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Tomás Chiscano : HABLANDO CON JACINTO. NECESITAMOS CAMBIAR
el 19/5/2017 9:56:38 (867 Lecturas)

Queridos amigos y lectores:
Tengo que pedirles disculpas por mi falta de colaboración en nuestro Semanario, los momentos por los que estoy pasando no me ayudan mucho que digamos. Mi vida ha cambiado bastante desde la pérdida de mi mujer; son cosas que pasan y que cada uno las sufre como puede. Con esto quiero señalar que Jacinto, mi querido amigo, no tiene ninguna culpa de mis fallos, todo lo contrario, si no fuera por él y nuestras con-versaciones yo no sé cuál sería mi estado. Por cierto, qué casualidad, por ahí viene mi querido amigo...


- Hombre, Jacinto, ¿cómo estás? Estaba comentando que estoy pasando por unos momentos difíciles. Ya sabes, son cosas que pasan.
- Querido amigo, qué ganas tenía de que nos juntáramos otra vez. Ya sé que estás pasando por momentos duros y difíciles, pero tú eres fuerte y tienes que "levantar la cabeza". El significado de esta expresión es muy claro: hay que recuperarse tras haber sufrido una desgracia. Se sabe que la cabeza sirve para indicar valentía, orgullo o reverencia, y así se refleja en la lengua coloquial; de aquí las expresiones como la que nos ocupa. Yo sé que los momentos por los que estás pasando son duros, pero eso no quiere decir, ni mucho menos, que no haya una solución. Lo que tienes que hacer es usar tu fuerza, que la tienes, y no "llamarse andana", o sea, escapar de una obligación, que es lo que estamos viviendo desde hace mucho tiempo por parte de la mayoría de los ciudadanos, en los momentos políticos por que estamos pasando. El significado original de esta frase era "librarse de un castigo" y aludía al derecho de asilo que existía en las iglesias, donde, por ser lugar sagrado, no se podía entrar armado y estaba prohibido detener a los delincuentes, por lo que muchos de ellos se refugiaban en los templos para esquivar la acción de la justicia. Se sabe, por los numerosos ejemplos que hay en la literatura de la época, que en el siglo XVII, antana, palabra de la que procede andana, significaba "iglesia" en ‘germanía’, la jerga de los delincuentes. Si algún malhechor era sacado de la iglesia por la fuerza y llevado ante el juez, reclamaba su derecho de asilo y a las preguntas que se le hacían respondía siempre citando a la iglesia, o sea, a la antana. Así cuando se le preguntaba el nombre respondía "me llamo antana", y cuando se le pedía que narrara lo acaecido, aunque hubiera existido confesión previa, se retractaba de lo dicho citando de nuevo a la iglesia. Para ilustrar la explicación, basta citar uno de los muchos ejemplos que aparecen en la obra de Quevedo, conocedor como nadie de la germanía de su tiempo. La cita pertenece a la jácara "Villagrán refiere sucesos suyos y de cardoncha: "Tienen la tirria conmigo / los confesores de historias; / mas sólo Iglesia me llamo / pueden hacer que responda".
- Desde luego, querido amigo, eres un fenómeno. Si no fuera por gente como tú, yo no sé cómo estaría en estos momentos. Te agradecería, querido Jacinto, que no me abandones, que estés siempre pendiente de mi persona; es la mejor forma de poder vivir un poco tranquilo.
- Bueno, tampoco soy nada extraordinario. Lo que tienes que hacer tú, querido amigo, es seguir siendo como eres: valiente y sincero, así tendrás más posibilidades de mantenerte derecho, o sea, que no pretendas nunca "llevarte la parte del león", es decir, obtener la mejor parte o el mejor beneficio en algún asunto, normalmente de forma abusiva, que es lo que hacen la mayoría de los que nos gobiernan. "Sí, nos ha tocado la lotería, pero la parte del león se la han llevado "Quico" y "Curri", que se quedaron con muchas más papeletas que todos nosotros, (o sea, el pueblo) y no nos dijeron nada". El dicho procede de una conocida fábula de Esopo. "El león y el onagro" (una especie de asno salvaje). Cuenta la fábula que ambos animales fueron de caza y, a la hora de repartir las piezas cobradas, el león hizo tres partes y dijo: "La primera para mí, que soy el rey de la selva; quedan dos: una para mí, pues vamos a medias en la caza, y la otra también, y tendrás problemas si no estás de acuerdo". Si los ciudadanos normales, que somos los que con nuestros trabajos damos de comer a tantos ladrones y sinvergüenzas, "mandáramos a freír espárragos" a todos los que se están aprovechando de su mandato, a lo mejor las cosas cambiarían. Todas estas fórmulas, con el verbo mandar son eufemismos para evitar expresiones como: "mandar a tomar por culo o mandar a la mierda". Lógicamente, se ordena a la persona incómoda a que haga una actividad imposible. Claro que si en vez mandar a esas cosas se les cortaran los coj...
- ¡Cállate ya demonio, que eres un demonio! Y ustedes queridos amigos y lectores, no se lo tengan en cuenta, porque Jacinto, ya lo saben ustedes, es tan irreal como la vida misma.

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