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Pedro Rodríguez Bermejo : INTERZONE · ZONA DE CINE
el 17/12/2020 10:20:00 (34 Lecturas)

LOS MALES DE UNA SOCIEDAD CLASISTA

“MANO DE OBRA”

DIRECTOR: David Zonana.
INTÉRPRETES: Luis Alberti, Horacio Celestino, Hugo Mendoza, Jonathan Sánchez-Galera, Francisco Díaz.
GÉNERO: Drama social / DURACIÓN: 82 minutos / PAÍS: México / AÑO: 2019.


Ópera prima del director mexicano David Zonana que había realizado el rodaje con un trío de cortometrajes interesantes: Princesa, Sangra alba y Hermano. Mano de obra sigue a Francisco (Francisco Alberti) un obrero que junto a una cuadrilla de albañiles trabaja construyendo una lujosa casa en la Ciudad de México. Tras la muerte accidental de su hermano en la obra, Francisco se entera de que su cuñada, ahora viuda, no recibirá ninguna indemnización por parte del dueño de la casa. Él, junto con los demás albañiles, buscará justicia no sólo por la nula compensación, sino también por una vida rebosante de carencias, contrastes y opresión.

Con un libreto firmado por el mismo director y una pluscuamperfecta interpretación del protagonista casi absoluto Francisco Alberti, Mano de obra es una pequeña joya que se impone como una funesta fábula sobre los males de nuestra sociedad clasista y cómo los diferentes estatus generan desconfianza, egoísmo, revanchismo e incluso pueden destruir los lazos de amistad, empatía y solidaridad en apariencia sólidos entre las clases más desprotegidas y marginales. Así, se hace necesario escuchar la voz y la punzante mirada de Zonona sobre las desigualdades sociales aunque sólo sea como advertencia, pues ese sustrato puede transformarse en un campo de minas donde pueden explotar los radicalismos y la violencia, casi siempre generada por los abusos contra los trabajadores asqueados de malvivir en la miseria.

Un albañil pierde a su hermano en un accidente laboral y el propietario del caserón, alegando que estaba ebrio cuando cayó del tejado, niega cualquier legítima compensación a su viuda embarazada. Será el germen de una venganza ideada por Francisco como respuesta a la opresión, a la mano de obra barata y la falta de cotizaciones de un salario ínfimo cobrado en mano… y lo peor, Francisco, corroído por la rabia, sabe que su hermano no probaba el alcohol, lo sabe su cuñada y lo saben todos, por lo que el motivo que alega el dueño de la casa es un burdo infundio. Poco a poco Francisco se irá tomando sus pequeñas revanchas hasta que idea un plan de ocupación colectiva del lujoso caserón.

Mano de obra acabará exponiendo una moraleja devastadora sobre la condición humana, porque la realidad es cruel e impenitente, y el resentimiento una sustancia viscosa que nubla el sentido común. El propietario de la mansión vive parapetado tras un muro burocrático (“la oficina”) que vela por sus intereses. Todo es opaco y él un ser inaccesible para ese vulgar grupo de mugrosos obreros. Pero Francisco sabe que no es intocable y ante su continuo desprecio y la negativa a reparar parte del daño con una indemnización a su cuñada, optará por una solución atroz y desesperada e instalara a los olvidados de Dios en el paraíso para que cometan los mismos vicios que antes condenaban. Tal vez ignora que las revoluciones sólo sirven para cambiar una casta por otra. Y tú lo sabes, Pablo Iglesias.


MIS PELÍCULAS FAVORITAS

“SERPICO”

DIRECTOR: Sidney Lumet.
INTÉRPRETES: Al Pacino, John Randolph,
Jack Kehoe, Biff McGuaire, Cornelia Sharpe,
Barbara Eda-Young, John Medici.
GÉNERO: Thriller / DURACIÓN: 130 minutos / PAÍS: EE.UU. / AÑO: 1973.


Perteneciente a la Generación de Televisión, Sidney Lumet debutó en la pantalla grande con la obra maestra de tono teatral Doce hombres sin piedad (1967) que cuenta con un elenco impagable. Serpico fue la primera colaboración del director con el actor Al Pacino, ya convertido en una estrella tras su participación en El Padrino en el papel de Michael Corleone. Su segunda y última colaboración sería con Tarde de perros (1975), otro de sus thrillers más celebrados en el que Pacino forma pareja con el recordado y mítico John Cazale. Esas dos únicas colaboraciones son reivindicadas hoy como dos de las películas más icónicas del cine estadounidense de los años 70.

Basada en la historia real de Francesco Vincent Serpico, oficial de la policía de Nueva York que ganó fama en 1971 al convertirse en el primer policía en declarar como testigo en un juicio contra la corrupción sistemática del departamento. Con un guión de Waldo Salt y Norman Wexler basado en la biografía que escribió del personaje Dick Maas, con una excelente partitura de Mikis Theodorakis y una potente iluminación a cargo de Arthur J. Ornitz, la película, en el contexto de los convulsos años 70 en Nueva York, sigue a Frank Serpico (Al Pacino), un policía íntegro y de inviolables principios que, a diferencia de sus colegas, jamás se dejó sobornar y por eso se ganó la enemistad de sus compañeros de profesión, de los cuales sólo recibió amenazas y viéndose expuesto a situaciones muy peligrosas.

Serpico siempre quiso ser policía, de ahí su frustración cuando tras graduarse en 1960 en la academia, todo su mundo se derrumbe tras constatar la asquerosa ciénaga de corrupción en la que se mueven sus colegas ante la ceguera o beneplácito de sus superiores. Tras varias denuncias en vano para que los altos mando inicien una investigación interna sobre la corrupción, Serpico contacta con el New York Times para contar el caso y hacerlo público. Estamos ante una de las más excelsas películas de la dilatada carrera de Lumet con la base de uno de sus temas recurrentes (la corrupción de las instituciones), con una pluscuamperfecta actuación de Al Pacino dando oxígeno a un nuevo tipo de héroe insobornable. La función que cuenta con un potente trabajo de localizaciones, trasciende la simple crónica policial para dar forma a un relato dramático emotivo en medio de un paisaje urbano caótico en donde la honradez parece ser un valor a la baja.

Porque de eso se trata Serpico, de la lucha de un hombre solo contra el cáncer de la corrupción generalizada en la policía y la impotencia que siente cuando todos los poderes a los que acude para denunciar esas delictivas prácticas le dan con las puertas en las narices. Cabe resaltar que las relaciones amorosas que vive Serpico resultan tan fugaces como tristes. Tanto su relación con una bella bailarina de ballet, que lo deja para casarse con un tipo adinerado de Texas, como la más intensa y lacerante que desarrolla con su vecina, una enfermera de hospital, se acaban frustrando por el infierno doméstico que se deriva de la obsesión de Serpico por buscar una salida a la tensa situación que está viviendo y que acaba contaminándolo todo. Policía de paisano, Frank Serpico viste desaliñado, con un estilo hippy, estudia español, es amante de la vida bohemia, lleva el pelo largo, bigote y barba poblada, no quiere ser un héroe, sólo cumplir con su deber, hacer bueno el lema policial de proteger y servir. Rodada con sobriedad, Serpico resulta dinámica tanto en su expresividad narrativa como en las escenas de acción de persecuciones a pie o en coche. El clímax final, crudo y sin moralinas, nos habla del peligro y el sacrificio que supone transitar con rectitud por un camino plagado de podredumbre y trampas. La música de Theodorakis pone la nota melancólica a una amarga victoria. El héroe dice adiós. Está asqueado, se marcha lejos. Uno de los mejores films de Lumet.

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