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Guadalupe Mancha Trigueros : LA MORACANTANA. TIC TAC
el 24/7/2012 13:17:21 (1474 Lecturas)

Miré hacia la luz y allí estaba, posado sobre un haz de polvo encima de la mesilla de su dormitorio. El reloj. Un reloj de pulsera de aire antiguo emulando a los relojes de antaño, los de toda la vida. Un reloj que era relativamente nuevo aunque ya digo que parecía antiguo y bastante desgastado por el uso. Parado a las dos menos diez de algún día que no puedo recordar de tanto como duele tratar luego de olvidarlo

Era mío, y había olvidado por completo que te lo presté. Yo ya no lo quería. Por aquel entonces cualquier cosa que me hiciera caer en la cuenta que algo eterno como el tiempo, se consumía inexorable, me torturaba mucho más que incluso mirarte a los ojos escudriñando esa mirada tuya tan limpia y azul con la que a veces me hablabas en lugar de usar palabras.
Cuando me disponía a recogerlo y guardarlo decidí que nunca más lo volvería a llevar. Ni ese ni ningún otro. No. Aquel reloj, regalo de cumpleaños, que marcó las horas más felices, horas serenas, horas inquietas, y también un día las más amargas…
Parece que él tampoco pudo con tanto y , allí estaba, ya como un objeto inanimado más de tu habitación, de tu casa. Recordándonos segundo a segundo una cuenta atrás que fue inminente. Se paró, no más. No más tic tac. Duró justo lo que lo estaba haciendo mi felicidad y, tal vez, también la tuya, a pesar de todo la nuestra, sin pretender darnos demasiada cuenta de ello pero asumiendo estoicamente que así era. Una felicidad, por llamar de alguna manera a esos momentos, teñida sin duda de amargura.
La misma sensación que me provoca haber visto de nuevo y tras tanto tiempo este reloj.
Ya no habría vuelta atrás. "Nunca y Siempre" se convertirían desde entonces en palabras de significado certero e irreversible muy a nuestro pesar. Pero mientras más clavo la mirada en la esfera blanca, en sus manecillas inertes…, menos entiendo nada.
Nuestras vidas son fragmentos diminutos de segundos de un reloj que un buen día se para. ¡Tantas sonrisas y llantos que penden de esas manecillas!…
Y vuelvo a acercarme con sigilo al oído el reloj con la ingenua, tonta y anhelante esperanza de tan sólo escuchar un tic tac. Sólo uno más, por favor… sólo un segundo más contigo… Y sin querer mantengo la respiración, aprieto los ojos con fuerza y me quedo inmóvil y en sepulcral silencio logrando arrancarle al viejo reloj unos pocos tic tacs más, que no son otros que los latidos de mi afligido corazón. Desbocado, parece como si se fuera salir del pecho. Extraña cosa porque mi corazón me abandonó a las dos menos diez de un día que ya no puedo recordar. Porque todo tiene un principio y un final, pero el final la mayoría de las veces suele ser triste y demasiado largo para alguien, ¿también para ti?
Quedémonos simplemente con lo mejor, con esos etéreos momentos donde sólo somos nosotros mismos y nadie más.
Recordando el final quisiera volver al comienzo de todo y atrapar nuestras vidas en un frasco de cristal, en ese raro intervalo de tiempo entre alguna incierta hora
y las dos menos diez de aquel aciago día que, ni aún ahora es imposible evitar recordar con una media sonrisa en los labios, agradecida por los buenos momentos, y a la vez una nota triste traducida en una lágrima resbalando por la mejilla.

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