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Guillermo Paniagua : CON RESPETO..., PERDONE, DIGNITAS ET GRAVITAS
el 20/9/2011 0:04:47 (1574 Lecturas)

"Dignitas et gravitas" es el título del último libro publicado por mi añorado primo don Antonio Paniagua Ruiz. Honorabilidad y responsabilidad es lo que ha querido manifestar en el libro don Antonio

Hace unos días, paseando por la Avenida de la Constitución, crucé imprudentemente una calle. Mi buen amigo don Javier I. y su esposa estaban en la acera contraria. Ambos me riñeron cariñosamente por mi atrevimiento. Él me dijo, con sorna, que si me hubiera atropellado un coche, me hubiera llevado, si mi estado fuera grave, a un hospital andaluz, por si el trance me condiciona a un coma cerebral, y... ¡vamos!, que sería más barato estar en uno andaluz que en otro hospital español, y mi dignitas et gravitas sería realzada por la ley de Muerte Digna. Le contesté que no hiciera eso conmigo, ya que yo tengo mi propia dignidad y respeto sobre mí muerte, que nada tiene que ver con la que han "fabricado" cuatro leguleyos progres.
Pues bien, ¿qué es Muerte Digna? Según he podido leer en un artículo escrito por don Ramón Maciá Gómez, magistrado jubilado: "La muerte digna es la muerte que, deseada por una persona, se produce asistida de todos los alivios y cuidados paliativos médicos adecuados, así como con todos los consuelos humanos posibles. En otras palabras; una muerte digna es el hecho y el derecho a finalizar la vida voluntariamente sin sufrimiento, propio o ajeno, cuando la ciencia médica nada puede hacer para la curación de una enfermedad mortal". O sea, por un lado, para que sea posible una Muerte Digna la persona que determine el estado del paciente debe ser un facultativo; por otro lado, según esta definición, la muerte debe ser deseada por el que sufre cuando se den las condiciones para ella. Esto es lo que se llama también ortotanasia: muerte en buenas condiciones, con las molestias aliviadas. Nada tiene que ver con eutanasia, que es la acción u omisión por parte de alguien con la intención de provocar la muerte por compasión; ésta puede ser activa, pasiva, voluntaria e involuntaria, siendo, esta última, practicada sin el consentimiento del paciente.
Recientemente, en el Hospital Blanca Paloma, de Huelva, ha tenido lugar el "estreno" de la ley para una Muerte Digna, en Andalucía, en la persona de doña Ramona Estévez, de 90 años de edad, que se encontraba ingresada en aquel hospital en estado de coma cerebral por un infarto cerebral masivo. Dos jueces de Huelva, interpretando dicha ley, han dado el visto bueno a la iniciativa de la Junta de Andalucía y a la petición familiar de la paciente de retirar la sonda nasogástrica, por donde era hidratada y alimentada doña Ramona. Unos quince días después de retirar la sonda, la paciente falleció. A mi parecer, dos requisitos pueden no haberse dado en ella. En primer lugar, que la muerte no hubiera sido deseada por ella misma, o sea, que se hubiera hecho únicamente con el consentimiento de un organismo público y de su familia. ¿Ella la deseaba? En segundo lugar, ¿el final de su vida ha sido sin sufrimiento? La sed y el hambre son dos grandes torturadores del cuerpo.
Con respecto a esto último, puedo decir que he estado ejerciendo la profesión de médico durante más de 40 años, y, aunque a muchos les cueste creerme (están en su derecho), he dudado en alguna ocasiones si existe o no "sensibilidad cerebral" en el estado de coma cerebral. A veces cuando un familiar me ha preguntado si la o el paciente siente algo en estado de coma, y si pueden hablar delante de ella o de él, siempre les he dicho que miren y tomen sus manos con dulzura, pues he visto a muchos pacientes, en ese estado, sudar o derramar unas lágrimas cuando se hablaba, en su presencia, del estado en que se encontraba. ¿Casualidad? ¿Realidad? Creo que queda aún mucho por profundizar en la realidad humana, sobre todo, en este estado.
Por supuesto, todos queremos y ansiamos una muerte digna, creo yo, pero sin manipularla ni que sea rentable para obtener votos. Claro que, para algunos, la dignidad de la muerte es muy distinta a la de otros, y por eso, en su libertad, deben ser respetados los deseos de cada uno. Pero lo que no podemos aceptar es que se haga, como en el caso de doña Ramona, uso de la semántica para definir y realizar una muerte digna, y que sea un esperpéntico espectáculo mediático. Sigo pensando, aunque haya jueces por medio, que una muerte practicada sin el consentimiento del paciente es un acto de eutanasia involuntaria. ¿Dónde Dignitas e Gravitas personae? Digno es también poder morir en su domicilio, al calor de su familia (actualmente, dos tercios de los pacientes mueren en un hospital). Contrario es el desprecio médico para mantener una vida, siempre que se realice sin aliviar el dolor o el sufrimiento.
Dice el juramento Hipocrático, entre otras cosas: En cuanto pueda y sepa, usaré de las reglas dietéticas en provecho de los enfermos y apartaré de ellos todo daño e injusticia. Jamás daré a nadie medicamento mortal, por mucho que me soliciten, ni tomaré iniciativa alguna de este tipo; tampoco administraré abortivo a mujer alguna. Por el contrario, viviré y practicaré mi arte de forma santa y pura.

Don Benito, 15 de septiembre de 2011

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