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José A. Gutiérrez Ortiz : CUIDAR LO NUESTRO, ES MEJOR QUE NOS SINTAMOS ORGULLOSOS DE LO QUE SOMOS, MÁS QUE DE AQUELLO QUE TENEMOS
el 7/2/2018 21:37:30 (102 Lecturas)

El viernes, 1 de diciembre, se presentó la trigésimo novena edición de la revista del grupo folklórico Caramancho. Como viene sucediendo en los últimos años, ha sido un placer poder participar en esa revista tan vinculada a la vida cultural de Don Benito


Quizá la mayor dificultad a la hora de elaborar un artículo es pensar el tema. Es necesario buscar un asunto atrayente para los lectores de la revista y que esté en consonancia con la buena calidad de la publicación.
Este año, después de dar muchas vueltas a la cuestión a desarrollar, pensé en aclarar algún malentendido o leyenda urbana que es aceptada como una verdad incuestionable para la mayoría de los dombenitenses. Es más, en algún caso suele ser objeto de presunción del municipio, al reconocer una singularidad que no le corresponde.
En Don Benito hay una leyenda urbana que se suele repetir con asiduidad, a pesar de haber sido desmentida en varias ocasiones. Muchos dombenitenses afirman que Don Benito es el pueblo con mayor término municipal de España. Respecto a esta afirmación, hay que decir que es rotundamente falsa. Don Benito tiene un término ciertamente importante en extensión, pero representa una tercera parte del término municipal más grande de España. La capital Cacereña tiene el mayor término municipal de España con 1750 km², que es prácticamente igual en extensión a la provincia más pequeña en superficie, Guipúzcoa (1980 km²). En España sólo hay 64 municipios que superan los 500 km², dentro de este selecto grupo se encuentra Don Benito, pues su extensión es de 562 km². Tampoco Don Benito es el municipio más extenso de la provincia de Badajoz. Es más, Don Benito ocupa la quinta posición provincial en cuanto a extensión y la octava a nivel regional.
Quizá la explicación a este extendido error pueda estar en el resultado del primer censo moderno realizado en España. Censo desarrollado en todo el territorio español con un mínimo de rigor, elaborado en el año 1857, donde Don Benito figuraba como el pueblo más poblado de la provincia más grande en extensión de España. Este censo, publicado en 1858, presentó por primera vez la población agrupada en la división provincial definida en 1833. Además, en este censo la población de Don Benito recogida era de 15.060 habitantes. Este importante volumen poblacional otorgaba a Don Benito el segundo puesto en cuanto a número de habitantes dentro del contexto regional, solamente superado por la capital de la provincia pacense.
Poner de manifiesto este error, asumido como realidad por muchos ciudadanos, ha hecho que algunos paisanos me hayan manifestado que se les ha caído un mito. Han dejado de poder presumir de la principal singularidad que para ellos tenía su pueblo. Se les ha roto uno de los más señeros emblemas locales.
Quizá sea bueno recordar que hay muchas cosas de las que podemos presumir los calabazones. Por ejemplo, de tener personas animosas como el grupo Caramancho que pasean nuestras tradiciones por todo el mundo y contribuyen al fomento de la cultura local. También es importante reconocer la fuerte actividad emprendedora que tiene el comercio de Don Benito, donde en ropa y calzado es una de las principales zonas de atracción de Extremadura. Los artesanos locales siempre han sido muy reconocidos, herreros, cuchilleros, tallistas, zapateros, etc. Algunos sectores, ciertamente, han venido a menos. Sin embargo, la industria de la cuchillería sigue teniendo mucha importancia. De tal forma, que es posible encontrar navajas de Don Benito en cualquier rincón de España.

En este sentido, recuerdo una graciosa anécdota que me sucedió con mi padre. Un día que estuvimos comiendo en un restaurante emeritense de cierto nivel, donde a la hora de comer la carne, al no estar muy conforme con el cuchillo que le habían puesto, decidió sacar la navaja que siempre llevaba consigo. Una navaja con la empuñadura pulida de llevarla siempre en el bolsillo del pantalón.
Otro comensal que nos acompañaba se moría de la risa, al verme apurado reprendiendo a mi padre y, al mismo tiempo, por los comentarios jocosos que él hacía. Mi padre solventó el asunto como era habitual en él, llamando a los responsables del restaurante y hablándoles de lo importante que es el sector de la cuchillería en Don Benito. Para certificar la calidad de este producto, acabó contando el chiste del pastor que, rebanando migas con una navaja de Don Benito, se cortó el pecho, el chozo y una encina que estaba detrás. Alguna vez que he vuelto por este restaurante todavía se acuerdan de mi padre y del buen rato que pasamos.
Quizá sea mejor que nos sintamos orgullosos de lo que somos, más que de aquello que tenemos.

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