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Editoriales, Carlos Lamas : EDITORIAL, PERDER EL TREN
el 5/11/2017 21:40:48 (52 Lecturas)

EL PROBLEMA SIEMPRE ES PODER IMAGINARSE CÓMO VA A TERMINAR TODO, DOCTORA. LA DESILUCIÓN ESTÁ AL ABRIR LA PUERTA, PORQUE SABES QUÉ TE VAS A ENCONTRAR. CUANDO HAS CONOCIDO LA HISTORIA, VISLUMBRADO LOS PORQUÉS, REPETIDO LA EXPERIENCIA, Y VISTO VENIR EL ASUNTO, SIEMPRE ES COMPLICADO QUE TE ENGAÑEN O TE DEJES ENGAÑAR, Y ESO LE QUITA ROMANTICISMO Y ESPERANZA A TODO LO QUE ESTÉ POR VENIR. PERO AL FIN LA COSA DEPENDE DE UNO MISMO Y SÓLO DE UNO MISMO. AL TEMA. HE VIAJADO MUCHO EN TREN. MUCHO. LO HE HECHO POR COMODIDAD, POR OBLIGACIÓN, POR TRABAJO Y POR PLACER. ME HE SUBIDO EN MARCHA Y CORRIENDO O CAMINANDO A PASO LENTO. HE CONOCIDO TAQUILLAS, ANDENES, SALIDAS, BILLETES, HORARIOS, RETRASOS; TERRAPLENES, DESTINOS, CONSIGNAS, SALAS DE ESPERA, VAGONES, CLASES, MÁQUINAS A VAPOR, EQUIPAJES, REVISORES, INSPECTORES, VENTANILLAS O PASILLOS; VENDEDORES AMBULANTES, ARTISTAS DE MALA MUERTE, VIEJAS LOCAS, BORRACHOS VETERANOS, VAGABUNDOS DE TODAS LAS EDADES, CARTERISTAS, DESCUIDEROS, DROGADOS, ENAMORADOS, FAMILIAS; TRENES EXPRESOS, RÁPIDOS, ESTACIONES SIN NOMBRE Y LLEGADAS. ESE MICROCOSMOS TAN PARTICULAR DEL TREN Y SUS RITOS, USOS Y COSTUMBRES. ALGUNOS CREEN QUE EL PROPIO TREN ES UNA METÁFORA DE LA VIDA, QUE SIEMPRE DISCURRE DE UN SITIO A OTRO; LOS QUE SE VAN, LOS QUE QUEDAN, LOS RECIÉN LLEGADOS; LOS ENCUENTROS Y LAS DESPEDIDAS

Se dice que en la propia estación pasa todo lo que ha de pasarnos. Los que vuelven cuentan historias, los que llegan traen noticias; abrazos y besos; llantos y risas; las esperas, las demoras; la soledad de a los que nadie espera; los que se pierden o huyen; quienes se ocultan, se buscan u olvidan. Aquellos que un día se fueron para nunca más volver... Todas las anécdotas, tantas emociones y vivencias. La estación es un submundo dentro de la ciudad; o en las afueras.
He perdido muchas horas subido a los trenes, por inquietud, gusto o placer; en demasiadas ocasiones por perseguir (con buenos modos y modales) a muchachas que tenían distinto rumbo y destino que el mío (quizás eso se llame hoy 'acoso'; pero ya ha prescrito, seguro). Así fue como llegué a estaciones desconocidas e impensadas, recorriendo paisajes inauditos y parajes misteriosos, en noches oscuras o días claros, en aquellos años jóvenes, en la gran ciudad, con multitud de ramales que ponían camino a los cuatro puntos cardinales.
Las prisas de hoy han relegado al tren en nuestra región, a un plano anecdótico, en cuanto a su uso. La gente se mueve en autobuses, por lógicas horarias, necesidad o economía. El autobús le ganó la batalla al tren. Y es una pena.
Pero cómo hemos llegado hasta aquí. La realidad es que siempre ha sido más lucrativo para nuestras clases dirigentes construir 100 kilómetros de carretera que algún nuevo tramo de vías férreas. No me será fácil explicarlo, pero lo intentaré.
Hay cuestiones evidentes: allí donde hay trenes rápidos, del tipo que tú quieras, la gente los utiliza por comodidad (cuestión que no tiene nada que ver con el romanticismo de lo que les hablé al principio, para lo que no hay tiempo, interés ni costumbre, en esta época infame de hoy), en detrimento del autobús. No sé lo que contamina un tren (el que más, pongamos), o cuánto de naturaleza se pierde por la construcción de sus vías férreas, pero no será peor nunca, creo, que lo que lo hacen 500 coches y una carretera, tó p'alante.
Las infraestructuras viajeras o navieras, suelen realizarse por el propio peso de su necesidad práctica o por impulso político; ambas cosas juntas serían el ideal. Pensemos sino en algunos millonarios e inútiles aeropuertos de triste recuerdo. Vivimos en la época de la oferta y la demanda y si es que no hay de la una, difícilmente habrá de la otra. Los trenes, conviene recordarlo, en nuestra zona, están peor y son más lentos y escasos ahora que hace 30 años. Por aquellas épocas viajábamos de aquí a Madrid en siete horas sin trasbordos. Hoy ni de coña.
Quizás las cosas hayan ido en paralelo, y de la misma forma que se potenciaban las autovías y autopistas, por ese 'amor' desmedido de los políticos al hormigón y a las grandes marcas de vehículos, más todo lo que mueven en economía ambos sectores (no lo voy a explicar todo; pongan ustedes algo de vuestra parte, ¿oyes?), los trenes sufrieron el esquinazo de nuestros dirigentes, porque ahí poco negocio se podía hacer. No obstante en algunos sitios el impulso político consiguió de parte de la administración el compromiso para la infraestructura vial o férrea (no sé cómo se diría mejor en esta frase).
Las costumbres se pueden crear. Al usuario-consumidor se lo manipula de todas y cualquier manera desde varios sectores de poder. De la misma forma que se impulsó la necesidad y el uso de carreteras, se consiguió el desinterés por el tren.
Hoy, aquellos que por su decisión o su desidia, abandonaron al tren -esto es, nuestros representantes políticos regionales y municipales- ahora ponen autobuses (parece de coña) "gratis" (lo que les sale 'gratis' son sus propias mentiras, que ya verás tú de dónde sale el dinero para estos autobuses) y le dicen a la gente que vaya a protestar, ante no sé quién (será Rajoy) y reivindicar un 'tren digno' para Extremadura. Aquél que ellos no pudieron -que es malo- o no quisieron -que es peor- conseguir.
Buenas tardes.

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