Menú

Buscar

Editoriales, Carlos Lamas : EDITORIAL, SORDOS RUIDOS OÍR SE DEJAN
el 9/8/2011 11:16:39 (1662 Lecturas)

Hay miedo, Ingeniero. El aire está cargado de aquel tufillo característico que al respirarlo las fieras, saben que la víctima está a su merced. No cantes, hermano, no cantes, decía la canción, que Moscú está cubierto de nieve, y los lobos aúllan de hambre. Tal el panorama que hoy le pinto. La culpa no es mía, yo no elijo los colores de la realidad; me gustaría volcar aquí amarillos plenos de vitalidad, rojos de emoción, azules del cielo y verdes praderas, pero el lienzo se llena de grises y negros azabache y de blancos ausentes

A casi nadie le gusta el rumbo que están tomando los acontecimientos. Una marcha lenta, azarosa, sinuosa, dubitativa. Una calma virtual, que no es virtual, ni es calma; quizás, tal vez, el silencio que precede a la tormenta; un embarazo que pronostica un parto dificultoso. Algo está por explotar, pero no se sabe dónde, ni cuándo. Madre hay una sola, pero los padres somos casi todos. Y el niño, pobrecito, heredará el viento. Solo falta que la protagonista de la película sea Lana Turner.
Cuando me pongo dramático estoy como para que me coman, y me caguen de la risa, ¿eh? ¿a que sí?
Bueno, vale, bah, venga, menos lobos. Pero, por favor, permítanme que exagere un poco en la escritura; hay que cargar las tintas de tanto en vez, por ver si el personal aun tiene sentimientos, si respira, si reacciona, si las constantes vitales están ahí. Golpeo por saber si alguien escucha y sale y da la cara. Y pregunta, y contesta. Estamos como aquel boxeador invicto, que besa la lona por primera vez, y el tipo, que no vio venir el golpe, no atina a ponerse de pie; las rodillas no le responden y la cabeza le da vueltas y más vueltas. ¿Lo salvará la campana?
Evidentemente no tengo las soluciones a los problemas que aquejan a la humanidad, he empeñado hasta la bola de cristal. Ni siquiera sé cómo evitar que el grifo deje de gotear. Pero intento centrarme en nuestra realidad y analizarla estoicamente. Y estoy cagado. No por mí, quiero que se me entienda, tengo poco porque quejarme, en comparación. Pero me roza la zozobra de muchos, me aturde el silencio general, lleno de ruidos, y no oigo una voz ni leo un discurso honrado y cabal. Todo son proclamas vanas y repletas de egoísmo vacuo.
Noto que ya hemos dado el partido por perdido; de las tres esperanzas que nos quedaban, dos nos engañaron y una murió. Pretendemos empezar como cada vez, la casa por el tejado; los mercaderes de la desdicha nos inventaron unas pautas de vida, poniendo la prioridad en los superfluo. Y hoy que lo superfluo ya no nos calma, ignoramos por desconocimiento lo importante. Lo hemos olvidado, sepultado.
Y de fondo nos llegan las algarabías de los iluminados, de aquellos que aprovechando ésa, nuestra ignorancia, se han apoderado de la escala de valores y la hacen cotizar en bolsa, obteniendo pingües beneficios. El botín es horrendo y contrahecho, pero es suyo. De ellos.
Sé que aquellos que habitualmente apenas ni sospechan adónde van mis delirios, hoy estarán más en ayunas que el día del juicio. Pero no puedo ser más claro, siendo oscuro.
Podría hablar de Juan, de Pedro y de María, de hoy y de mañana, o de desayuno, de almuerzo y cena. De cosas contantes y sonantes. Y aunque es verdad, que hablo de usted y de mí, de nosotros, y del pan de cada día, que hablo de ahora, y de todos, hablo y digo, y digo ciento, y maldigo.
No me gusta lo que veo venir. Ayer tampoco me gustaba, pero hoy lo veo más claro y está cerca. Tampoco me voy a poner a recorrer las calles, de chaqueta y corbata, como los Testigos de Jehová, predicando el Apocalipsis. Pero las señales son alarmantes y los indicios muchos. No señalo culpables porque no soy el 'mentalista' ése, de la serie. Y no hablo de economía, ni de cultura, ni de derechos o deberes. Hablo de humanidad, de virtudes, de méritos, de ideales, de paz. Hablo de herencias y de simiente.
En fin, Ingeniero, una vez más, no me haga mucho caso. Será algo que comí; como a deshoras; o aquello que bebí, que estoy bebiendo; será que no descansé bien mientras dormía y velaba; será el calor o el viento del norte, o el ruido o el silencio. Será que no hago lo que debo sino lo que puedo. Y puedo poco, las dos o tres cosas más urgentes. Aunque seguramente será que con alguien me tengo que desahogar. Y usted, ustedes, están ahí, mirando… aunque no digan nada.
Buenas tardes.

Los usuarios son responsables de sus propios comentarios.

PUBLICIDAD

Documento sin título

Para más información

Ver la edición impresa (en todos los puntos de venta de prensa y en estancos, gasolineras, kioscos y librerías)