los sistemas democráticos que aún quedaban, y comenzó a emitir órdenes de obligado cumplimiento en todos los países. De ese modo la mujer paso a estar subordinada al hombre; fue destituida de cualquier cargo y se le negó el derecho al trabajo, su dedicación debían ser los niños, la cocina, y la iglesia; lo que en la Alemania Nazi se conocía como la tres K: “Kinder, Küche, Kircher”. Cualquier desviación de la doctrina Fragante era castigada con la muerte. Se intervino la cultura, la ciencia y el pensamiento; la prensa libre dejó de existir. Se creó un grupo especial de matones y criminales, que con el apoyo de la autoridad acosaba y en muchas ocasiones mataba a simples ciudadanos por capricho, y nada se podía hacer contra ellos porque gozaban de absoluta impunidad.
Además, grupos de fanáticos a cualquier hora del día o de la noche, elegían a algún transeúnte obligándole a oler la grieta, metiéndole casi la nariz en la hendidura, y si veían en su rostro un gesto de repugnancia, era allí mismo golpeado hasta matarle. Fueron en algunos casos denunciados, pero no se les aplicó ningún castigo; e incluso hubo casos en que fueron condecorados. Varios sospechosos de ser “pestilentes” fueron rociados con gasolina y quemados. Como ya dije, la libertad de opinión, de pensamiento y prensa fueron suprimidas, los derechos humanos pisoteados, la inteligencia despreciada y la cultura escarnecida. Se exigió un juramento por el que se comprometían a denunciar a cualquier “pestilente” que se conociera; y se autorizó a darle muerte, si había posibilidad de que escapase a lo que ellos llamaban “justicia”.
Los no fanatizados sabían de sobra que lo del olor y la fragancia era una útil excusa para hacerse con el control de la sociedad, y era seguro que, en su mayoría, los fanáticos no eran capaces de distinguir un olor de otro; pero el pertenecer a un grupo al que todo se le permitiría, atrajo a lo peor de la sociedad.
Nuevas grietas junto a las ya existentes, habían seguido apareciendo, que parecían sugerir la forma ovoide de un huevo; alguno de ellos de gigantescas dimensiones, como el más grande de los aparecidos en Sahara que tenía seis kilómetros de largo y tres de ancho; y solo podía verse bien cuando se volaba a gran altura. Cada grieta que se añadía al dibujo le hacía parecer más y más perfecto en su forma
Cuando el huevo estuvo ya casi totalmente formado, se inicio una subsecta de los “fragantes”, conocida como los “ovolatras”, que propugnaban la creencia de que ese huevo indicaba la llegada de unos seres superiores, que conducirían a la humanidad a un nuevo y glorioso destino. El Consejo de los Fragantes dio permiso a la secta, porque así los entretenía y anulaban el espíritu crítico que aquella aborregada masa aún pudiera tener.
Justamente dos años después de haber aparecido la primera grieta, todos los dibujos del huevo del mundo aparecieron rotos; y a su lado dibujado con las mismas grietas y una perfección aterradora, la imagen de la altamente venenosa serpiente cobra en posición de ataque con la boca abierta, y los terribles colmillos dispuestos para tal ataque. Solo los “pestilentes” pudieron distinguir, entre los colmillos, una muy tosca cruz gamada, como presagio de que las sombras cubrirían las cicatrices de la tierra, un mundo roto se sumiría en la oscuridad; y la humanidad se precipitaría en el abismo de la locura.

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