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Antonio Mª Flórez Rodríguez : GENIO Y FIGURA, VENEZUELA HOY (III)
el 16/6/2019 20:33:44 (220 Lecturas)

“Hola, Antonio, ¿cómo estás? Te escribo desde Cúcuta. Llegué esta mañana. Vine a solicitar el pasaporte colombiano. Tengo la nacionalidad gracias a mis padres, detalle que en este momento significa la posibilidad de sobrevivir al caos que vivimos en Venezuela...”. Así me escribió hace unos días Elsa Sanguino, una artista venezolana amiga mía que vive en San Cristóbal (ciudad fronteriza con Colombia), pero con buena parte de su familia radicada en Chile desde hace dos años por lo insostenible de la situación que vive el país

Ella, que jamás se había planteado la posibilidad de migrar, ahora lo considera seriamente, a pesar de todo lo que ama a su país, a su casa, a su taller y las cosas que crea como artista, que confiesa amargamente son lo que la sostienen a flote. Bueno, y también las remesas para alimentos de sus familiares en Chile, que la ayudan a sostenerse medianamente. “Crear es para mí una forma de no enloquecer... (pero) Esto agota. Deprime”.
Agota y deprime porque la situación allí se vuelve cada vez más grave, especialmente para la población no afecta al régimen de Maduro. Los problemas de suministro de alimentos y de medicinas son cada vez más dificultosos, pero también los servicios básicos de agua, luz, gas doméstico, la recolección de basuras y el transporte público, que es cada vez más deficiente y precario.
Maduro, desde el final de su presidencia legal en enero, es un impostor que usa argucias antidemocráticas para detentar un cargo que ya no le pertenece porque se ha saltado el orden constitucional; y Guaidó, el presidente interino hasta que haya unas nuevas elecciones está actuando dentro de la estricta legalidad constitucional. Pero el uno se aferra al poder y lo ejerce con el apoyo de los militares y el de Rusia, China y Turquía, con grandes intereses económicos en el país; y el otro no tiene la fuerza militar ni económica suficiente para “normalizar” la vida institucional del país, a pesar de la razón democrática y del apoyo de Estados Unidos, Colombia, Brasil y algunos países de la Unión Europea. Varias acciones ocurridas durante las últimas semanas han estado a punto de tumbar a Maduro y su camarilla, como los episodios de la ayuda humanitaria en la frontera, las manifestaciones multitudinarias en la calle, la adhesión de algunos militares que resultó insuficiente, aparte de las amenazas continuas de intervención militar por parte de Estados Unidos que de momento se han quedado en meras bravuconadas.
Otro amigo, este radicado en Caracas, intelectual reconocido (que nos pide obviemos su nombre para proteger a su familia y a sí mismo, ya que “Aquí han allanado casas y secuestrado a personas; sabes cuándo te "detienen"... pero no sabes cuándo te soltarán ni en qué condiciones”), nos refiere que las cosas en Venezuela están muy agrias. “Tenemos esperanzas de que este mismo año salgamos de la mafia que se enquistó en el poder, pero todo apunta a que esta salida no tendrá lugar sin pasar antes por una intervención armada de fuerzas multinacionales comandadas por Estados Unidos”, intervención que podría ocurrir en las próximas semanas.
Gustavo Álvarez Gardeazábal, destacado escritor colombiano, dijo recientemente que cualquier cosa que pase en Venezuela afectará a los colombianos, no sólo por la cercanía geográfica y los mutuos intereses económicos, sino también por la crisis migratoria desatada y que tiene como principal receptor de expulsados por el hambre y la inseguridad a Colombia. Y lo peor que podría ocurrir sería la invasión o la guerra civil. “Probablemente cualquier cosa que finalmente suceda en el vecino país, ya sea que Maduro resulte reemplazado por alguno de sus 3.000 generales o se quede atornillado en el poder como los tantos dictadores que su patria ha tenido. Alguna cosa, repito nos tocará a los colombianos de refilón o de bataclán. Ya tenemos bastante con los problemas sociales de los exiliados en territorio patrio. Pero falta saber si ese país se recupera o se hunde económicamente y ya sea lo uno o lo otro, el pato lo pagamos nosotros”.
No obstante, durante los últimos días hemos notado una relativa calma chicha en el país hermano y en las preocupantes noticias que de él nos llegan. Seguramente tiene que ver con las conversaciones cuasi secretas que se están adelantando en Oslo auspiciadas por el gobierno noruego entre representantes del “madurismo” y los delegados de Guaidó, a pesar de la aparente disconformidad de Donald Trump y del Grupo de Contacto liderado por México y otros países latinoamericanos. El problema sigue siendo la renuencia de Maduro a aceptar que su cargo actual es ilegítimo, a aceptar su responsabilidad en la crisis y a pactar una consulta electoral no contaminada y justa en la que puedan participar todos los actores políticos venezolanos sin coacciones ni tergiversaciones.
Esperemos que todo esto permita una resolución no armada del conflicto, fatal circunstancia que teme mucha gente allí (y uno mismo), por las graves consecuencias para la región que esto tendría, pero especialmente para que como nos cuenta Elsa Sanguino, no se vea más morir niños y ancianos por falta de medicamentos, para que los locos no deambulen por la calle, para que los índices de ansiedad y depresión disminuyan al igual que los suicidios, y para que no haya más gente flacuchenta escarbando en los basureros buscando algo de comida, y para que sus harapos no les cuelguen más sobre su cuerpo como si fueran ganchos de ropa o se parezcan a un horripilante espantapájaros.

Antonio María Flórez
Don Benito, 4 de junio de 2019

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