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Guadalupe Mancha Trigueros : LA MORACANTANA, ‘DESCOMPLICACIONES’
el 14/8/2020 11:21:56 (42 Lecturas)

ECHABA DE MENOS ESOS DÍAS TEMPRANOS DE OCTUBRE QUE OLÍAN A HORA DE IR AL COLEGIO. CUANDO EL MUNDO PARECÍA ESTAR AÚN DESPEREZÁNDOSE. SENTIR IMPACTAR EL AIRE FRESCO DE LA MAÑANA EN LA CARA TRAS SALIR A LA CALLE Y COMENZAR EL DÍA DANDO UN PASEO HASTA LLEGAR AL LUGAR DONDE DURANTE TANTOS AÑOS HA SIDO CASI MI SEGUNDO HOGAR. LO PIENSO A MENUDO Y AÚN NO ME CREO QUE HAYA PODIDO TRANSCURRIR TANTO TIEMPO...

Uno piensa que algún día, en algún momento, comenzará una vida distinta a eso: su vida de verdad. Sin darnos cuenta que aunque fuera había (y hay) todo un mundo esperando, nuestra vida ya había comenzado y eso tan solo era una continuación. Días en los que nos creíamos todos muy adultos y no era para nada cierto. Al final cuando creces, descubres que el mundo está lleno de niños cuya apariencia exterior se ha ido deteriorando, eso es todo y que el mundo adulto está lleno sobre todo de decisiones irresponsables de niños con barba y con tacones (y sí, digo niños porque hasta donde yo sé, “niños” es género neutro plural... qué a gusto me he quedado, porque estoy ya más que harta de que todo lo que se dice tenga que tener masculino y femenino incluso aunque para ello tengan que inventarse el término y además no se utilice correctamente...)

‘Vacaciones Santillana’
Así se inauguraban los veranos televisivos de mi tierna infancia. Terminaba el cole, pero inmediatamente se escuchaba en las radios y televisiones ese anuncio...
Bonito lugar Santillana del Mar, en Cantabria, también patria querida. Lugar de viaje de novios de mis abuelos allá en aquellos años en los que la vida transcurría más sencilla. O puede que no, que simplemente lo pareciese ahora ya visto desde la perspectiva que marca el cariz de otros tiempos convulsos. Quizás fuera más aceptada, más desacelerada. A ese ritmo sereno a medio camino entre “esto es lo que hay” y “no nos queda otra”.
Siempre son tiempos difíciles para la generación que le toca vivirlos. Solo que tal vez ésta no se preguntase tanto en esos momentos si de veras era así. En una civilización cuya tendencia es la queja perpetua, tal vez porque forma parte de nuestro ser, lo cierto es que tiramos adelante con lo que nos echen. Siempre ha sido así desde que el Ser Humano es Ser Humano. Y seguimos en esa tónica en la que la vida nos recuerda que, como en la época del hombre de las cavernas, la tranquilidad y la seguridad son quimeras mentales y hemos de poner en guardia nuestro sistema de alerta de vez cuando para al menos tenerlo entrenado y cuando proceda saber que no va a fallarnos y que podremos distinguir una amenaza real para ponernos a salvo junto a los nuestros.
A salvo. Qué es exactamente eso de estar a salvo, me pregunto. Es una sensación o podría ser un espejismo. Algo irreal, que proyecta nuestra mente para protegernos. Hacía tiempo que le daba vueltas a este estado. Tal vez era algo así como el ejercicio más honesto de aceptación de una circunstancia que se escapa a nuestro control, pero ante la que hemos de luchar por salir bien parados. Como una especie de equilibrio vital, de equilibrio de los tiempos, pero dentro de uno mismo. Porque a veces una se afana por apilar el caos colocándolo, como si de figuritas de madera del Kapla se tratase, una encima de otra, intentando que encajen, esforzándome en encontrar desde fuera una figura abstracta en la que puedan quedarse todas ensambladas y puedan sostener el equilibrio, pero, de pronto alguna decide que es hora de tambalearse y..., hay que volver a revisar cuál de ellas ha sido el talón de Aquiles. Andaba inmersa últimamente intentando descomplicarlo todo, que ni siquiera simplificarlo. Vivir día a día, sin pedirme ya no digo mucho, sino sin pedirme nada. Pero incluso algunos días algo tan simple da bastante pereza. Simplemente vivir ese día con todo lo que contiene, sin pensar en ayer ni en mañana. Por una vez ser benevolente conmigo misma como lo he sido también con muchas personas hasta el día de hoy que no se lo merecían, pero que en ese momento yo juzgué que sí, porque todos nos merecemos que nos quieran mucho cuando más lo necesitamos. Y no es fácil vivirlo todo con plena consciencia, porque a veces uno no sabe cómo hay que vivir las cosas porque no ha vivido antes, y no tiene referencias, y las referencias al fin y al cabo son importantes, por mucho que una no sea de hacer planes y de gustarle improvisar. La improvisación, puede ser una buena aliada cuando echas la vista atrás y ves que muchos de tus planes ya no podrán ser. Pero bueno, los planes sólo son planes y lo bonito de la vida es que igual que es capaz de sorprendernos para mal, también puede hacerlo para bien. Al final para mal o para bien lo determina el que todo depende un poco de lo que tú decidas aprender, de quedarte con lo que te va a hacer más grande como persona, con lo que vas a reflexionar y poner en práctica para la próxima, con lo que nunca jamás se te ocurrirá repetir, con lo que seguro sí o sí volverás a intentar una y mil veces hasta que te salga...
Feliz Santiaguito, feliz verano, queridos lectores del Semanario. Y recordad que la salud siempre fue lo más importante. Ahora más que nunca nos toca a todos seguir siendo responsables.
Un fuerte abrazo a todos. ¡¡Querámonos y Cuidémonos mucho!!

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