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Jesús Adame : COSAS MÍAS, Tenemos que dignificar la democracia
el 4/10/2018 10:29:27 (131 Lecturas)

Inesperada e insólita frase, escuchada esta misma mañana, pero no entendida, de boca de la vicepresidenta. Ea; pues vamos a ello, antes de que la Señora Calvo haga honor a su apellido de tanto pensar en cómo y de qué manera, y lo más rápidamente posible, se puede dignificar algo que lleva cuarenta años de vergonzosa existencia, según ella


La verdad, yo no sabía que esta democracia que nos hemos dado todos fuera indigna. Hombre, de la perfección se encuentra lejana, eso sí, pero de allí a la indignidad hay un trecho bastante largo. Y, ¿en cuál de sus acepciones usa usted, señora Calvo, tan inquietante palabreja?; ¿en la subjetiva de despreciable, abyecta o rastrera?, o ¿quizás en la que, objetivamente, la acusa tan solo de aceptar, imperturbable, situaciones sociales inadecuadas?. Ambas me sorprenden, Sra. Calvo; las dos me inquietan porque, de ser ciertas, ponen de manifiesto que somos un pueblo apático y conformista. Pero, ¿son ciertas realmente alguna de tales acepciones?; veamos.
Este sistema sucedió a una dictadura. Hasta ese punto, creo que todo el mundo está de acuerdo. Cierto es, e incuestionable. Pero no lo es menos que, finalizada aquella, todos los que estábamos, que eran todos los que eran, pactamos una nueva norma de convivencia. Norma que, si bien ha sido y está siendo vituperada, vapuleada, y pisoteada, establece un principio fundamental para la convivencia de nuestra generación y de las futuras; acuerda y produce la caducidad del odio. Nada más digno; imposible una ley más generosa, para ambos bandos; bandos, que fueron derogados por si mismos de forma valiente y generosa. Lo pasado, pasado está; que no volvamos a tropezar y en adelante, "todos los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda haber discriminación...". ¡Pedazo de norma!. No, nuestra democracia nació digna en todas las acepciones posibles del concepto. Todos, sin discriminación, la crearon y la aceptaron; todos los buenos de ambos lados, y también todos los malos de ambas Españas; que los había en los dos, no se engañe señora (ni pretenda engañar a nadie). Y digo todos, porque en las cámaras representativas se sentaron, sin que fuera ninguno señalado ni marginado, tanto los unos, como los otros. No contaron para ello ni sus hazañas, ni sus maldades; ni tampoco si asesinaron en una cuneta o si lo hicieron en "sacas diarias", firmadas de puño y letra y sin juicio alguno. Dejémoslo estar; ¡Basta ya, dijo alguien con menos razón ni necesidad; punto y final!.
Creo sinceramente que no puede darse mayor honradez y dignidad. Reconozco, que fue lo más adecuado para zanjar una cuestión que estaba ya lejana. Y ha sido así durante muchos años; justamente hasta que surgió la desafortunada idea de "recuperar la memoria histórica". La historia es inamovible; permanece impasible; y se encuentra avalada, hoy más que nunca, por archivos y documentos. No vale tergiversarla, a favor, con dimes y diretes. Pero es que, en el presente caso ni tan siquiera es admisible pretenderlo, porque ha prescrito por obra y gracia de la generosidad de los que firmamos aquella norma del setenta y ocho. No se debe olvidar la historia, desde luego, pero no es lícito manipularla y, si sus acciones estuvieran prescritas, como es el caso, resulta ilegal utilizarlas, ya sea para bien o para el mal. La democracia que manipule la historia esa sí que necesita de dignificación; esa es la indigna, esa sí que merece todas las calificaciones habidas y por haber; es despreciable, abyecta, vergonzosa, porque traiciona a los que la instituyeron (que fueron todos los de ambos lados); es inconveniente porque tira piedras a su propio tejado, y es inadecuada para la convivencia de sus ciudadanos. Más aún, si exclusivamente se fundamenta esa apariencia de dignificación en unas personales ansias de merecer, sin mérito alguno, y en conseguir ese mérito apoyándose en mentiras palpables que llegan a ser ridículas incluso ante las mentes menos privilegiadas.
No, mire, la memoria antigua no se pierde nunca, no es necesario recordarla, tan solo explicarla tal y como realmente sucedió, o guardarla piadosamente si resulta demasiado sonrojante. Pero todo ello, "con papeles", nada de fulanito dice que su abuelo le contó; papeles, datos fehacientes del juicio sumarísimo o de la firma en la lista de la saca diaria.
¿Dignificación?; si, de acuerdo, hay que dignificar esta reciente actitud gubernativa, que no representa el sentir de la mayoría, y que terminará enfrentándola con la obstinada minoría. Se hace imprescindible enaltecer y honrar a nuestra Constitución, a nuestra norma de convivencia, olvidándonos de rencillas pasadas y luchando contra toda agresión externa que la amenace. Porque, señora Calvo, ¿es de recibo que trabajadores que han cotizado toda su vida en España se queden sin paro, mientras foráneos recién llegados reciban rentas de subsistencia por carecer, precisamente, de rentas, tal cual le sucede a aquellos que les niegan el derecho?. ¿Lo es que tengamos dirigentes en algunas de las aciagas autono "vuestras" que, habiendo jurado, o prometido, guardar y hacer guardar la CE, se estén cachondeando de nuestro desgobierno y trabajando únicamente en sus asuntos separatistas cargando su coste al erario público, o sea, a las costillas de los pocos que ya trabajan?. ¿No le parece intolerable que un tribunal admita a trámite una demanda contra uno de nuestros jueces, por el ejercicio de su profesión, y no considera vomitivo el hecho de que se desvincule nuestra administración gubernativa de su merecida defensa hasta que se le ha visto el plumero?
¿O vamos a aprender de los separatistas en el caso, por poner, de la mujer agredida que retiraba lazos amarillos, que primero lo producen (fascismo), luego le propagan en los medios (el terror) y finalmente le achacan a una riña estúpida e imposible (cobardía)?. Sin duda una falaz estrategia para conseguir el resultado delictivo poniendo cara de tonto. Pues algo muy parecido es el obligar, por narices y bajo amenaza de cárcel, a pensar que algo es bueno o malo (fascismo), cacarearlo a los cuatro vientos, aunque sea ilegal e inmoral (terror), y pretender finalmente que es algo honesto y necesario para dignificar la vida. Esto y aquello lo practicaban los nazis a diario.
No hay nada más indigno que la mentira; ni menos cobarde. Además de que tales actitudes tienen las patitas muy cortas, y por ello, se las coge antes que a un cojo.
Desde el más profundo y obligado de mis respetos, dedíquense, señora, por favor, a cosas importantes como corresponde a quienes gobiernan. El paro, la inmigración descontrolada; la ídem solapada que pretende dominarnos y someternos por el vientre de las mujeres. Aumentemos la natalidad, eliminemos el aborto, limitemos la inmigración, tanto la solapada como la violenta, o, por el contrario, pronto estaremos en minoría.
¡¡¡Dignifiquemos, entre todos, nuestra democracia!!!; que sí, tiene usted razón, se encuentra bastante chunga.

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