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Editoriales, Carlos Lamas : EDITORIAL, NI BULOS NI CENSURAS
el 7/5/2020 18:46:32 (48 Lecturas)

DOCTORA, ESPERO QUE AL RECIBO DE ÉSTA ESTÉ USTED BIEN DE SALUD, QUEDANDO YO ENTONCES EN PAZ, AUNQUE ENCLAUSTRADO. POR AQUELLO DE JUNTOS PERO NO REVUELTOS, DEBEMOS MANTENER LAS DISTANCIAS, CON GRAN PESAR, QUE LO SÉ, POR SU PARTE, Y ESTOICISMO, POR LA MÍA. ME VUELVE A REITERAR SUS QUEJAS, QUE NO BULOS, DE LAS ÚLTIMAS SEMANAS EN CUANTO A LA FALTA DE MATERIAL Y MEDIOS –MASCARILLAS SINIESTRAS APARTE- PARA EJERCER CON SEGURIDAD SU LABOR Y LAS DE MIS QUERIDAS Y ABNEGADAS ENFERMERAS, QUE SIGUEN ARRIESGANDO LA VIDA POR OBLIGACIÓN, Y DOY FE, APUNTANDO AQUÍ SU QUEJA. ESA MISMA FALTA DE SEGURIDAD LES CAE TAMBIÉN A LOS PACIENTES, POR SUPUESTO. Y LUEGO ESTÁ EL TEMA DE QUE SIGUEN USTEDES PIDIENDO TEST, PARA TODOS, NO YA SÓLO PARA LOS QUE TIENEN SÍNTOMAS; Y NI ESO. NI PARA UNOS NI PARA OTROS. PARECE QUE QUIEREN QUE SIGAN LOS CONTAGIOS PERO QUE NO SE NOTE EN LAS CIFRAS, NI QUE HAYA BAJAS EN EL PERSONAL. Y ES COMO PARA INOCULARLE A UNOS CUANTOS INÚTILES, CEPAS DE VIRUS EN SU MÁXIMA PUREZA. SI CUALQUIERA DE ESTOS ‘RESPONSABLES POLÍTICOS’ QUE NOS MIENTEN, QUE NOS DESORIENTAN, Y DESGOBIERNAN AUTORITARIAMENTE, EJERCIERAN SU LABOR EN LA EMPRESA PRIVADA, HABRÍAN SIDO ECHADOS POR SUS JEFES SIN MIRAMIENTOS NI INDEMNIZACIÓN, POR BÁRBAROS, CÍNICOS, HIPÓCRITAS, PELIGROSOS, MENTIROSOS Y NEGADOS. Y POR CHULOS. Y POR LLEGAR SIEMPRE TARDE. CADA DÍA CAMBIAN LAS PAUTAS Y LA METODOLOGÍA PARA EMBARRAR EL TERRENO Y HACER PARECER, CON LAS CIFRAS MALDITAS, QUE LO HACEN BIEN, PERO YA NADIE LES CREE, DOC, COMO AL QUE HACE LAS ESTADÍSTICAS DEL CIS (CENTRO DE INVESTIGACIONES SOCIOLÓGICAS), QUE MANIPULA MÁS LOS DATOS QUE ARGUIÑANO LOS INGREDIENTES

Déjeme que le diga que no conozco a ningún científico en persona, ni siquiera creo haber hablado con alguno en mi vida. Experto, lo que se dice experto, no tengo a ningún amigo o amiguete, en materia alguna. Por no tener, no tengo ni quien me dé consejos ni quien me asesore. Y por orgullo, o por lo que sea, no consulto con casi nadie, ni pido opinión al respecto. Ni siquiera me fío demasiado de su parecer, Doctora, permítame la salvedad, ahora que estoy distante y a salvo. Pero le diré, no obstante, que no pienso salir de aquí dentro, más que para las cuatro cosas obligadas, hasta dentro de 90 días, al menos, así Sánchez siga diciendo en sus misas sabandeñas que todo va bene, y sus ministros, expertos y sabios asesores, que habrá que ir saliendo, desalojando, o sea, las mujeres y los niños primero. Y que -esto lo repetirán una y otra vez, sin descanso- si algo va mal, la culpa será de padres, hijos o espíritus santos.
Esa es una manipulación recurrente de los progres, echar las culpas a los que no comprenden, no saben aunque contestan, no hacen caso, no ven el verdadero sentido intrínseco de las cosas, al ejecutar las órdenes, que ellos, los jefazos, nos dan con su habitual claridad y talento. A cada paso se inventan subterfugios para encontrar un culpable cualquiera -que no sean ellos mismos- para que nos pase lo que nos pasa. Pero, digo yo, hijos de dios, cómo vamos a eliminar el acuartelamiento si aun no hemos empezado con el ABC del combate contra el virus. Si no se han hecho los análisis y pruebas fundamentales, siquiera; si las residencias de ancianos siguen siendo trincheras abandonadas; si el personal sanitario está hecho unos zorros, a base de la falta de todo lo que necesitan y de todo el riesgo que corren; si los hospitales están en ruinas tras los bombardeos que han sufrido; si las ayudas, ni para unos ni para otros, llegan; si en la calle y en los edificios reina la desconfianza, o si desde todos los sectores no hay más que dudas, angustias y quejas.
Sabemos por las evidencias que la gente ante la sospecha de tener el virus, prefiere sufrir en casa que correr más riesgos en el hospital; sabemos también que los curados –curados por ahora, sólo por ahora- salen tocados y nadie asegura que libres del virus; sabemos además, que los responsables piden responsabilidad a los ciudadanos, evadiendo su verdadera responsabilidad ante el desastre; sabemos, eso sí, que estos mismos responsables nos piden que tengamos respeto al virus y que seamos serios, y nos da la risa floja; sabemos que comenzarán recién ahora con un estudio de prevalencia para conocer la magnitud de la pandemia, en unas 36.000 familias y cuyos resultados estarán en 15 días (en 30 ó en 100, no se sabe), según aseguran las autoridades, con lo que sabemos una vez más que, hoy por hoy, poco o nada saben.
Me decía un amigo enteradillo que hasta ahora, para hacer los test rápidos, se te acercaba un tío con bata blanca y te preguntaba si creías tener el virus. Si le decías que no, te señalaba que entonces efectivamente no lo tienes; pero si le decías que sí, te interrogaba que entonces para qué hacértelo, que no van sobrados de ‘testes’, como los del fútbol. En cualquiera de estos casos el tipo apuntaba ‘rápidamente’ (por lo de los ‘test rápidos’) en la planilla: un negativo más. Esto es un chiste, claro, pero a que parece casi real ¿eh?
Así las cosas yo, con mi irresponsabilidad habitual sugeriría al personal armarse de ánimo, paciencia y valor, aunque también de serena y lógica preocupación, pero lanzando el miedo por el balcón, o por la ventana del patio compartido, para echarlo de nuestro espacio propio y común. Y como no soy político, ni tengo que quedar bien con nadie, ni aprobar a todos los estudiantes, les recomiendo que mejor mantengan a los niños en casita, aunque sea volviendo a ver esas fotos viejas que ya conocen los críos de memoria, a pesar de la opinión posible en contrario de esos malditos enanos, de esos locos bajitos. Ministros incluidos.
Y en cuanto a lo económico, medio arruinados ya como estamos, digo que nos busquemos como fuera las habichuelas en el día a día (aporreando puertas, si es necesario), sin pensar en ruinas futuras, que las habrá, en lo personal y como país. Porque, por ejemplo, no habrá en un futuro cercano, quien nos visite libre de preocupación y miedo, con las cifras de infectados -falsas, cortas, pírricas, diría- a la vista. Aunque las culpas no sean del chino, del perro o del murciélago, sino de quien no le da de comer, o de quien se lo come. O de Batman.
Confinadísimas tardes.

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