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Editoriales, Carlos Lamas : EDITORIAL, MEDALLA, APLAUSO Y BESO
el 7/2/2018 21:40:00 (174 Lecturas)


TENGO EN MIS MANOS UNA ESTADÍSTICA, DOCTORA, QUE DICE QUE CADA ESPAÑOLITO GASTÓ EN 2016, 1.528 EUROS EN LA COMPRA DE ALIMENTOS Y BEBIDAS. LA TAL FUE REALIZADA POR EL INSTITUTO NACIONAL DE ESTADÍSTICA (INE); NO HABLAMOS DE NINGÚN MINDUNDI. ES DECIR, PARA QUE NOS ENTENDAMOS, AL DÍA EL ESPAÑOLITO ESTE PROMEDIO, SE GASTÓ LA FRIOLERA DE 4 EURAZOS CON 18 CENTIMAZOS EN COMER Y BEBER. QUE ALGUIEN ME DIGA, POR EL AMOR DE DEUS, EN CUÁL SUPER COMPRA Y A CUÁLOS RESTAURANTES Y BARES VA EL ZAGAL. Y CÓMO ESTÁ DE FLACO. LA ENCUESTA SIGUE ABUNDANDO EN DATOS, PERO YO YA DESERTÉ; DESISTO DE SEGUIRME ILUMINANDO POR ESTOS FAROS DE LA ESTADÍSTICA. ESTE ES UN EJEMPLO MÁS DE PORQUÉ UNO, EL TIPO, A ESTA ALTURA DEL PARTIDO, NO SE CREE NINGÚN DATO MICRO O MACRO, NI ACUELO SONDEO, NI ESTE BALANCE, QUE YO ME LO GUISO Y QUE TE LO COMAS TÚ, SO INGENUO, ALMA DE CÁNTARO. LO MISMO PASA CON LOS DATOS QUE NOS OFRECEN NUESTRAS INSTITUCIONES MÁS O MENOS CERCANAS, DE ÉXITOS DE ASISTENCIA, RECORDS DE AVISOS Y LLAMADOS, LISTAS DE ESPERA, BALANCES AL ALZA, VISITAS TURÍSTICAS, PERSONAS SOLICITANTES O ATENDIDAS, NÚMEROS DE AYUDAS, LOGROS, APOYOS, APLAUSOS, ETCÉTERA, ETCÉTERA, ETC.. LO SIENTO, PERO CASI NUNCA HAY FORMA DE COMPROBAR TALES DATOS, Y TODOS HUELEN. ESO SÍ, A UNOS CUANTOS SE LES VE SONRIENTES COLGARSE LAS MEDALLAS Y RECIBIR LOS HURRAS, Y LOS ABRAZOS Y BESOS POR EL ÉXITO OBTENIDO

¿Cómo dice? ¿Qué cómo entonces sigo aquí, dando difusión a esos cuentos? No lo sé, le soy sincero, Doc. Pero aclaremos algo, por aquí cada vez que algún portavoz señala el éxito -o incluso el 'fracaso', a secas- en cifras, de lo que hacen unos u otros, siempre dejamos muy claro, que lo dicen ellos, no nosotros, con comillas o simplemente señalando "dicen fulanito y el otro" o "aseguran beltranito y aquél".
Es un recurso muy utilizado por quien ostenta el poder en cada momento, el tener cierto 'derecho de utilización y manipuleo' de las cifras. Lo hacen esos, aquellos del palco vip y estos de la poltrona de más aquí; algunos más que otros. El índice de precios, la cesta de la compra, las cifras del paro, las de visitantes, el producto per cápita, la previsión de crecimiento, o el propio crecimiento, se acarician, acicalan, y maquillan lo que haga falta -sin exagerar, o exagerando y creando verdaderos monstruos- hasta que te pillan por lo que sea -seguramente porque has ofendido a alguien con más poder- y tu ambición rompió el saco. Pregúntenle a Rato, sino; y siguen las firmas. También se argumenta habitualmente, sobre la estadística que sea, en según que ítems favorables a la tal argumentación, cuando hay datos que nos puedan perjudicar. Esto es, se habla de precariedad en el empleo desde el bando de los opositores, cuando las cifras favorecen la gestión oficial. Siempre hay aspectos, en toda estadística, que se pueden utilizar como arma arrojadiza por los guerreros de la otra tribu.
Al fin hablo de abusos de poder. Tal como sucede en esto de las medallas, los títulos, los escudos, las calles y plazas que te quito o que te doy, porque soy el que manda, el jefe, y busco simpatías, votos o dineros o ambos tres, y que se note poco. Y tú a callar, so caprichoso, so triste, que nos quieres amargar nuestro momento de gloria.
La arbitrariedad manda a sus anchas desde palacio. Y no hay mejor árbitro que yo, dice el ungido, aunque el videoarbitraje diga otra cosa. Se trata, creo, me parece, de que hay formas y formas de ostentar el mando. Y no hay mejor mandón que el que tiene a todos contentos a base de lisonjas y premios. No se trata de ayudar a mi señor, sin poner ni quitar rey; se trata de cerrar el pico y decir, sí bwana, a todo lo que diga el nuevo poder dictatorial, que muy al contrario y paradógicamente, siempre que puede se ufana de su talante democrático.
Desde este rincón incomprendido y hasta incomprensible, junto a la estufa, puedo prometer y prometo, so pena de que me lo echen en cara en el después si no lo cumplo, que jamás de los jamares aceptaré ninguna distinción en lo personal, que venga acordada desde ningún poder ni institución política (una promesa absolutamente vana, porque no habrá a quien se le ocurra proponer algo semejante). Por dos razones: en ningún caso me siento merecedor del más humilde halago en forma de galardón, por el motivo que sea -equivocado el motivo, únicamente, tal vez-, porque nada he hecho para merecer esto, ni ningún talento me sustenta; y porque mi trabajo es sólo una forma de ganarme los 'talentos' para 'sustentarme' el pan y pagar el techo, sin más.
Mi única certeza es que, más temprano que tarde, desde este papel, pasaremos a la historia; a la pequeña historia, de minúsculas, paréntesis y renglones cortos. Y ni siquiera podremos tener la esperanza de que la historia nos juzgue, la verdadera historia. Simplemente porque la historia la escriben los que ganan. Hasta que pierden. Pero en ningún caso podremos esperar tanto; ni falta que nos hace.
Hoy mandan los nuevos tiempos, las nuevas formas de incomunicación -que eso es lo que son- las jóvenes generaciones, peones de estos tiempos modernos, diagramados desde altos y medios perversos poderes. Tipos como el que esto escribe, 'viejos', que dirán los que nada nos quieren, no podemos imponer criterios de otras épocas. Lo clásico cada vez más va dejando de serlo, para convertirse en lo antiguo, sin remedio. Y es una pena que las fuerzas de la resistencia sea vencidas una y otra vez.
Alabados sean los que han seguido este editorial de hoy, hasta aquí, sufriendo sofocos, vahídos y mareos, y sin saber bien por dónde voy y hacia dónde me dirijo. Pero lo importante es que hemos llegado. Y quiero compartir este premio con vosotros.
Buenas tardes.

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