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Mariano Escobar Muñoz : OTRA MIRADA , COMO UN ESCRACHE
el 1/2/2019 18:02:35 (193 Lecturas)

Hay acciones que, si se convierten en costumbre, en hábitos, pueden derivar en más que un problema; sobre todo, cuando la costumbre es consecuencia de una impunidad solamente cimentada en los efluvios de ese licor llamado poder; más aún si ese poder es absoluto y se ejerce con el despotismo más iletrado que imaginarse pueda

Uno de esos tipos, practicante de esa especie de onanismo virtual, anda suelto por Villanueva y además se pavonea por calles y avenidas con una varita mágica en la mano con la que iluzsiona a sus fervientes acólitos y golpea en la cabeza de esos cuatro monos que se atreven a decir que si este pueblo es puntero en alumbrado navideño, en participación ciudadana de todos los grupos y asociaciones que sostienen su gobierno municipal, en concesión de medallas y títulos de hijos adoptivos y predilectos, en la calidad de su piscina y parque de atracciones para perros, del mayor y mejor aparcamiento de autocaravanas de Extremadura, pero que también lo es en índices de paro, de despoblación y de comercios y negocios cerrados, o sea, a los que hablan mal de la ciudad que entre Él y un todos los que creyeron y siguen creyendo en Él han conseguido.
Y por las noches, en el descanso palaciego tras consumir otra jornada rompiéndose el lomo (por una mísera soldada de 70 y tantos mil euros) para mejorar las condiciones de los más desfavorecidos, dedica una pequeña y cuidada encíclica a sus seguidores animándoles, desde las redes sociales (que como todo el mundo sabe es un lugar donde el debate es de lo más democrático e igualitario) a seguir creyendo y a aislar a los que no tienen ideas para ofrecer ilusión y esperanza.
No, no es una jaculatoria desde el balcón de su Plaza de Oriente; es el señor Gallardo, cuesta abajo y sin frenos en su patética verborrea que tiene menos registros que el discurso de César, el protagonista de la saga El Planeta de los simios; o un Trump cualquiera que, con su astracanada permanente, sublima, vaya usted a saber, qué tipo de complejo de inferioridad.
Pues ahí le tienen; a los malos villanovenses, a los poco patriotas, a los que no adoran al becerro de oro, hay que aislarlos; en una arenga impensable en el siglo XXI, en un país supuestamente civilizado y democrático y en un político que tiene el paraguas de un partido que estando en el poder frecuenta el discurso de la igualdad, de la tolerancia con la diversidad, de la inclusión, del respeto a las minorías; ahí le tienen, dinamitando y desmintiendo todo lo que dice su partido. Ahí le tienen en un discurso excluyente, con el estribillo de aquel infame y aún no lejano del "a por ellos, oé, a por ellos oé..." digno del más repulsivo falangismo de la posguerra.
Los que nos damos por aludidos, por antipatriotas amantes de la verdad y de la crítica constructiva, no nos escandalizamos ya por nada de lo que diga o haga este personaje que, con las mismas acciones y bajo otras siglas sería catalogado de fascista, racista, clasista y dueño de un supremacismo ridículo en un tipejo que no aguanta medio asalto dialéctico de cualquier primate de medio pelo; aunque todo podría ser consecuencia, no de una maldad reflexiva sino de una ignorancia crapulosa; con la millonada que nos cuesta ya podían llevarle a que lo viera alguien.
Ni nos sorprendemos ni nos preocupamos porque no somos pocos los que, por gracia suya, ya estamos aislados en este pueblo. Por lo menos, el 30 por ciento que no tenemos obligación de votarle, porque no vendemos nuestro voto, estamos apartados de los disfrutes que da el poder al margen de las obligaciones de igualdad, equidad y universalidad. Estamos ya tan aislados que los sastres no nos visitan para tomarnos las medidas con que hacernos el traje que nos regale uno de los puestos de trabajo que inventan para sus allegados, compañeros y descendientes; alislados, y por tanto excluídos en las pruebas selectivas donde no pasamos de un 6 frente y el allegado del traje a medida se clava sospechosamente en el diez; excluidos de que nuestro posible riesgo de exclusión social no provoque el acceso a un informe favorable que nos lleve directo a un puesto de trabajo de recientísima e innecesaria creación. Estamos aislados porque nadie sabe, ni nos pregunta, por si no podemos y los servicios municipales nos echan una manita y nos pintan la fachada de la vivienda por la cara. Estamos aislados y no nos llaman para trabajar en Navisa porque no llegamos al grado de especialización de los de siempre. Estamos aislados porque no podemos concursar a las obras del Ayuntamiento porque el equipo de Gallardo las adjudica a dedo.
¿Qué se supone que quiere decir este todopoderoso señor cuando anima, arenga a sus fieles a que vengan a por nosotros y, como en una película americana, los buenos aíslen a los malos, a los sin derechos, a los desahuciados de las prebendas de este podrido poder?
Habitualmente se aísla a aquello que puede ser un peligro para el resto. Se aísla a un enfermo contagioso, pero también, y aquí encajaría el modelo Gallardo, por peligros diferentes a la salud física, esa que provocaría un peligro aún mayor. En demasiadas ciudades y pueblos hay barrios enteros de etnias monocolores; los países imperialistas siempre han aislado con bloqueos ignominiosos a los que se apartan de la raya, y los nazis aislaban a los judíos como primer paso para su eliminación; se aísla en la propia cárcel a los presos peligrosos; se aísla a los sospechosos de delitos en los comienzos de sus procesos; se aísla y elimina a lo y a los que dan mala imagen. Gallardo pretende aislar a todo aquel (o aquella) que no se arrodilla a su paso; a todos los que cuestionan sus atropellos; a todos los que se atreven a ponerle un espejo frente a su cara; a los que no muestran sumisión a su poder omnímodo y a los que se ríen en su cara por su patética figura; a los que, en lugar de aplaudir y loar su inexistente y fastuoso traje, gritan sin temor que todo es mentira, que, como el rey, el alcalde está hueco y va desnudo.
Y lo más cierto de todo; este individuo, encumbrado en la imagen de un santo con dos pistolas. lo que tiene es un miedo pavoroso a todo el que pueda pedirle cuentas de sus tropelías políticas, que exista alguien enfrente, que se le oponga, que ponga en peligro sus increíbles privilegios. Si por él fuera, además de aislados, estaríamos excluídos de los derechos más esenciales.
Como le decíamos a Franco: aquí estamos los de siempre, el pueblo soberano; los que nos vamos a partir de la risa cada vez que tengamos que verle y más aún si tenemos que escucharle. No se moleste en aislarnos y exluirnos porque ya lo ha hecho parapetado tras su absurda y ridícula impunidad. Usted no usa uniforme de las SS porque no los hay a su medida, un consuelo; pero lo dicho: aquí estamos y aquí vamos a seguir estando; porque ni un samurái con coraza de oro nos da miedo; antes bien, nos concede los mejores momentos de risa de nuestras desheredadas vidas. Gracias por un regalo tan impagable.

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