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Editoriales, Carlos Lamas : PALACIO MULTIUSOS
el 10/5/2016 21:40:14 (624 Lecturas)

BIEN SABE USTED, INGENIERO, QUE NO ME GUSTA ESPECIALMENTE HABLARLE DE CUESTIONES QUE ME SON ALGO AJENAS, QUE QUEDAN FUERA DE MI ALCANCE, DE MI COMPRENSIÓN Y ENTENDIMIENTO. EL MUNDO SUELE SER UN SITIO ALGO INHÓSPITO, DONDE TODO EL MUNDO CREE SABER DE TODO, Y NO PUEDE SER ASÍ. POR EJEMPLO EL ASUNTO QUE TRAEMOS EN PORTADA, SOBRE LA CANDIDATURA A UN PREMIO ARQUITECTÓNICO DE UN EDIFICIO INCOMPRENSIBLE. POR VARIAS RAZONES. LA UNA ES LA MILLONADA QUE COSTÓ CUANDO ESTÁ BIEN A LA VISTA QUE NO ERA UNA CONSTRUCCIÓN DE PRIMERA NECESIDAD. LA OTRA ES QUE SEGÚN SE LE HA ESCUCHADO DECIR AL ALCALDE SERÓN RECIENTEMENTE, HABRÁ QUE BUSCARLE UNA UTILIDAD, UN DESTINO, QUIZÁS DISTINTO AL QUE SE PENSÓ ANTES DE SU CONSTRUCCIÓN. ES DECIR, SE PROYECTA Y SE REALIZA UNA OBRA ANTES DE CONOCER PARA QUÉ DIANTRES LA VAMOS A USAR, CUÁL ES LA NECESIDAD QUE VIENE A CUBRIR. SURREALISTA ¿VERDAD? EL RIZO LO RIZAMOS CUANDO NOS ENTERAMOS QUE HA SIDO Y ES CANDIDATA A PREMIOS POR SU DISEÑO ¿LO QUÉ? ¿CUÁLO?, SI NO SABEMOS CUÁL SERÁ SU FIN, NI SU PRINCIPIO DE USO ¿Y SI LUEGO NO NOS CABE LA CAMA?

En fin, unos y otros sabrán qué se traen entre manos y para qué.
Pero como casi nadie de los que tienen que informarnos dice esta boca es mía; si los interesados hablan de orgullo y emblema y estandarte sin saber qué letrero le pondremos aun. Si los muebles están encargados y la obra terminada desde no se sabe bien cuándo. Decididamente nos quieren tomar el pelo, y lo logran. Nos tratan como a críos en su ensoberbecida vanidad vacua y su inagotable verborrea alfombrada de camelos y naderías. Y encima, para eso les pagamos unos sueldos envidiables más gastos de movilidad en clase business…
Horrible. Uno no quisiera caldearse pero es que no paran de hacer méritos para lograrlo. Y jode más aun la cuestión cuando muchos cronistas sólo cuentan bondades de estos hechos. Cuando a pesar de lo que pasa algunos sólo se refieren a las buenas nuevas más o menos reales o totalmente inventadas, obviando polémicas y desaguisados porque eso molesta a los que mandan y patrocinan publicitariamente y éstos se pueden ofender.
Qué lejos están los tiempos en que antiguos compañeros incentivaban los debates sobre las cuestiones que nos competen en los ámbitos locales, comarcales o regionales, cuando se cuestionaba lo que hacían unos y lo que omitían otros, en la búsqueda de algo de luz y conocimiento sobre los hechos de los que tuvieren mando en plaza.
La democracia se va empobreciendo. Y por supuesto que no sólo a nivel nacional, sino al nuestro, al de andar por casa. Y todos somos de alguna manera responsables. En qué momento hemos cedido todo el protagonismo a los inquilinos temporales de las casas consistoriales. Por qué la gran masa asociativa de otras épocas, aquellos colectivos reivindicativos, esas asociaciones peleonas, han entregado el estandarte; porqué se han rendido, cuando no han firmado en muchos casos treguas vergonzantes, entregando las armas y las ideas.
Creo estar diciendo cosas que todos sabemos porque las hemos visto, pero de las que es mejor no hablar, por si acaso. Le juro, Inge, que no hablo más veces de estos asuntos porque me aburro y me abochorno. Al fin quedo como un idiota que nos es capaz de acomodarse a las nuevas circunstancias, y se sale de los márgenes, quedando fuera del reparto. No saldré en la foto, eso es casi seguro, y si salgo, saldré mal, desfigurado y con cara de asco.
Sólo leerá o escuchará usted, Inge, medias verdades o mentiras enteras en cada rueda de prensa. Luego no diga que no le he avisado. El tan de moda postureo se utiliza en todos y cada uno de los casos. Cada nota informativa del ámbito municipal está viciada de autoelogios a mayor gloria de los mandamases. Todo es de cara a la galería y todo es cuento o verdad embozada; y lo peor es que uno es parte de esto, a pesar de no querer serlo. Al fin te conviertes en cómplice de los protagonistas de una ficción, cuyo único fin es distraer, cuando no adulterar la realidad y convertir todo en una gran engañifa.
Me siento cada vez más ajeno a esta profesión que ejerzo malamente y a medias. Y creo tener la obligación de hacerlo saber a quienes, para su mal, me leen. Pero es que la cosa está tan turbia y difícil, acrecentada por la crisis, que no tengo más remedio que seguir contando mis cuitas en este papel, hasta que las velas no ardan. Es lo que hay.
Buenas tardes.

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