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Mariano Escobar Muñoz :  OTRA MIRADA, POSVERDAD (O MENTIRA OBJETIVA)
el 10/11/2018 11:58:54 (91 Lecturas)

Es toda afirmación que deja de basarse en hechos subjetivos
para apelar a las emociones, creencias y deseos del público
Félix Piñero, periodista



HACE UNOS DÍAS, EN UN BARRIDO POR EL DIAL RADIOFÓNICO, TUVE LA SUERTE DE ENCONTRAR UNA SINTONÍA EN LA QUE ENTREVISTABAN A UNAI SORDO, SECRETARIO GENERAL DE LAS COMISIONES OBRERAS, EN EXPRESIÓN QUE TANTO GUSTABA AL IRREPETIBLE MARCELINO CAMACHO...

No sé cuanto tiempo llevaba la entrevista pero disfruté de sus minutos finales en los que debió quedar claro, para los que no lo tuvieran, que este señor es una rara avis en un tiempo en el que los medios de comunicación se llenan de parlanchines iletrados (como mucho con cuatro letras), sabios de la nada y embaucadores de poco pelo que te dejan en la cabeza el poso y la pregunta "¿pero qué ha dicho este tío?".
Sordo no es ninguno de esos cientos o miles de tontos que revolotean por las tertulias y supuestos debates para competir entre ellos en cual la dice más gorda o defiende con más ímpetu (que no acierto) la marca que le da de comer. No parece un radical populista de los que ahora se llevan que esconde su falta se sustancia tras el disfraz de modernidad y falsa progresía, y a todos trata con su rigor analítico lo que, siendo el secretario general de la mayor organización (sindical) se le condena a una visualización mediática diez veces menor que la de su homólogo en Podemos, por ejemplo.
Decía Unai Sordo que en España se está instalando (o tratando de instalar) una especie de posverdad fiscal diciendo que se cruje a impuestos y eso es mentira ya que las medidas fiscales que se contemplan en los presupuestos generales para 2019 solamente rebajan la presión fiscal en tres puntos la diferencia de 7,4 que actualmente hay con la zona euro; una posverdad que tratan se situar en la cabeza de los más indefensos o sea, casi todos.
Hace poco, el pleno del Ayuntamiento de Villanueva con sus secuencias habituales, cuales son las provocaciones, faltas de respeto y amenazas de expulsión del "presidente" hacia todo lo que se mueve a ritmo diferente a su música ya sean concejales, ciudadanos de a pie o las moscas que trazan en el aire arabescos aburridos del pío pío que viene de la parte alta de la poltrona sobreelevada; como es habitual, con los papeles perdidos, y el entendimiento cerrado a cal y canto, cuando una mano femenina se levanta al fondo a la derecha, donde la "suma inseguridad", coloca todas sus baterías defensivas en previsión inútil de ridículos cada vez más grandiosos.
Era, precisamente, una sesión en la que el "sumo inseguro" había depositado sus mejores expectativas de dar un paso más hacia la consideración de alcalde socialista más cultureta del Ayto. de Villanueva de la Serena.
Al parecer, y según los sucedidos posteriores, los santones de la RAE de la lengua, en un afán por aquello de limpiar, fijar y dar esplendor a nuestra parla, habían proclamado posverdad como palabra del año 2017 y consecuentemente establecido un premio, para los diez primeros políticos que, viniendo o no a cuento del asunto, coloquen la palabreja en discurso, ocurrencia o manifestación institucional.
Todo el tiempo pendiente de ganar puntos con la novedad cultísima y de último grito, perdió la posición defensiva y, con el tiempo reglamentario consumiéndose, la ocasión le vino por la banda de los miedos. Un equipo que defiende como si fuera italiano, o sea, con el microbús de 15 plazas atravesado ante la portería y cuyos únicos gestos a la ofensiva son el exabrupto y el insulto zafio y grosero, vio claro del contraataque... dejando por un momento la portería desprotegida. Y, como suele ocurrir, por ahí vino el desastre, uno más de los tantos que, inexplicablemente luego no aparecen en las crónicas de sucesos.
El enemigo, la enemiga en este caso, leía el informe pertinente de los técnicos sobre el asunto, desde el fondo a la derecha según mira el supremo que, como todos saben es, más que el meridiano de referencia, el eje alrededor del que gira el planeta político doméstico y domesticado.
Desde aquel remoto confín llegaba con la lectura de informe una suave crítica a la última ocurrencia del nuevo cervantes de la política, genio inmortal, la de pagar la restauración, acondicionamiento y mantenimiento de un inmueble de la iglesia católica con dinero público, porque sí, porque le da la gana y, podría ser, porque en la cuenta de ahorros de las indulgencias plenarias tal vez no tenga suficientes fondos para pagarse una vida eterna adecuada a la que ya se ha agenciado en este valle de lágrimas.
No hay datos sobre si la reacción del preparao fue por las prisas en acabar una sesión que ya se alargaba para su gusto, por las multitareas que no le dejan dar lo mejor de sí o porque su desconexión del hilo del asunto le impedía retomar la senda del entendimiento, pero el caso es que interrumpiendo la palabra de quien intervenía tronó su voz de pío, pío, de esta guisa, que debe constar en el acta correspondiente: "Usted no se entera de nada; no sabe de lo que habla y siempre miente; ahora le voy yo a decir la posverdad de este asunto"; y tan ufano va y se pone a leer el mismo informe técnico que no dejó terminar a la concejala malvada y mentirosa; entre la indiferencia que da el desconocimiento, caras de sorpresa, otras tapadas con la mano y algún intento de pedir tiempo muerto y parar el creciente ridículo.
Y una cosa lleva a otra, al recuerdo de una situación similar en un Ayuntamiento cercano pero de hace más de 30 años. A principios de otoño una tarde fuertes tormentas inundaron una zona de un pueblo; todo el mundo ayudó y al final de un pleno el alcalde quiso agradecer a todos su colaboración; el portavoz de la oposición no quiso quedarse atrás y tras repetir el agradecimiento, con el consiguiente cabreo del alcalde, se le ocurrió decir que la solución al problema pasaba por trabajos subterráneos que siempre son caros y complicados. El alcalde se levantó indignado y le dio una bronca monumental al portavoz opositor advirtiéndole que no iba a tolerar ni una sola acusación más sobre trabajos subterráneos, pues en ese ayuntamiento todo se hacía a la luz del día y que, o retiraba la acusación, o se verían en los juzgados; caras de asombro y gestos disimulados al alcalde para que detuviera la creciente metedura de pata se oye el pío, pío: "¡se levanta la sesión!".

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