Menú

Buscar

Manuel García Centeno : RELATOS. Café Gijón
el 5/12/2012 16:17:21 (2116 Lecturas)

Aquella tarde para hacer tiempo, antes de que abrieran las librerías, me fui al Café Gijón. Y estaba sentado tomando un té con leche. Me levanté. Fui al lavabo y al volver, al minuto a lo sumo, no más, resultó que estaba en mi mesa un individuo

Llego y digo: "Aquí estaba yo sentado, si no le importa". Se quedó mirándome sin decir disculpe, ni nada; me mira y me dice apagando un cigarrillo: "Yo me he sentado aquí". En esto que Alfonso el cerillero escucha la disputa, viene y agrega: "Es cierto, antes estaba este señor". Lo creyó, porque lo corroboró el cerillero. Se puso más dúctil, amable, dialogante: "Me levanto, me voy y tal…, puede usted quedarse. A mí me da igual".
Y me callo. Miro por la ventana. Puede llover. Pasan gentes. Pasan coches. Salen y entran gentes del café. No veo a nadie conocido. Pienso que me iré pronto. El tío me mira, como queriendo entablar diálogo. Lo eludo. Miro por la ventana. Y dice que si iba mucho por allí, que si era de teatro, que me invitaba a una copa: "No gracias, he tomado té con leche", le digo.
Y agrega que si yo me dedicaba a las nenas. O sea al chuleo. Que si iba por allí tal vez a ligar. Y tras este sondeo prosigue: que si de política, que si de literatura. Y a mí ya me mosquea. ¿Qué tanto preguntar? ¿Por qué quiere saber tanto? Estoy, y se dialoga si llega el caso. Y nada más. Me sale con la guerra. Pienso para mí: este es de ideas obsesivas. Que a sus padres los rojos les dieron el paseo... Y yo que nací después. Que no soy rojo. Que no sé nada de política. Que me he sentado tranquilamente a tomar té y nada más. Y me relata la escena: a su madre con la culata del fusil le rompieron el cráneo. Me cansaba, mas lo pensé: si me levanto y me voy va a pensar que le temo. Y parece un poco cogido al tema de la guerra... Y que está buscando un rojo para meterle unos tiros. Que en el maletín lleva su pistola… No contesto nada. Le sigo la corriente. Pienso: tranquilo, los nervios tranquilos. Esto es pasajero. Dentro de un momento me levanto y me voy. Me ofrece fumar. Me invita a una copa de vino y reitero que no, que he tomado té. Sigue con lo mismo: que si soy socialista; que tengo cara de serlo, que él estaba buscando uno.
Como a la media hora, miro mi reloj y le digo: "Me voy". Insiste, e insinúa que si buscamos a dos tías. Que si unas copas. Como a todo lo eludo ya dice así de claro: que si seré descendiente de aquellos milicianos de la guerra. Y le contesto que sucedieron desgracias… Que un bombardeo derrumbó la casa de mis padres. Que muchos morían. Que había sido muy cruel. Que yo nací después. Que no sé nada. Y me levanto. Le ofrezco la mano y me despido. Se queda fijamente mirando, no satisfecho de que me marche. Y le digo: "Lo siento, tengo que marcharme, quizá otro día nos veamos".
Bajo por Recoletos. Cruzo por un lateral de la Plaza Cibeles. No, el metro no. Voy a caminar. Destensar los nervios. Caminar tranquilo…

Los usuarios son responsables de sus propios comentarios.

PUBLICIDAD

Documento sin título

Para más información

Ver la edición impresa (en todos los puntos de venta de prensa y en estancos, gasolineras, kioscos y librerías)