Menú

Buscar

Pedro M. Fernández : MISTERIOS DEL HOMBRE Y EL UNIVERSO, El 12º Planeta
el 24/4/2012 11:27:12 (2207 Lecturas)

Este enigma nos sitúa en Mesopotamia, hace unos cinco mil años. Unas tablillas sumerias (primera civilización conocida de la historia) revelan que esta cultura alcanzó un elevado nivel de conocimientos astronómicos que para sí hubiera querido Galileo. Y eso que los sumerios no tenían telescopios

Según las tradiciones sumerias, el sistema solar estaba formado por doce planetas: los nueve conocidos, a los que ellos sumaban el Sol y la Luna, y un duodécimo, al que llamaban Nibiru. Este último tendría una órbita gigantesca y muy elíptica, y giraría alrededor del Sol cada tres mil seiscientos años.
Mito o realidad, la existencia de un astro solar desconocido para la ciencia actual parece una constante en algunas antiquísimas leyendas.
A comienzos de los años noventa, un investigador llamado Zetcharia Sitchin provocó un auténtico sismo. Irrumpió en el complejo mundo del estudio de las civilizaciones desaparecidas con una excelente carta de presentación: ser uno de los más fiables intérpretes de las tablillas sumerias que han existido. Sitchin examinó cientos de aquellas tablillas de barro plagadas de textos redactados con escritura cuneiforme. En concreto, las que mentaban cómo fue el origen de la humanidad. Lo que se encontró al traducirlas fue realmente inquietante. En ellas se decía que los fundadores de Sumer no fueron descendientes de los hombres del neolítico, sino unos seres a quienes los sumerios llamaban Anunnaki, una expresión que significa "aquellos que vinieron del cielo", que vendría a ser la misma traducción que tiene la expresión Nefilim, nombre hebreo que se utiliza en la Biblia para denominar a los "hijos de los dioses".
Ciertamente, los sumerios poseían avanzados conocimientos astronómicos. La ciencia moderna tuvo que esperar al desarrollo del telescopio para descubrir Urano, un 13 de marzo de 1781. Por su parte, Neptuno fue identificado el 23 de septiembre de 1846 y Plutón fue localizado ya en el pasado siglo, concretamente el 18 de febrero de 1930. Sin embargo, en Sumer ya representaban estos tres planetas. Pero es que además -como decía- hablaban de otro que por el momento para la ciencia actual no existe, pero que ellos ubicaban en los confines del sistema solar: Nibiru.
Las traducciones llevaron a Sitchin más lejos aún. Según dedujo, partiendo del contenido de las tablillas, Nibiru tiene una órbita muy elíptica, razón por la cual no se podría ver en la actualidad, pese a que los astrónomos siempre han sospechado la existencia de un planeta ubicado más allá de Neptuno y Plutón. Su órbita sería similar a la de un cometa, con un período de traslación de tres mil seiscientos años, tras los cuales se aproximaría al Sol cruzando muy cerca de la Tierra.
De acuerdo con el contenido de las tablillas traducidas por Sitchin, los Anunnaki son los habitantes de Nibiru y ocasionalmente los visitantes de la Tierra cuando el duodécimo planeta se aproxima a nuestro vecindario cósmico más próximo. En uno de esos acercamientos, según defiende Sitchin, los Anunnaki interfirieron directamente en nuestra historia evolutiva. Al parecer, los Nefilim, mediante intervención con ingeniería genética, tomaron el óvulo de una homínido y lo fertilizaron con esperma de uno de estos seres celestiales antes de implantarlo en la matriz de una terrícola, que alumbraría nueve meses después al primer Homo Sapiens.
Las tesis de Sitchin alcanzaron una gran difusión allá por los noventa. Con sus libros se produjo un fenómeno similar, aunque a una escala algo menor, a lo que ocurrió con las obras de Erich von Däniken, deslumbraron y abrieron los ojos a muchos neófitos, pero ambos corrieron la misma suerte ante la comunidad científica, que nunca aceptó sus argumentos.

Sobre Zecharia Sitchin
Como ya he expuesto, tradujo cientos de tablillas de arcilla que se encuentran en distintos museos del mundo y en ellas se encuentra escrita la historia según los Sumerios.
Sus traducciones, a pesar de haber sido considerado como uno de los más fiables intérpretes de tablillas sumerias que han existido, hicieron que la comunidad científica chocara frontalmente con lo que él y otros habían investigado por su cuenta, al considerar sus traducciones incorrectas. Fue autor de las Crónicas de la Tierra, una serie de libros en los que expuso el resultado de sus investigaciones: El 12.º planeta fue el primero de ellos. Sus traducciones e interpretaciones provocaron muy diversas reacciones.
Una vez traducida una parte de las tablillas sumerias aseguraba que se referían a una raza alienígena, llamada Anunnaki o Abbennakki, que habían creado a los humanos para que trabajaran como esclavos en sus minas de África (y en otros lugares de la Tierra). Habla de que esta realeza era una combinación de "Dragones" y humanos, o que eran descendientes directos del dios solar Shamhash.
Los Anunnaki son veintitrés dioses del panteón sumerio, incluyendo a Enlil (señor de los vientos) y Enki (señor de la tierra). A estos dioses solares se les llamaba 'Sir', o Dragones, en Babilonio. Asimismo, la palabra, 'Sir', aparentemente significa 'gran serpiente' que es relativa en Sánscrito con la palabra 'Sarpa', que también describe a los "dioses dragones", quienes crearon y regían a la cultura drávida.
Según Sitchin, los Anunnaki probablemente aún existan en otro plano de existencia, y aún pueden influir en la humanidad. Se especula que esa raza podían ser de aspecto anfibio, reptil o semireptil, según las descripciones antiguas. Autores como Anton Parks también ha desarrollado una teoría semejante. Recordemos igualmente que los dogones africanos, que describieron con muchos siglos de antelación la existencia de la estrella Sirio B, invisible desde nuestro planeta a simple vista, y que pudo ser fotografiada por primera vez en 1970, también describían a sus dioses, que habrían alcanzado nuestro mundo hace cinco mil quinientos años, con este aspecto anfibio.

Epílogo
Sitchin construyó una historia de la humanidad, de acuerdo con la interpretación de esas tablillas, en la cual los Nefilim habrían protagonizado los episodios más notables desde la aparición del Homo Sapiens hasta la eclosión de las primeras civilizaciones. Por fantástica, su tesis se desinfló. Sin embargo, Sitchin puso de manifiesto algo que sí era muy relevante: el conocimiento astronómico de los sumerios, que alcanzó cotas elevadísimas que, como en otros tantos casos, sólo fue recuperado por la ciencia moderna. Y eso ya es de por sí muy relevante, además de inexplicable. Tanto o más que el nacimiento del Homo Sapiens, que sigue siendo una gran incógnita para la que Sitchin propuso una respuesta en función del saber sumerio.
Precisamente eso es lo que nos falta: respuestas. Y créanme, ante muchos de los interrogantes que presenta nuestra evolución, la intervención de una inteligencia exterior no debe ni mucho menos descartarse.

Los usuarios son responsables de sus propios comentarios.

PUBLICIDAD

Documento sin título

Para más información

Ver la edición impresa (en todos los puntos de venta de prensa y en estancos, gasolineras, kioscos y librerías)