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Pedro M. Fernández : Especial ‘SANTIAGO Y SANTA ANA 2018’ EL EXTRAÑO ARGUMENTO DE UN APÓSTOL MATAMOROS
el 7/8/2018 11:17:29 (132 Lecturas)

Leía hace unos meses al historiador Javier López Astilleros acerca del tema. Y aunque el argumento de López Astilleros se movía por otros derroteros, basado en su escrito, voy a tratar de exponer algunos aspectos que sería interesante recalcar sobre tan espinosa cuestión, y que se correspondan con la imagen de lo que debería ser una sociedad mucho más acorde con los nuevos tiempos. La de una sociedad comprometida y solidaria con los problemas, alejada de esa irracionalidad excluyente, intolerante y apeada del diálogo

Como es evidente, toda conquista impone su programa de aculturación. Es inevitable. Lo que resulta doloroso es observar al santo Santiago pisoteando con los cascos de su caballo las sarracenas testas. Es una imagen cruel.
Los derechos de explotación corresponden a esa fe triunfante, perpetuando así una victoria simbólica, transformada por obra alquímica en un gesto inherente del triunfo del cristianismo sobre el Islam.
Los hitos que quedan impresos en la identidad colectiva son muy difíciles de cuestionar, y es innegable que el árabe encarna todo tipo de errores y catástrofes, la plaga que un día occidente decidió sortear. Hay que señalar en este aspecto que desde una perspectiva histórica, nos sería fácil vincular el norte de África con Europa. Dinastías romanas y padres de la Iglesia fueron de origen norteafricano. La continuidad espacial y política a ambos lados del estrecho ha sido una constante en numerosos periodos, al menos hasta la aberrante cosa de la limpieza de sangre.
Pero la más poderosa valla de espino es la que levantan las mentes. Y es muy difícil cortar esas concertinas tendidas por los prejuicios. En nuestro imaginario el árabe ha sido, y con los acontecimientos actuales sigue siendo, más que nunca, el enemigo número uno. Antagónicos ideológicos.Contrarios al binomio y canon de la civilización judeocristiana. El adversario a derrotar por la eficacia de la modernidad.

Gestos a tener en cuenta

Sin embargo los gestos siempre son importantes. En el tema que nos ocupa, hay un hecho que es posible que finalmente, tal vez más pronto que tarde, se decida ejecutar. Debieran retirar al santo matamoros, u ocultar las morunas cabezas, tal y como ha sucedido en Santiago de Compostela.
El Cabildo de la catedral de Santiago decidió retirar la imagen de Santiago Matamoros que preside la capilla del mismo nombre en la catedral desde el siglo XVIII. Para "evitar susceptibilidades" y no "herir sensibilidades de otras etnias", dice el Cabildo en su comunicado. De esta forma, las autoridades catedralicias ponen fin a siglos de provocación intolerable, iniciando un fructífero periodo de diálogo y consenso con el mundo islámico.
La medida hecha pública por el Cabildo, se enmarca en unas directrices basadas en la construcción de una democracia ejemplar asentada en la humildad y en el deseo de paz. Es comprensible el cambio tranquilo de santo que propone el Cabildo. La imagen histórica de un Santiago caballero, combatiendo fieramente en el bando cristiano junto a Ramiro I contra los sarracenos de Abdel-Rahman II en la batalla de Clavijo (año 844) es inapropiada. Ver al santo a lomos de su caballo, blandiendo su espada victoriosa sobre las cabezas de aterrorizados contrincantes, puede resultar ofensiva.
Los canónigos han pensado, con razón, que esto puede irritar y no sólo al mundo árabe. Por eso han considerado en sustituir la imagen del Apóstol guerrero, porque -según dicen- es "más adecuado al actual espíritu de la Iglesia y para transmitir los valores de la peregrinación y el espíritu del Año Santo Jacobeo". La nueva imagen transmite un aspecto jacobeo mucho más acorde con la postrimera época en que vivimos. La de un Santiago actual, alegre, comprometido y solidario con los problemas de su tiempo, muy alejado del Santiago Matamoros, de gesto fiero y espada en mano que simboliza la irracionalidad más intolerante y excluyente, tan cerrada al diálogo.
No obstante, las críticas de muchos compostelanos y compostelanas clamando indignados por la vuelta de su Patrono a la Catedral, ha hecho que la imagen del matamoros no desaparezca del Cabildo. Han resuelto el dilema acorde con un talante postconciliar y jacobeo. Para contentar a los fieles, y a la vez preservar el espíritu ecuménico, conciliador y democrático que les impulsó a retirar la secular imagen de un Apóstol feroz y sanguinario, han decidido, al igual que debiera hacerse en todos aquellos lugares donde exista la citada imagen, tapar con una hermosa alfombra de flores las pávidas efigies que yacen bajo los pies de su caballo, víctimas de la espada justiciera de un Apóstol preconciliar y belicista.
Probablemente hoy toda esa escenografía guerrera sea rechazada por una mayoría de personas, aunque persiste un atavismo capaz de despertar los instintos más bajos hacia nuestro (supuesto) gran enemigo histórico. Tantas identificaciones erróneas con valores alimentados por la mal llamada reconquista generan incomprensibles cepas de animadversión. Desde el año 2015 se han multiplicado por 11 los casos de odio contra los árabes en nuestro país. Algunos luctuosos hechos que todos tenemos muy presentes también han ayudado mucho a ello.
Pero el odio o el amor no se pueden cuantificar. Se sienten, con más o menos intensidad. Los últimos acontecimientos nos indican una situación preocupante. ¿Estamos en la antesala de un programa silencioso que conducirá a una situación irreversible para las próximas generaciones?
Exorcizar la cultura de sus peores manifestaciones no es fácil. Hay que aprender por ambas partes a apear al santo del caballo conquistador.

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