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Ángel Valadés Gómez : VIVENCIAS, CONFESIONES y MOMENTOS (XXIV) ¡EN LAS CRUCES, EN LA SILLA DE DON SANTIAGO!
el 4/10/2018 10:30:27 (149 Lecturas)


ME ESTREMECÍ DESDE EL INSTANTE EN QUE PACO MUÑOZ ME DIJO QUE TRATARÍA DE DISPONER DE UNA SILLA DE RUEDAS Y UNA PERSONA ADECUADA PARA PODER LLEGAR DESDE LA EXPLANADA A LA ERMITA. PACO NO DIJO MÁS PERO PENSÉ QUE PUDIERA SER LA SILLA DE SU SEÑOR SUEGRO, DON SANTIAGO, PUES LA POSTRERA OCASIÓN EN QUE LE ABRACÉ FUE ALLÁ, EN LAS CRUCES, POSTRADO EN SU SILLA Y ME IMPRESIONÓ: LLORÉ EN SILENCIO Y POR MI MENTE PASARON RECUERDOS DEL PERSONAJE AL QUE CONOCÍ/ADMIRÉ SIENDO YO UN NIÑO, A QUIEN SIEMPRE NOTÉ IGUAL DE EQUILIBRADO Y AFABLE

Y conforme crecí y le traté supe de su vasta Cultura sin perder su sencillez, discreción, y sin presumir jamás de ella. Don Santiago González Murillo (Maestro, historiador local, escritor, articulista, pintor y poeta; secretario sempiterno de la famosa Escuela de Trabajo, en sus mejores años, teniente de alcalde en diversas corporaciones, fundador de la Biblioteca Municipal, cuyo nombre lleva el Premio de Investigación tan celebrado...) era, esencialmente, un hombre todo bondad, buen cristiano y padre de familia, cultísimo y enamorado de su pueblo, Don Benito, donde falleció cuasi centenario -poco después de saludarlo yo sobre su silla, a la puerta de la ermita, ay!...-, formó parte de ese elenco de excelentes Maestros y Profesores -Don Santos Yedro, Don Luis G. Requena, mi padre, Don Vicente Ruiz, etc.- que siguieron al prócer Don José Manzano Díaz, y antes fue alumno del insigne Francisco Valdés, habiendo estudiado Filosofía y Letras; en aquel tiempo era habitual su presencia en las afamadas tertulias literarias del Café "Pombo" que comandó el célebre Ramón Gómez de la Serna, en la calle Carretas, una especie de túnel, gélido, una "cripta sagrada" se le llamó, donde se reunían los intelectuales de la época y jóvenes estudiantes con ansias culturales quienes colaboraban en revistas y libros docentes, hasta 1937 y que desapareció en 1942. Don Santiago -con el que hablé mucho, en la Biblioteca, junto a Santiago Quirós, sobre Donoso Cortés, ya que sostuvo una dura aunque correcta polémica con un tío mío, abogado de Valle de la Serena (José León Verdú, primo hermano de mi buen padre, en cuyo domicilio pasé muchos veranos en mi juventud) a la que se unió la ilustre Doña Mª. Luisa Mellado- me contó una matinal, ya jubilado y enfermo, en su hogar calmoso, pormenores del "Pombo", Gómez de la Serna, José Plá, Valdés..., cuando fui a preguntarle por Don José Manzano, inolvidables sus palabras...
Cuando Paco me dijo que lo hablaría con su esposa, Fifi, y que habría de "estrecharme", supe quién había ocupado la silla. Jamás olvidaré la visión de la puerta principal del recinto -docenas de coches y personas- con Paco y un hombretón portando la silla. Al cabo, por vez primera, me subí y el bueno de Luis Glez. Castillo -sobrino de Manolo Castillo, solterón, acérrimo del Atlétic que trabajó en las Contribuciones- me transportó con ayuda, a ratos de mi parienta Mariluz (la mujer del primo Diego Soto) y Manuela. Me ascendieron al santuario, fresquito, y asistí a un acto magnífico que resumo y que me demostró, una vez más, que Las Cruces, nuestra Virgen, son símbolos de Paz, de Libertad y Unidad para los buenos calabazones, pura esencia. Allí cabemos todos e iguales. El recinto, atestado de gentes variopintas. La misa, concelebrada por los hermanos Don Juan y Don Emilio Bravo, y Don Fermín Solano, ayudados por Félix Gil, J. Muñoz y el amigo Carlos.

RECONOCIMIENTOS MERECIDOS Y OPORTUNOS
El himno a la Patrona me enervó: ¡qué tiempo hacía no lo entonaba!... Y Paco Muñoz que anunció, en palabras sentidas y concretas, se iba a reconocer públicamente a propietarios de las fincas que lindan con el recinto, zonas que invaden tradicionalmente los romeros, y que allá por los 70 acarreó tensión con munícipes y párroco... ¡Me gustó más ver allí al amigo Enrique Gª-Margallo Guillén y a Julio H-Barquero -en representación de Isabel Suárez de Venegas Cáceres- recibiendo el reconocimiento de la Hermandad y los obsequios que les entregaron el Alcalde, Don Fermín y el mismo Paco: diploma y efigie. Ese es el camino. Eso es "dombenitensear."

REMATE MUSICAL MAJESTUOSO
Me alegró el alma reencontrarme con los Hermanos Bravo, Juan y Emilio. Y con tantos, y tantas, que otro día podré evocar. Pero el colofón musical del ya tradicional concierto de órgano -lleva 12 ó 13 ediciones...- fue majestuoso: Schubert, Mendelssohn y Bach fueron un cierre celestial. Nos sentimos más cerca de Ella que jamás; o como siempre, mejor dicho. Y todo visto/sentido/gozado desde la silla de Don Santiago. Ojalá se me pegue algo de él. Amén.

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