Menú

Login

Nombre:

Contraseña:

Recordar



¿Recuperar la contraseña?

Regístrese

Buscar

Jesús Adame : COSAS MÍAS, Leyes con Alzheimer (la de la memoria histórica; o de la histriónica, no sé)
el 1/8/2017 13:19:06 (103 Lecturas)

Es esta una de las leyes más espinosas de tratar. Lo es para aquel que no pretenda polemizar, sino tan solo exponer puntos de vista sobre ella. Sé que me puede caer la del pulpo y señora, pero si en democracia debe decirse lo que se sienta, me veo obligado a decir lo que sigue. Y, además, porque lo cierto y verdad es que esta ley, y sus efectos colaterales, están en boca de todos, en ámbitos tales como la barra del bar, el corrillo de amiguetes, en casa sufriendo el telediario, etcétera

Pero colectivamente ni se nota el malestar que causa. Y ello, porque, como pasa con tantas otras molestas reglas que nos están imponiendo los políticos, la manada sigue en discreto silencio ante el griterío de solo unos pocos.
Por ello, antes que nada, me dirijo al posible lector discrepante con criterios en las antípodas, y aún con mayor énfasis si fuera amigo (que los hay, y muchos), para pedirle encarecidamente que no se me cabree de forma anticipada, que no dejemos de querernos por una simple discordancia de pareceres, que en democracia esto de hablar no está mal visto (véase la declaración catalana de "enemigo todo aquel que no comulgue con el separatismo"), que es mucho más importante la amistad que el mantenimiento de una simple polémica. Que, en fin, los efectos colaterales de esta ley son simplistas; no suponen un quebranto económico, aunque sí son una amenaza para la convivencia; que tan solo se trata de bajar a las estatuas de sus caballos, pues mira lo que le puede importar al descabalgado, que cría malvas desde hace décadas; que son vanos, inútiles, e improductivos todos los esfuerzos que se hagan por cambiar el pasado, porque, por más que este se reescriba, siempre habrá otro libro que velará por la verdad.
Y si no, ahí tenéis el ejemplo de la tortilla de patatas; todo el mundo quiere hoy arrogarse la titularidad de su invención, pero lo importante y certero es "el papelito" que acredita que nadie antes de 1798 había hecho una tortilla con papas. Si, si, hasta la fecha pretenden colgarse la medalla un cocinero belga y los legatarios del señor Zumalacárregui que utilizó "la receta" para saciar el hambre de su ejército, ... pero, ¡papeles!, ¡se necesitan papeles!. Y polémica, mientras más polémica, mejor; y sin enfadarse Don Tomás, ni ustedes, señores belgas; es una sencilla cuestión de "papeles". Por cierto, como se van a separar, los catalanes deberían devolver los papelitos que se llevaron de Salamanca, relativos a la reciente historia de este país, tan repugnante para ellos, que se llama España.
Con papeles no hay Alzheimer que valga; se echa mano de ellos y enseguida, ¿ves?... ¿quién causó la guerra?, y ¿quién la empezó?, ¿quién la ganó?, ¿quiénes trabajaron muy duro durante cuarenta años después, ya hubieran sido en ella rojos, azules, o medio pensionistas, para entregarnos un legado que ahora nos vamos a cargar?, ¿quiénes prepararon el terreno para que no sufriéramos trauma alguno al pasar de una dictadura (bueno, hay que analizar y comparar con algunas de las que estamos conociendo) a una democracia?. ¿Quiénes somos nosotros, que no nos contamos entre aquellos esforzados y sacrificados ciudadanos, de todos los colores, repito, para enmendarles la plana, y, lo que es injusto, para ofenderlos calumniándoles?, Pero, ¿es que hemos perdido la razón?; ¿cómo me puedes decir que mi abuelo era de los buenos, porque le mató el tuyo, que era de los malos?; ¿qué quieres, que te devuelva la afirmación?. Pero coño, ¿no te has enterado de que en 1978 nos pusieron a la firma un acuerdo constitucional para que, olvidándonos de qué abuelo era el malo y cuál el bueno, empezáramos a trabajar en la herencia que esos abuelos, malos y buenos, nos dejaron, y mejorarla en lugar de entregársela a nuestros hijos y nietos hecha unos zorros?; claro, que así no tendrán que pagar la plusvalía.
Las memorias de Stalin o de Hitler no van a desaparecer de los diccionarios porque engañemos a los niños y a los jóvenes sobre sus andanzas. Sus acciones, y los impenitentes muertos, clamarán siempre, incansables. En lugar de ignorarlos y camuflarlos, deberíamos aprender de sus errores, tenerlos muy presentes y trabajar para no caer en ellos; aunque es bien cierto que somos los humanos los que tropezamos dos veces en el mismo asunto. ¿Vestigios?, los hay por todas partes, tanto de lo que sucedió en positivo, como de lo negativo que haya acontecido. ¿Anularlos, borrarlos de la faz, aniquilarlos?. Pero hombre, ¡a ver si vamos a llegar al absurdo de condenar a todos aquellos que se atrevan a cobrar la paga extra del 18 de Julio!, porque, ¡más vestigio que ese!. Si, están también la Seguridad Social Universal, las leyes laborales, los pantanos, los pueblos de colonización,… Pero es que ¡la extra de Julio, es mucho vestigio!
Puestos a ello, opino que el alzheimer ha invadido las neuronas del legislador, de los políticos, de la política de este país. Parece que se trata de legislar abundantemente; que no se note mi falta de imaginación, o mi escasa capacidad de trabajo, o mi apego al sillón. Y la premura porque la ley vea la luz. Señor leguleyo, prepáreme usted esta ley para mañana mismo. Pero hombre, que no da tiempo. Es igual, copie y pegue, o lo que haga falta pero, ¡mañana en el BOE!; y sin vacación, ¡que ya la tuvieron las leyes bastantes años¡; ¡mañana!. Y así salen.
La primera vez que leí algo sobre la ley de memoria histórica, hace unos años, fue en un comentario a plena página, en el HOY, cuyo autor era un conocido de Villanueva. Me dio un pasmo. Le contesté a doble página, pero, para resumir, le dije que la memoria no la habíamos perdido, que la teníamos guardada en un cajón para no volver a pelearnos. No obstante, en su demostración, le puse un par de ejemplos de los recuerdos que, de extraer algunos, son los adecuados. "El Curro", taxista de Villanueva de la Serena, anarquista o algo así, que, pistola al cinto, corría al Ayuntamiento cuando se enteraba de alguna detención,... ¡y salvaba la vida del detenido!. El pueblo de La Coronada, que durante el conflicto bélico tuvo escondidos en cada casa a varias familias de refugiados, y que su alcalde no permitió, escopeta en mano, detener, ni "pasear" a un solo ciudadano, ya fueran autóctonos o forasteros.
La ley, al menos, debería respetar a la Constitución, tan vapuleada y desfigurada, cuya principal garantía fue la de que olvidáramos ¡TODO!, ¡TODOS!, para vivir en armonía. ¿Quién puede tener la mala baba de querer cargarse la buena intención de TODOS los españoles (más del ochenta por ciento)?.

Los usuarios son responsables de sus propios comentarios.

PUBLICIDAD

Documento sin título

Para más información

Ver la edición impresa (en todos los puntos de venta de prensa y en estancos, gasolineras, kioscos y librerías)