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Basilio Fernández Crespo : DEL BRAZO Y POR LA CALLE, EL BESO
el 30/8/2011 11:36:22 (1780 Lecturas)

TODO EMPEZÓ CON UN BESO, SI, ASÍ DE SIMPLE, CON UN BESO. HAY DESCRIPCIONES DE TEXTOS DE LA INDIA DESDE EL AÑO 1.500 A.C. ÉPOCA EN LA QUE YA LOS HUMANOS SE BESABAN, AUNQUE SIN LUGAR A DUDAS EL BESO DEBIÓ DE EXISTIR MUCHO ANTES. SI NOS REMONTAMOS EN LA HISTORIA, POR PONER UN EJEMPLO, EL BESO DE JACOB A SU CIEGO PADRE ISAAC, PARA HACERLE CREER QUE ERA SU OTRO HIJO, ESAÚ, QUE ERA EL PRIMOGÉNITO, Y ASÍ HACERSE CON LA HERENCIA. LUEGO EN NUESTRA ERA CRISTIANA, EL CALVARIO EMPEZÓ CON “EL BESO DE JUDAS” PUES EL BESO NO SIEMPRE ES SÍMBOLO DE PAZ Y CARIÑO, LOS HAY TRAICIONEROS...

Hay muchas clases de besos: de saludo, de cariño, sexy, en las mejillas, en la mano, en la boca, frotándose la nariz como los esquimales y un largo etcétera, pero me voy a referir al beso de cariño con letra mayúscula, el beso que se da en la mejilla, unas veces acompañado de un fuete abrazo, otras uniendo las mejillas largamente o cogiendo la cara con ambas manos para expresar el más hondo sentimiento.
Nuestra vida realmente empieza con un beso, ese beso que se dan los amantes en sus primeros escarceos amorosos, que son en realidad el principio del cariño con el que posteriormente se engendrará una vida.
Nuestro primer beso de auténtico amor lo recibimos nada más nacer, el beso que tras los horribles dolores del parto nos da nuestra madre, aún sudorosa y con la cara desencajada, con nuestra cara aún medio ensangrentada y esos labios que suavemente se unen a nuestra delicada piel donde se descarga todo el cariño acumulado durante nueve meses.
Cada vez que abrimos los ojos por la mañana en nuestra más tierna edad, allí están los labios de nuestra madre que entre palabras de cariño y ánimo nos besa dulcemente en la frente o en la mejilla. O ese primer beso del bebé que con su inocencia estampa sus labios en la cara de su madre apretándola fuertemente con un dulce abrazo.
Qué decir de ese otro beso que recibimos de un ser querido cuando hemos estado una larga temporada ausentes, bien sea de la madre, la hermana o hermano, del padre o los abuelos, esos dulces viejecitos que nos besan y nos abrazan con tanta ternura que no sabemos si en realidad están riendo de felicidad o llorando de alegría, en la que se libera el ansia del amor por la ausencia.
A lo largo de nuestra vida recibimos muchos besos, algunos de auténtico compromiso, de conveniencia, de deber social, lo hay amistosos y hasta lujuriosos que nos hacen desear no haberlos recibido.
Siempre estamos recibiendo de una u otra forma besos, de la madre, de las amistades, de la novia o novio, de los amigos y amigas, pero nosotros también los damos. Cuando nosotros damos un beso ¿lo damos de corazón, o sólo de compromiso? Indudablemente lo haremos dependiendo de la persona a la que se lo damos. Pero hay uno muy especial que damos poco y que es muy necesario, es vital para quien lo recibe, es la devolución de lo que tanto se ha dado a cambio de nada, es lo que mantiene vivo el fuego del auténtico amor y que muchas veces vamos olvidando o haciéndolo rutinario.
Cuando nos hacemos adultos creemos tener todos los derechos y olvidamos muchas veces las obligaciones del cariño, el deber de retribuir todo lo que durante muchos años hemos recibido y por lo que nada nos han pedido..., y a cambio sólo nos solicitan eso, un beso. ¿Hay cosa más grande que recompensar todo el cariño recibido durante tantos años por parte de nuestra madre con sólo darle un beso? El beso de un hijo es la fuente de calor que mantiene viva la llama de la vida de una madre, es el grifo que llena de agua el pozo de las lágrimas de amor de unos ojos que se van cansando de tanto mirar dolores propios y ajenos; es el manantial que sacia la sed de cariño ante la senectud o la soledad; es, en fin, lo más grande que una madre recibe por parte de un hijo y que un hijo nunca debe de escatimar ante su madre.
Una semana sin recibir la visita, sin el beso y el cariño de un hijo no ausente, es casi un sentimiento de dolor para una madre ¡y es tan fácil evitar ese dolor!


Es el beso de una madre
la expresión de la dulzura,
del cariño, el sacrificio,
el amor y la ternura

Un beso en la mejilla a la viejita
que tan solo inspira amor,
llena de júbilo y gozo
aliviando su dolor.

No escatimes los besitos a tu madre
ni distancies tu visita,
cada vez que te acercas y la besas,
su corazón de amor arde
porque tu amor necesita.

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